Osvaldo Alfredo Wehbe, 63 años, abogado penalista que un día entendió que a su pasión por el fútbol la iba a canalizar en el relato deportivo, para transformarse en un ícono de la radiofonía argentina, falleció ayer en nuestra ciudad.
Con más de 40 años de trayectoria, el rótulo que le instaló Víctor Hugo Morales de “El Maestro de Río Cuarto”, lo llevó con orgullo por distintos escenarios de Argentina y el mundo.
Desde el 21 de diciembre de 1977, cuando ingresó en Córdoba a la Agencia de Publicidad Acosta, cuando aún era estudiante de Abogacía, que tenía vínculos con Radio Rivadavia, le dio el pase para ingresar al maravilloso mundo radial.
José María Muñoz viajaba ese día a Córdoba, sin cronista, para transmitir Talleres-River por el Nacional. “¿Te animás a hacer vestuarios?”, le preguntaron.
“Yo me ganaba la vida imitando a Muñoz, a García Blanco, a Víctor Brizuela”, rememoró alguna vez en una nota el “Turco”.
Allí apareció por primera vez junto al “Gordo “Muñoz –una institución por esos años-. Talleres ganó 1-0 con gol de Daniel Valencia y desde allí, hasta el viernes 24 de julio del 2020 en el Grupo Maradó, Osvaldo tejió una extensa trayectoria en el periodismo deportivo que lo tuvo como un relator con estilo propio, compartiendo equipos con los dos íconos radiales más trascendentes de los últimos 60 años: José María Muñoz y Víctor Hugo Morales.
En mayo de 1979, y para Radio Río Cuarto, debutó con un Boca 1 - Peñarol 0.
Desde el campeonato mundial de fútbol jugado en España 82, a donde viajó por LV 16, y en ese Mundial para Rivadavia relató 11 partidos, hasta el Mundial, Rusia 2018, fue testigo presencial de los últimos 10 campeonatos ecuménicos del fútbol.
Su bohonomía, frases como “la pelota se hace luna en el cielo de Alberdi”, o “Esperamos haber sido dignos”, son sólo dos de las tantas y tantas expresiones que dejó a lo largo de su trayectoria.
Del relato en lugares precarios a ocupar las principales cabinas de transmisión en los mejores estadios del mundo, Osvaldo generó en Río Cuarto y los lugares por donde transitó una gran empatía.
Fue un volante central que dejó su marca. Entrega, garra y corazón le sirvieron en aquel equipo de Abogados para pasearse por varias canchas del país, despuntando el vicio de futbolista.
En la ya desaparecida revista El Gráfico, el “Turco” una vez comentó: “A los 6 años, en vez de hacer guerritas con mis soldaditos, yo ponía 11 y 11 de cada lado, armaba partidos y los relataba. El arco eran dos pilas Eveready de las gordas, con una piedra sostenía a los arqueros y otra chiquita hacía de pelota”, recordó.
En esa época, Ermindo Onega, Miguel Brindisi y Nicolino Locche, entre otros, eran las máximas figuras deportivas, aunque la preferida fue, es y será la del “Lobo” Fischer.
Una vez contó que su amor por San Lorenzo nació de lo que se juraron su padre Alfredo y sus hermanos: “Al nene lo hacemos del que salga campeón este año”.
Corría el año 1959, salió campeón San Lorenzo, y allí nació su amor por “El Cuervo”.
Trabajador desde niño, cantor e imitador en las peñas estudiantiles en Córdoba en plena dictadura militar, Osvaldo no paró con su actividad hasta el domingo 26 de julio del 2020, cuando un ACV hizo que debiera ser internado en un centro privado de la ciudad de Río Cuarto, donde falleció en la tarde de ayer.
Casado con Gladys, construyó una vida de más de cuatro décadas con quien tuvo dos hijas, Camila y Florencia, quienes fueron su orgullo.
El paso por la vida terrenal cerró la historia para Osvaldo Alfredo Wehbe. Quedó su estandarte de vida. Un legado para quienes abrazan el maravilloso oficio de ser periodistas deportivos.
El “Turco” desde ayer pasó a la inmortalidad.

