"Ayudamos a grandes y chicos, vienen hasta familias completas"
Un día como hoy, hace exactamente 24 años, Mirta Martínez y Ofelia Molina fundaron en barrio Nicolás Avellaneda el comedor Niños Felices, espacio que en la actualidad funciona en calle Jujuy 2675 y entrega, de lunes a jueves, más de 80 viandas diarias.
Ante Puntal Villa María, Martínez, quien hoy se encuentra a cargo del espacio comunitario, aseguró que la ayuda que brindan es para niños pero también para adultos. “Yo les doy a todos, no me fijo en la edad. Mientras haya una necesidad, vamos a estar”, apuntó la mujer.
En esa línea, indicó que a su comedor llegan familias de los barrios Mariano Moreno, Los Olmos, San Nicolás, Carlos Pellegrini, Botta y La Calera, y también frentistas del Nicolás Avellaneda.
“Siempre al pie del cañón”
Mirta contó con lujo de detalles cómo fueron los inicios del comedor, que justamente coincidió con un festejo del Día del Amigo.
“Con Ofelia Molina fundamos este espacio en el 99. Estuvimos dos meses juntas y después quedé al frente del comedor. En un principio funcionaba los sábados y domingos. Como los domingos los chicos pasaban el día con sus familias, siguió funcionando solamente los sábados”, evocó Martínez.
Y siguió: “Estuve casi un año dándoles de comer en una iglesia evangélica que me prestaban. En verano les servía la comida en una galería. Después el comedor llega a calle Jujuy”.
“Un día, un grupo de madres me cayó de sorpresa con una propuesta. Querían que yo haga las viandas y que las entregue por la noche. Así fue como el comedor empezó a funcionar primero de lunes a sábados y después de lunes a viernes”, sostuvo.
Martínez comentó que durante los primeros años salía a pedir comida con un carrito, acompañada por su marido, Hernán Machado.
También trajo a colación la vez que casi le amputan la pierna por una úlcera. “Estuve seis meses en cama y el comedor siguió cocinando gracias a la gente que colaboraba. Pasé enfermedades, después descubrieron que tenía diabetes, estuve internada dos veces en terapia intensiva, pero el comedor, mal o bien, siempre estuvo abierto”, reconoció.
Y añadió: “Cuando estuve muy enferma y dije que iba a abandonar, me llegaron cartas de muchos chicos, de muchas familias, pidiéndome que no abandonara, que me iban a esperar, y no lo cerré, acá estoy”.
“Agradezco a Dios que me haya puesto un compañero de vida como el que tengo, que me acompaña en todo esto, mis hijos también siempre estuvieron”, mencionó.
Mirta no se olvidó de los duros meses de pandemia, período en el que tuvo que redoblar los esfuerzos. “Llegué a dar 150 porciones por día, de lunes a viernes. Así estuvimos toda la pandemia. Teníamos que terminar la comida antes de las 17, porque una hora más tarde ya no se podía circular”, rememoró.
Socios, peñas solidarias y colaboradores
Martínez sostiene el comedor con la ayuda que le brindan comerciantes, vecinos y socios (en la actualidad son cerca de 100 las personas que colaboran de manera mensual).
A ese acompañamiento, Martínez le suma el trabajo que realiza cuidando coches en la costanera y en el local bailable MundoRojo. “A través de esa actividad puedo comprar la verdura y la carne”, puntualizó.
“Cada dos o tres meses organizo peñas para recaudar fondos. Este fin de semana hicimos una en el Centro Vecinal del barrio San Justo y aprovechamos la ocasión para celebrar los 24 años del comedor. Vinieron 150 personas. Hubo gente de Las Varillas, Pozo del Molle, Dalmacio Vélez, James Craik y de la zona rural. Actuaron Rosita Minue, Caro del Valle, Sergio Baigorria, Ángel Martínez y mi hijo Mauro, que canta con Coquito Sodero”, relató.
Mirta contó que el pasado viernes concejales de la ciudad le entregaron un reconocimiento por su trabajo desinteresado y solidario, gesto que aprovechó para agradecer. Asimismo, también se mostró agradecida con el acompañamiento que le dio en todo este tiempo el intendente Martín Gill.