Punta del Este | Nora Dalmasso | Julio Rivero

¿Hacia dónde va el juicio?

Al viudo se lo acusa de instigación al crimen de su esposa, pero las citaciones abren el abanico a hipótesis que ya fueron descartadas. Sólo se explicaría si el fiscal cambiara la acusación, algo que parece bastante improbable

Sesenta y dos son los testigos que ya declararon en el juicio al traumatólogo Marcelo Macarrón y nadie sabe con precisión cuántos más serán citados antes de que se llegue al veredicto.

Lo único claro es que hasta ahora sólo una pequeña porción de esos testimonios se ciñó a la acusación que pesa contra el traumatólogo imputado por la instigación del crimen de su esposa, Nora Dalmasso. El resto -la gran mayoría- son testigos que durante la investigación preparatoria (es decir, la que se hace antes del juicio) habían sido llamados para abonar la hipótesis del abogado Rafael Magnasco como amante y probable homicida de Nora; para tratar de demostrar la responsabilidad del pintor Gastón Zárate, o para robustecer la línea que apuntaba a Macarrón como autor material del homicidio.

Lo que cuesta entender es que esos mismos testigos sean citados a declarar ahora que la hipótesis excluyente es la del crimen por encargo.

Semejante derroche de tiempo y de recursos se explicaría, por ejemplo, si el fiscal de Cámara Julio Rivero estuviese pensando en cambiar la acusación contra Macarrón.

Pero esa no es una posibilidad que se avizore en el horizonte. Como muestra, basta recordar el destrato al que el propio Rivero y el presidente del tribunal sometieron al bioquímico local Daniel Zabala, el único que halló semen en la escena del crimen.

La decisión del presidente del tribunal Daniel Vaudagna de conceder todos y cada uno de los pedidos que formuló el abogado defensor Marcelo Brito, por momentos da la sensación de haber cedido el control y el manejo del proceso a una de las partes.

Así lo avizoró -y no se privó de decirlo púbicamente- el ya mencionado Zabala cuando salió de su interminable declaración en Tribunales: “Este juicio está bien orientado para el abogado defensor”.

La semana pasada, por ejemplo, Brito pidió (y tanto el fiscal Rivero como el tribunal estuvieron de acuerdo) que se incluyera por su lectura en el juicio el testimonio de Carlos Curiotti. Sí, leyó bien: el joven con dificultades intelectuales que habría sido presionado durante horas para que inculpe a su amigo, el “perejil”.

¿Cuál era la utilidad y la pertinencia de agregar el testimonio vinculado con una hipótesis que hace años quedó descartada?

Nadie se lo preguntó al defensor.

Así como estas acciones llaman la atención, hay omisiones no menos llamativas.

La inexplicable exclusión en la nutrida lista de testigos del único amante acreditado en la causa, Guillermo Albarracín, es una mancha más a la credibilidad y transparencia del juicio.

¿Cómo se explica que Albarracín, quien había admitido una relación paralela con Nora desde hacía más de un año, que había viajado con los golfistas (y con el viudo) a Punta del Este, y que había mantenido comunicación telefónica con la víctima hasta horas antes del crimen, no sea llamado a declarar?

El pedido de prescindir del testigo partió curiosamente del fiscal que debe sostener la acusación, y fue aceptado de inmediato por la defensa.

¿Eso implica que el tribunal estaba obligado a acatar la petición?, ¿entre las atribuciones de los jueces técnicos no está la de sostener la citación de un testigo si lo consideran necesario para esclarecer lo que se investiga?

Sin un rumbo claro, el juicio por el crimen de Nora Dalmasso se encamina hoy a su undécima semana.

Como es sabido, la falta de información a la prensa impide conocer con anticipación la lista de testigos. Si hubiese una lógica en la audiencia -y este periodista no podría asegurar eso-, hoy debería ser citado a declarar Arturo Pagliari, uno de los golfistas que integraron el contingente que viajó a Punta del Este.

Fue el compañero de viaje que, según el propio Marcelo Macarrón, estuvo practicando tiros con los palos de golf mientras el resto del contingente se sacaba una foto grupal en el club Cantegril, la mañana del 25 de noviembre de 2006, es decir, el día que fue asesinada Nora.

En la lista de “pendientes” también están la médica forense Virginia Ferreyra y alguien de quien se habló mucho en los albores de este juicio y que, en las últimas jornadas prácticamente no se menciona, Miguel Rohrer.

Marcelo Brito ya adelantó que -¡pese a que los hijos de su cliente lo señalan como el autor del crimen!- no le interesa la presencia del “francés”.

¿El fiscal opinará lo mismo?

Alejandro Fara.