Tapados en humo
Por Alberto Arce (p)
“A mí me gusta Almirón”, afirmó muy suelto de cuerpo Mauricio Macri en tierras cordobesas, donde se sigue sintiendo muy cómodo cada vez que las visita porque ya casi con tres años de mandato los gobernantes le siguen sonriendo, le cuestionan poco, lo que piensan se lo callan y si hay voces opositoras casi que ni ruido hacen.
Ese “a mí me gusta Almirón” debe ser, sin dudas, una de las frases más sensatas y creíbles que hayan salido de su boca en los últimos tiempos, aunque detrás exista una intencionalidad de tener a su disposición el manejo del fútbol con la siempre manifiesta apertura hacia la instalación de las sociedades anónimas. Almirón es también uno de los preferidos del “Flaco” Menotti junto al mellizo Barros Schelotto.
Almirón, hoy en Nacional de Medellín, es un entrenador que dejó su sello en Lanús y que en esta carrera por la conducción técnica de la Selección Argentina de Fútbol arrancó desde los partidores varios cuerpos detrás de los nombres que surgieron en un primer momento y que sólo sirvieron de una inmensa cortina de humo para tener entretenido al público. Diego Simeone y Mauricio Pochettino (el que pretende Claudio “Chiqui” Tapia) y hasta Pep Guardiola fueron “utilizados” en ese manejo de información que siempre encuentra periodistas serviles en la gran city porteña.
Como los viejos “telegramas de indios” produjeron mucho humo repartido en dosis con sus proporciones justas para ganar horas de TV, radio y consumir demasiado papel y tinta en los diarios afines.
Aseguran que hubo un llamado a Guardiola (gana 11 millones de euros anuales en el Manchester City) y la información que dejaron filtrar indicó “no fue un NO tajante”. ¡Tienen que agradecer que al menos los haya atendido! Guardiola, que tiene una admiración por el fútbol argentino, no abandonará la Premier del fútbol mundial por un proyecto que ni siquiera nació, que no tiene bases sólidas y que en cada uno de los vértices deja traslucir las huellas de demasiados intereses individuales por sobre el sentido común de devolver al querido y viejo fútbol argentino el prestigio despilfarrado en los últimos tiempos.
Mauricio Pochettino renovó con el Tottenham hasta el 2023, Diego Simeone está muy cómodo en el Atlético de la capital española donde encontró la máquina de fabricar euros con un equipo que gana poco, juega horrible, pero que a la mitad menos uno de Madrid le genera una algarabía increíble por el sólo hecho de discutirle la Liga al Real y el Barcelona y amargarles un domingo muy de vez en cuando. Es como si en la Argentina se festejara con una efusividad contagiosa salir terceros todos los años.
Y en esa carrera que ya dejó de tener en el plano principal a los DT mencionados se sumaron Marcelo Gallardo, José Pekerman, Alejandro Sabella, Matías Almeyda y hasta la semana anterior Ricardo Gareca. Más humo, demasiado, como el que podría proporcionar un brasero de goma, tal como afirmó Luis Juez apelando a una analogía con plena utilización del humor cordobés y en ese caso haciendo referencia al destituido Jorge Sampaoli.
Y por si todo esto resultase escaso dos de los próceres del fútbol argentino, se ofrecieron a dirigir la Selección: Diego Maradona y Mario Kempes. Casi nada.
Pero volvamos a Almirón, instalado en el centro de la escena luego de la frase despachada a “gusto personal” por el presidente Macri. Nada es casual en este mundo de tantos intereses. Estamos en presencia de un innecesario regreso al escenario futbolero que sirve para ratificar una vez más que todo lo ocurrido en Viamonte 1366 le importa más que mucho al Gobierno, aunque en el entorno de Macri intenten maquillar su exposición como un simple “gusto personal”. La pelea de fondo, en realidad, es por las SAD, los clubes privatizados, el único sueño que le debe quedar sin daños irreparables a Mauricio Macri.
El representante de Almirón es Cristian Bragarnik, de fuertes lazos con Angelici (intercedió por ejemplo en el impactante arribo de Mauro Zárate) y hasta con Víctor Blanco, presidente de Racing (su DT Eduardo Coudet es de la “escudería” de Bragarnik) y también con chances de llegar a la Comisión de Selecciones.
Se juega demasiado en la configuración de la nueva Selección Nacional. Es una pulseada por el poder que excede al fútbol. Nunca Macri quiso a Claudio Tapia como presidente de la AFA. Desde el Gobierno siempre se lo intentó frenar, inclusive hasta con una Comisión Normalizadora presidida por Armando Pérez. Sin embargo, el yerno de Hugo Moyano, tejiendo con los dirigentes del Ascenso y del Interior, a todo resistió y llegó a coronar su sueño: sentarse en el sillón de Julio Grondona.
El manejo personalista de la Asociación del Fútbol Argentino murió con el viejo patriarca, don Julio Grondona. Y fluyó una nueva manera de conducir la casa madre de la pelota. Después del interinato del ex presidente de Argentinos Juniors, el papelón eleccionario del 38 a 38 y la Comisión Normalizadora de la FIFA, Claudio Tapia se transformó en el presidente del consenso. Sin embargo, nunca tomó decisiones de manera totalitaria. Por el contrario, abrió el juego. Y Daniel Angelici, el principal armador político del nuevo esquema de Viamonte, se hizo fuerte.
En la reunión de Comité Ejecutivo no surgió nada nuevo, no fue creada la Secretaría de Selecciones Nacionales que estaría a cargo de tres dirigentes: dos de Primera División y uno del Ascenso. Víctor Blanco y Nicolás Russo, presidentes de Racing y Lanús. La única novedad fue anunciar que Lionel Scaloni y Pablo Aimar dirigirán a la Selección Mayor en los amistosos programados hasta fin de año (la prensa se enteró antes que los entrenadores). La idea de Tapia es que José Pekerman se haga cargo de la coordinación. ¿Y la posibilidad de que sea un manager con amplios poderes? La patearon para adelante.
Daniel Angelici sostiene que Claudio Tapia llegó al sillón de Julio Grondona por sus gestiones, pero ya no lo soporta y en las sombras amenaza (y lo hace saber a través de algunos mensajes que parecen misiles) con “gestionar” el retorno de Marcelo Tinelli y Rodolfo D’Onofrio para neutralizar el poder de Don “Chiqui” y sus amigos del fútbol de ascenso.
El viejo y querido fútbol argentino espera por el sucesor de Sampaoli. “Puesto menor” parafraseando a Héctor Magnetto (CEO de Clarín) cuando se refirió a la presidencia de Carlos Menem en pleno gobierno del líder riojano. El negocio pasa por otro lado, en realidad por detrás, lo que ocurre es que tanto humo no lo deja ver.
Comentá esta nota
Ese “a mí me gusta Almirón” debe ser, sin dudas, una de las frases más sensatas y creíbles que hayan salido de su boca en los últimos tiempos, aunque detrás exista una intencionalidad de tener a su disposición el manejo del fútbol con la siempre manifiesta apertura hacia la instalación de las sociedades anónimas. Almirón es también uno de los preferidos del “Flaco” Menotti junto al mellizo Barros Schelotto.
Almirón, hoy en Nacional de Medellín, es un entrenador que dejó su sello en Lanús y que en esta carrera por la conducción técnica de la Selección Argentina de Fútbol arrancó desde los partidores varios cuerpos detrás de los nombres que surgieron en un primer momento y que sólo sirvieron de una inmensa cortina de humo para tener entretenido al público. Diego Simeone y Mauricio Pochettino (el que pretende Claudio “Chiqui” Tapia) y hasta Pep Guardiola fueron “utilizados” en ese manejo de información que siempre encuentra periodistas serviles en la gran city porteña.
Como los viejos “telegramas de indios” produjeron mucho humo repartido en dosis con sus proporciones justas para ganar horas de TV, radio y consumir demasiado papel y tinta en los diarios afines.
Aseguran que hubo un llamado a Guardiola (gana 11 millones de euros anuales en el Manchester City) y la información que dejaron filtrar indicó “no fue un NO tajante”. ¡Tienen que agradecer que al menos los haya atendido! Guardiola, que tiene una admiración por el fútbol argentino, no abandonará la Premier del fútbol mundial por un proyecto que ni siquiera nació, que no tiene bases sólidas y que en cada uno de los vértices deja traslucir las huellas de demasiados intereses individuales por sobre el sentido común de devolver al querido y viejo fútbol argentino el prestigio despilfarrado en los últimos tiempos.
Mauricio Pochettino renovó con el Tottenham hasta el 2023, Diego Simeone está muy cómodo en el Atlético de la capital española donde encontró la máquina de fabricar euros con un equipo que gana poco, juega horrible, pero que a la mitad menos uno de Madrid le genera una algarabía increíble por el sólo hecho de discutirle la Liga al Real y el Barcelona y amargarles un domingo muy de vez en cuando. Es como si en la Argentina se festejara con una efusividad contagiosa salir terceros todos los años.
Y en esa carrera que ya dejó de tener en el plano principal a los DT mencionados se sumaron Marcelo Gallardo, José Pekerman, Alejandro Sabella, Matías Almeyda y hasta la semana anterior Ricardo Gareca. Más humo, demasiado, como el que podría proporcionar un brasero de goma, tal como afirmó Luis Juez apelando a una analogía con plena utilización del humor cordobés y en ese caso haciendo referencia al destituido Jorge Sampaoli.
Y por si todo esto resultase escaso dos de los próceres del fútbol argentino, se ofrecieron a dirigir la Selección: Diego Maradona y Mario Kempes. Casi nada.
Pero volvamos a Almirón, instalado en el centro de la escena luego de la frase despachada a “gusto personal” por el presidente Macri. Nada es casual en este mundo de tantos intereses. Estamos en presencia de un innecesario regreso al escenario futbolero que sirve para ratificar una vez más que todo lo ocurrido en Viamonte 1366 le importa más que mucho al Gobierno, aunque en el entorno de Macri intenten maquillar su exposición como un simple “gusto personal”. La pelea de fondo, en realidad, es por las SAD, los clubes privatizados, el único sueño que le debe quedar sin daños irreparables a Mauricio Macri.
El representante de Almirón es Cristian Bragarnik, de fuertes lazos con Angelici (intercedió por ejemplo en el impactante arribo de Mauro Zárate) y hasta con Víctor Blanco, presidente de Racing (su DT Eduardo Coudet es de la “escudería” de Bragarnik) y también con chances de llegar a la Comisión de Selecciones.
Se juega demasiado en la configuración de la nueva Selección Nacional. Es una pulseada por el poder que excede al fútbol. Nunca Macri quiso a Claudio Tapia como presidente de la AFA. Desde el Gobierno siempre se lo intentó frenar, inclusive hasta con una Comisión Normalizadora presidida por Armando Pérez. Sin embargo, el yerno de Hugo Moyano, tejiendo con los dirigentes del Ascenso y del Interior, a todo resistió y llegó a coronar su sueño: sentarse en el sillón de Julio Grondona.
El manejo personalista de la Asociación del Fútbol Argentino murió con el viejo patriarca, don Julio Grondona. Y fluyó una nueva manera de conducir la casa madre de la pelota. Después del interinato del ex presidente de Argentinos Juniors, el papelón eleccionario del 38 a 38 y la Comisión Normalizadora de la FIFA, Claudio Tapia se transformó en el presidente del consenso. Sin embargo, nunca tomó decisiones de manera totalitaria. Por el contrario, abrió el juego. Y Daniel Angelici, el principal armador político del nuevo esquema de Viamonte, se hizo fuerte.
En la reunión de Comité Ejecutivo no surgió nada nuevo, no fue creada la Secretaría de Selecciones Nacionales que estaría a cargo de tres dirigentes: dos de Primera División y uno del Ascenso. Víctor Blanco y Nicolás Russo, presidentes de Racing y Lanús. La única novedad fue anunciar que Lionel Scaloni y Pablo Aimar dirigirán a la Selección Mayor en los amistosos programados hasta fin de año (la prensa se enteró antes que los entrenadores). La idea de Tapia es que José Pekerman se haga cargo de la coordinación. ¿Y la posibilidad de que sea un manager con amplios poderes? La patearon para adelante.
Daniel Angelici sostiene que Claudio Tapia llegó al sillón de Julio Grondona por sus gestiones, pero ya no lo soporta y en las sombras amenaza (y lo hace saber a través de algunos mensajes que parecen misiles) con “gestionar” el retorno de Marcelo Tinelli y Rodolfo D’Onofrio para neutralizar el poder de Don “Chiqui” y sus amigos del fútbol de ascenso.
El viejo y querido fútbol argentino espera por el sucesor de Sampaoli. “Puesto menor” parafraseando a Héctor Magnetto (CEO de Clarín) cuando se refirió a la presidencia de Carlos Menem en pleno gobierno del líder riojano. El negocio pasa por otro lado, en realidad por detrás, lo que ocurre es que tanto humo no lo deja ver.