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Se recolectaron 50 toneladas de residuos electrónicos en la ciudad en los últimos 5 años

De esta manera, se sacan de circulación productos de alto impacto ambiental por el tipo de componentes que poseen. Buscan generar el hábito y cambiar conductas; entre ellas, que el vecino se acerque a los espacios asignados y deposite los elementos que ya no utilizará

Desde que el Municipio aplica un programa que apunta a la recolección de residuos electrónicos de manera puntual, principalmente con el objetivo de evitar que los mismos terminen en el predio de la ruta provincial 2 o bien esparcidos en los microbasurales que existen en la ciudad, ya se sacaron de circulación 50 toneladas de elementos de este tipo.

La importancia de que estos productos tecnológicos reciban el tratamiento indicado y así evitar su contacto con la tierra o el agua radica en el elevado grado de contaminación que producen por el tipo de componentes que tienen. En la actualidad existen en la ciudad dos puntos en los que los vecinos pueden acercar los elementos en vez de dejarlos en la vía pública para que el servicio de recolección los retire.

Dicho programa cuenta con un contenedor instalado frente al Palacio Municipal, y en otro similar en bulevar Vélez Sarsfield, en proximidades del cruce con Italia. “Hace cinco años que estamos recolectando los residuos de este tipo, donde los vecinos tienen que traerlos a estos sitios y la verdad es que es un programa que funciona muy bien”, sostuvo Germán Tissera, subsecretario de Ambiente de la comuna, quien detalló que la mayoría de los residuos electrónicos tienen compuestos y sustancias específicas por lo que son considerados “residuos peligrosos, por eso es importante sacarlos del circuito para que la disposición final no sea un terreno baldío o el propio vertedero municipal”.

Reconoció que más allá de la durabilidad de la propuesta ambiental, en la actualidad todavía existen vecinos “que los sacan a la vereda y el recolector, por su trabajo, los levanta y terminan allí en el vertedero. La idea es que no pasen a estar en contacto con el suelo ni el agua”, insistió. Consultado sobre el ritmo de recolección y lo que se pudo haber generado en la pandemia, con gente pasando mayor tiempo en sus hogares por las restricciones, Tissera reconoció que aumentó la cantidad de productos: “Hemos visto que se incrementó bastante, sobre todo en esta última época, donde la gente empezó a traer mucho. Quizás estando en su casa y encerrada por la cuarentena decidió renovar sus productos y por eso se incrementó”.

“Vimos que se incrementó el desecho de residuos de hogar, no lo cotidiano, sino que hacían limpieza y sacaban cosas, entonces a ese leve incremento lo asociamos directamente a eso”, recalcó con relación al retiro de productos durante el aislamiento.

Cabe consignar que una vez recolectados los productos, de manera mensual se realiza el vaciamiento de los contenedores. Al respecto de lo que más abunda, Tissera citó “electrodomésticos, CPU y componentes de computadoras. También tenemos contenedores con pilas, en el marco de una campaña que apunta a reemplazar esos elementos que consumen justamente muchas pilas porque son un grave problema y ni siquiera tiene una resolución a nivel mundial. La idea del programa es sacar esas cuestiones peligrosas, tanto los residuos como las pilas”.

Cabe consignar que el municipio firmó un convenio con una empresa de James Craik que se encarga de recuperar alguno de los componentes para comercializarlos. Todo lo que llega a los contenedores es pesado para establecer un registro de los residuos.

Generar conciencia

La aplicación de un programa que apunte específicamente a los residuos electrónicos tiene como objetivo principal el cuidado ambiental, pero al mismo tiempo la necesidad de un cambio de conductas en la sociedad. La intención es clara: evitar que los componentes terminen en basurales a cielo abierto, pero también a que a la hora de la adquisición de determinados productos, buscar que sean lo más amigable con el ambiente realizando una selección de lo que se va a adquirir.

Tissera consideró que el puntapié de todo es que los vecinos “entiendan y tomen conciencia de lo que generan con esto, pero además que las compras sean responsables”. Fue más allá al explicar que “si tenemos que renovar algo, veamos que si el uso que le dimos era importante y no que cambiemos continuamente porque eso termina generando un impacto en el ambiente. Los productos tienen una huella de carbono muy grande, por lo cual hay que ver desde dónde vienen, cuáles son sus componentes, y seleccionar lo que compramos. Hay veces que pagamos un poco más, pero es algo que tiene una durabilidad mayor y ayuda al planeta”.

Consideró que muchas veces el abandono de productos en la vía pública no tiene que ver a una cuestión de conciencia, sino más bien de comodidad. “El vecino está muy acostumbrado a que el recolector pasa por la vereda, entonces a eso lo estamos intentando cambiar”, sostuvo con relación a la aplicación de propuestas para que justamente sea el vecino quien traslade los elementos en desuso. Citó como ejemplo la propuesta con los residuos secos en la que “generamos muchos puntos en la ciudad y los vecinos están yendo a esos lugares; de los electrónicos tenemos dos espacios. Hay vecinos que si se tienen que trasladar mucho no lo hacen, y otros que sí. También suele ocurrió un desconocimiento por no saber el daño que se le hace al ambiente dejando todo eso en la calle”.

La tarea de convencimiento de la sociedad apunta también a aquellos vecinos que de manera irresponsables dejan objetos abandonados en diferentes lugares o sitios baldíos, generando microbasurales. Ante ello, para Tissera se termina viendo “una mezcla de varias situaciones y de una cuestión de economía social. El trabajo que venimos haciendo es de buscar la economía circular, de que todos los productos se vuelvan a insertar, es realmente importante y creemos que con el Centro de Gestión Ambiental, con Villa María y Villa Nueva, se va a lograr. El BID exige un montón de condiciones y fomenta la educación, entonces vamos a ir puliendo todas estas situaciones; hay falta de conciencia, comodidad y no conocer el daño que se le hace al ambiente”.