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Caernos del caballo; de Saulo a Pablo

Por Albina Moreno y Osvaldo Chiaramello (Pastores evangélicos)

¿Quién era Saulo?

Era un hombre joven, proveniente de la ciudad de Tarso, de una familia acomodada, ya que había podido comprar la ciudadanía romana, judía, se crió y estudió en la escuela de Gamaliel en Jerusalén, con una educación superior. 

Un joven que, por lo tanto, se encontraba entre la élite de la sociedad, tenía un futuro prometedor y la posibilidad de una carrera brillante.

Religiosamente, era un judío practicante, irreprochable en la estricta observancia de la ley  "lleno de celo por las tradiciones de mis padres". Llegó a decir, (Gálatas 1:14). Para defender esas tradiciones vino a perseguir a los cristianos, considerados herejes.

Pero un día de camino a Damasco, para hacer una extraordinaria persecución, Jesús se le aparece en el camino, y le dice: “Saulo, Saulo, por qué me persigues?”. 

Dios entró sin golpear y lo tiró al suelo (Hechos 9). Como Jeremías, Pablo podría decir: “Me has seducido, Señor, y me he dejado seducir; me hiciste fuerte y me tiraste al suelo” (Jer 20: 7). 

Caído al suelo, se rinde. Saulo, el perseguidor, “el cazador” ha sido golpeado, ganado. Alcanzado por Cristo, y caído, se dejó alcanzar… Es a partir de esta imagen de la caída que nace la expresión "caer de un caballo". 

“Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?

¿Quién eres, Señor? —preguntó.

Yo soy Jesús, a quien tú persigues le contestó la voz—. Levántate y entra en la ciudad, que allí se te dirá lo que tienes que hacer”. Hechos de los Apóstoles 9,1 -19

Pablo cayó al suelo cuando vio la luz de la gloria de Dios. Luz tan deslumbrante que lo dejó ciego. Y permaneció ciego durante tres días sin comer ni beber (Hechos 9: 8-9). Estos son los tres días de oscuridad y muerte que preceden a la resurrección. Los roles están invertidos. El comandante tenía que ser dirigido por sus subordinados. Pablo comenzó a ver de nuevo solo cuando Ananías juntó las manos y dijo: "¡Saulo, hermano mío!" ¡Resucitó en el preciso instante en que fue recibido como hermano en la comunidad! El perseguidor murió, y resucitó el profeta!

La conversión de San Pablo nos coloca en presencia de este gran apóstol, elegido por Dios para ser su "testigo ante todos los hombres" (Hechos 22:15). 

Para Saulo de Tarso, el momento del encuentro con Cristo resucitado en el camino a Damasco marcó el punto decisivo en la vida… Y, hoy, en estos momentos difíciles de la vida, de la sociedad, de la Iglesia, nos viene a decir San Pablo, con toda la fuerza, que todo cambio es posible…nos viene a decir que la conversión es un camino sin retorno.

Pablo nos indica hoy que no se puede vivir en la hipocresía, no se puede vivir ambiguamente. Pablo nos indica lo que es vivir convencido, del vivir  una “convicción de vida”, en coherencia y conciencia. Nos indica que no puede existir en un ser, lo tibio, lo frío y lo caliente…

En este mundo donde parece estamos viviendo “al revés”, como “patas  arriba”, nos está pidiendo a gritos una definición, nos pide luz. Y, por lo tanto, debemos dar esos signos de los hijos de la luz, que no son ambiguos ni grises.  

La hipocresía nos hace un poco de acá, un poco de allá, para estar bien con todos…ofrece una palabra vacía, sin sustancia, llena de vacuidad. Jesucristo es una bocanada de dignidad, de compasión, de ternura que elimina todo lo que hace daño al ser humano.

El que tiene el fuego del Espíritu Santo, que lo hace “caliente”, no juzga a su hermano tibio o frío, sino que se hace cargo de los más débiles, se hace entregador de esas situaciones para que llegue la conversión a Dios, y Él haga su obra. Y sabe por fe que en alguna parte del mundo, porque vive convencido de que somos cuerpo místico de Cristo”, como nos lo enseñó san Pablo, Dios hace alguna obra nueva, y allí se cumple la Palabra: “Felices los que creen sin ver”.

San Pablo nos indica que debemos hacernos imitadores de Dios, para cambiar la historia y camine en la caridad, es decir, en la misericordia, en el perdón. No devolviendo mal por mal. Porque esto engendra más violencia. 

Y desata la ira, los resentimientos, el odio, los celos, la vanagloria, el creerse el ombligo del mundo, y a vivir cada vez más sin tolerancia…parece que ya no existe el sufrir, el callar, el orar…, como si nada tuviéramos que purificar. 

Pablo nos recuerda a completar lo que falta a la Pasión de Cristo; sin duda porque para él, su momento del encuentro con Cristo resucitado en el camino a Damasco marcó el punto decisivo en la vida. Su transformación completa tuvo lugar, una conversión espiritual real. Y no tuvo retorno a su pasado. 

Fue bautizado con el bautismo de fuego del Espíritu Santo.

Y este Espítitu cuando uno se deja amar por Dios es el que obra Maravillas, Obra en consecuencia con los frutos del Espíritu Santo, y no los frutos de la carne. 

Cristo le sanó las heridas…le allanó el camino para que primero se encontrara en esa situación extrema, donde ya no podía seguir viviendo de esa manera… Y  le envió a Esteban y Ananías.

Esteban, como nos relata en hechos, 7,  lo comenzó por perseguir porque lo consideraba como un promotor del cristianismo y por lo tanto una seria amenaza contra el glorioso monoteísmo del judaísmo, ya que como todos los cristianos, atribuía honores divinos a Jesús de Nazaret.

Decidió terminar con Esteban, que murió siendo el primer mártir del cristianismo.

Pero no se conformó con esto. Saulo persiguió a todos los cristianos, y aún más, decidió que el sumo sacerdote debía ejercer su derecho de extradición contra los fugitivos y le pidió "cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén”. Ciego por su odio, sin darse cuenta, estaba dando cumplimiento a la palabra de Jesús:

"Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios." Jn. 16,2

Esteban antes de ser apedreado, tuvo oportunidad de manifestar su defensa, esta exposición caló el corazón de Saulo.

"Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo" Hechos 7: 58.

Esteban, después de su vigorosa defensa ante el Sanedrín, pidió perdón para sus asesinos mientras era apedreado por ellos, y entonces su rostro se iluminó "como la faz de un ángel" y dijo que estaba contemplando a Jesucristo a la diestra de Dios (Hch 6:15).

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