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La pregunta por la persistencia

La crisis económica provoca consecuencias crueles en la vida cotidiana pero, aún así, Macri se sostiene como una alternativa competitiva. El factor Cristina y el ansia por una tercera opción. Por Marcos Jure

Como el vendedor de un producto al que se le ven puros defectos, Mauricio Macri encara el último año de su mandato, en el que intentará su reelección, casi sin nada bueno que ofrecer. Acostumbrado a una calamidad tras otra, se ha contentado en los últimos días con la calma del mercado financiero y cambiario -después de un aumento del dólar del 100% y de tasas de interés en niveles temerarios- pero en la vida real, en la de todos los días, su modelo, que en teoría iba a generar confianza y estabilidad, continúa acumulando negatividad.

Sólo hay que recorrer los negocios para percibir rápidamente la desolación económica. Empleados que miran hacia afuera esperando la entrada de algún cliente que ayude al menos a quebrar el tedio.  Y la contracara: en los supermercados, la gente con gestos de asombro por los precios que no ceden y se disparan cada vez más lejos de los sueldos. 

Los índices estadísticos no hacen más que ponerle cifras a esa angustia. 

Cualquier gobierno causante de semejante cuadro debería estar rogando, como meta máxima, conseguir llegar al fin de su mandato. Porque, además, la de Cambiemos es una gestión que incluso ha perdido la capacidad de generar expectativas de mejora; es el gobierno del segundo semestre que nunca llegó.

Y sin embargo, a pesar de todo, Mauricio Macri, que prometió prosperidad y baja de la pobreza y sólo ha dejado a su paso todo lo contrario, continúa siendo, aun debilitado como nunca antes, una opción electoral competitiva. Así lo señalan, incluso, las encuestas más desfavorables.

¿Por qué lo es? ¿Por qué un Presidente que engendra una crisis económica como la actual no sucumbió ya irremediablemente? Las simulaciones electorales suelen darlo perdedor pero no acabado, como tal vez debería estarlo. 

El último relevamiento nacional de Gustavo Córdoba & Asociados ubicó a Macri en su pico de impopularidad, con un 61,5% de rechazo. Sin embargo, esa cifra no debería causar asombro sino la del 31,6% que todavía conserva una imagen positiva de él.

Entre diciembre y enero la caída en la intención de voto fue pronunciada: pasó de 30,8 a 22,8%. Pero aún así, si el escenario se acomoda a sus necesidades, está en condiciones de dar pelea.

Los analistas más afines a Cambiemos sostienen que tampoco en 2019, como ocurrió en 2017, prevalecerán los factores económicos sino que gravitarán otros elementos como, por ejemplo, la calidad institucional. Sin embargo, las encuestas ponen al tope de las preocupaciones las cuestiones económicas. La inflación, obviamente, encabeza el ranking: el 37,4% manifiesta que es el principal inconveniente que actualmente padece su familia. Detrás, aparece el desempleo; o su sombra.

Es verdad que los escándalos de corrupción del macrismo no han alcanzado los niveles de notoriedad del kirchnerismo, pero  tampoco hay que perder de vista que existen disímiles parámetros mediáticos. Los casos del Gobierno actual no generan el fervor y el entusiasmo en los medios de Buenos Aires como sí lo hacen los de la gestión anterior.

Una de las explicaciones de la persistencia de Macri como alternativa electoral tiene nombre propio: Cristina Fernández. En ese sentido, Cambiemos tuvo la habilidad de hacer de Macri una contrafigura, un antagonista principal. Pareciera que para un sector de la población, el Presidente actúa como una suerte de antídoto. 

Cristina es, en ese plano, dadora de subsistencia. Ella, que según la encuesta de Gustavo Córdoba tiene un 55,7% de imagen negativa y un 31,1% de intención de voto, posee lo que posee en términos electorales, ya sea sus adhesiones como sus repudios, por efecto de sí misma. Pero el capital decreciente de Macri es también adjudicable, en buena medida, a ella; al temor que el fantasma de su vuelta genera en el antikirchnerismo.

Sin embargo, hay indicios de que esa realidad empieza a resquebrajarse y sufrir mutaciones. Primero, porque el voto de derecha, conservador, ya no se abroquela unívocamente detrás del macrismo. Una porción ha ido encontrado opciones más minoritarias y, a la vez, más temibles y bizarras: allí están Alfredo Olmedo y José Luis Espert que suman, entre los dos, el 10% de intención de voto.

Pero, sobre todo, porque una franja cada vez mayor del electorado le escapa a la dicotomía Macri-Cristina. El 50,9%, según la encuesta de la consultora cordobesa, dice que se inclinaría por una tercera oferta. Es decir, hay ansiedad por algo distinto, pero eso distinto no aparece. Ninguno de los candidatos que suenan del PJ Federal desata pasiones, ni mucho menos. 

La incertidumbre que prevalece en el escenario actual es una suma de fracasos. De los nuevos, que no se erigen en opción seria; de Macri, que no consiguió desterrar a Cristina ni siquiera con los cuadernos, y de la expresidenta por generar una resistencia que aún mantiene con vida a Cambiemos.

En los próximos meses comenzarán a sucederse las elecciones en las provincias. El oficialismo podría sufrir allí un encadenamiento de derrotas. Un distrito clave será, por supuesto, Córdoba. Por gravitación política, demográfica y simbólica. Es la tierra donde Macri arrasó, con el 70%.

Y mientras el peronismo se abroqueló rápido después de la muerte de José Manuel de la Sota, el radicalismo está enfrascado en una dualidad que le da dolores de cabeza a la Casa Rosada: la pelea entre Ramón Mestre y Mario Negri.

El intendente capitalino insiste con la interna del 17 de marzo, una compulsa a la que los ideólogos macristas prefieren esquivarle.

En las últimas horas, Mestre aceptó en parte el método más usado por el Pro para elegir a sus candidatos: la encuesta. Sin embargo, lo hizo como una concesión y con la condición de que los números no sean vinculantes sino orientativos.

Lo hizo, en parte, como una señal de buena voluntad pero también porque conoce que las encuestas no marcan a un ganador claro entre él y Negri y que, por lo tanto, nadie podrá exigirle bajarse en ese escenario indefinido.

Son escenas que parecen haber sido guionadas por el peronismo que gobierna desde hace 20 años.

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