Villa María |

Oscar Calderón, el canillita que lleva más de 70 años en su kiosco

Tiene 76 y desde el año de vida está en el puesto de diaros. Primero fue de su padre y luego tomo él las riendas del negocio. "Es un lindo oficio que te permite un diálogo constante con la gente", le contó a Puntal

El Día del Canillita comenzó a celebrarse en 1947, en homenaje a Florencio Sánchez, periodista y dramaturgo que dirigió la obra Canillita, en la cual representaba a los chicos que vendían periódicos en la calle.

Sánchez, que falleció el 7 de noviembre de 1910, los apodó de esa manera por sus piernas flacas y, a partir de ese momento, se los conoció de esa manera. La pieza teatral fue un verdadero éxito y fue muy bien recibida por los diarieros de la época.

La historia de Oscar Calderón va de la mano con el crecimiento que ha tenido la ciudad. Por su kiosco, ubicado en Corrientes y San Martín, han pasado sucesos de todo tipo en la vida de Villa María.

Lo heredó de su padre que lo tenía desde 1945, aunque el puesto se inauguró en los años 30.

Tiene 76 años y su vida prácticamente la pasó vendiendo ejemplares. Desde que tenía un año de vida que convive con la pasión de ser canillita. Durante varios años ofició de locutor en los medios locales, pero luego se dedicó tiempo completo al negocio.

Lleva más de 70 años repartiendo el diario, desde la madrugada, a las familias y negocios de la ciudad. No importa el calor, el frío ni la lluvia, Oscar nunca falta a la cita con los clientes. Es más, trabaja solo, con lo cual no se ha tomado vacaciones ni días de descanso nunca.

Lo hace todos los días mañana y tarde y los domingos hasta mediodía.

“Tenía un año y ya estaba en el puesto. Había una silla de mimbre y ahí estaba acompañando a mi padre”, recuerda Calderón con un dejo de nostalgia propio del paso del tiempo.

El kiosco de Oscar es uno de los más antiguos que tiene Villa María, motivo de orgullo si los hay.

“Hemos vivido todas las etapas de la ciudad. Desfiles, estudiantina, el día del viajante, pasaban por acá, los carnavales ni hablar. En esa época se vendían pomos, bombitas de agua, serpentina, todo para el carnaval. Se movilizaban desde calle San Juan hasta el Banco de Córdoba (esquina Entre Ríos).

-¿Cree que la tecnología ha impactado el nivel de ventas de diarios y revistas?

-Se vende menos por una cuestión de bolsillo, independientemente del crecimiento de la tecnología. Antes las revistas del espectáculo, por ejemplo, las compraba todo el mundo, hoy es imposible, la revista sale 400 o 500 pesos, también han desaparecido muchísimos ejemplares.

“No había tantas revistas. Los diarios se vendían mucho de 1955 para arriba. Noticias Gráficas, Crítica, La Razón, La Prensa, más La Voz y Los Principios de Córdoba hoy desaparecido. Con la pandemia han desaparecido muchas revistas. Las revistas referidas al campo no se hacen más, eso fue luego del recordado conflicto con el gobierno nacional. Desde ese entonces no hubo absolutamente más nada en la calle”, argumenta Calderón.

¿Cuál fue el episodio con el que se vendieron más ejemplares?

- Hay varios hechos. Pero seguramente la muerte de Perón, el bombardeo a Plaza de Mayo en el 55, las ediciones de Maradona, que son especiales y sobre todo porque los maradonianos son así, o las obtenciones de los títulos del mundo de 1978 o 1986. Son fechas puntuales en que se ha vendido mucho.

-¿Y en la ciudad recuerda algo puntual?

- Sí, en Villa María, en la época del 70, si mal no recuerdo, explotó una casa de familia en el barrio Sarmiento que hacían petardos, había un depósito y fue una tragedia. Salía la revista Sí, que era de Héctor Ricardo García (el creador de Crónica). Vinieron a cubrir y salió prácticamente toda la edición con ese hecho. En el kiosco nuestro vendimos alrededor de 500 números, fue tremendo.

-¿Qué le ha permitido esta profesión?

-Es un diálogo constante con la gente. Acá te cruzas con todos los sectores sociales y muestran su conformidad o no con el momento del país. Fue toda la vida igual.

“Es muy linda profesión, sacrificada porque todos los días del año tenés que estar a las 6 de la mañana arriba, pero lo hago con mucho orgullo, cuando estoy en mi casa, por ejemplo los domingos a la tarde siento que me falta algo. O los días que no se trabaja como ayer 7 de noviembre, vengo al puesto igual y preparo las devoluciones”.

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