Acusado de instigador, un inmutable Macarrón no declaró y se fue libre
Imputado por el crimen de Nora Dalmasso, compareció ante el fiscal Pizarro, que cambió la carátula a “homicidio calificado por precio o promesa remunerativa”
A cinco días de cumplirse 12 años del asesinato de Nora Dalmasso en Villa Golf, el único imputado del caso, Marcelo Macarrón, volvió a declarar y Tribunales fue otra vez un hervidero frente a la expectativa de novedades importantes, incluso la posibilidad de que quedara detenido. Pero finalmente nada de eso ocurrió.
La Justicia desechó la idea de que haya sido el autor material del crimen –como suponía hasta hace un año -, y ahora cree que pudo haber sido el autor intelectual. De todos modos, entendió que no hay razones para detenerlo y mantuvo el régimen de libertad bajo una fianza de 3 millones de pesos.
Al término de una larga mañana en Tribunales, el quinto fiscal que entiende en la causa oficializó el nuevo giro de la investigación. Luis Pizarro modificó la calificación del hecho y alteró la situación del viudo Marcelo Macarrón, ahora acusado por “homicidio calificado por precio o promesa remuneratoria, agravado por el vínculo”. Al igual que cuando era sospechado por haber sido el autor material, con la nueva imputación queda expuesto a una pena de prisión perpetua.
El magistrado no dio demasiadas pistas sobre el grado de avance de la causa, ni acerca de si hay sospechosos por la autoría material del crimen, aunque dejó picando la idea de que podría haber nuevas imputaciones.
Por su parte, el viudo permaneció inmutable frente al enjambre de micrófonos, cámaras y flashes que lo asediaron desde antes de entrar a Tribunales.
Macarrón se vio la cara con el fiscal por 20 minutos y se retiró solo, en libertad, por un ascensor interno desde el interior de la fiscalía. Abajo, en la calle, fue interceptado por un grupo de periodistas que volvieron a abordarlo sin poder arrancarle ni siquiera una mínima declaración.
Perseguido por los cronistas durante un par de cuadras céntricas, mantuvo riguroso silencio hasta que, en la Plaza Roca, logró subir a un taxi y se retiró de la escena pública con la más inalterable calma.
Frente al despacho de Pizarro, la presencia de su hermana Gabriela había llamado la atención desde temprano. Al advertir que estaba rodeada de periodistas, la mujer bajó los tres pisos por la escalera y salió del edificio, pero antes tuvo un cruce con una cronista.
Visiblemente alterada, mientras explicaba por qué no iba a dar notas, argumentó: “Bastante daño nos han hecho ya”.
Unos minutos después, pero dentro del edificio de Tribunales, el abogado que lo defiende, Marcelo Brito, volvía a desplegar su verba para referirse a la comparecencia del viudo ante el fiscal Pizarro. Esta vez, el letrado se mostró más reticente y evasivo que de costumbre para responder preguntas, y no quiso dar a conocer la nueva calificación legal del hecho que se le imputa al viudo.
No obstante, dejó en claro que no se quedará de brazos cruzados, y adelantó que -por si algo le faltaba a la causa- pedirá que se convoque a los legisladores Aurelio García Elorrio y Juan Pablo Quinteros para declarar como testigos por sus dichos en relación al caso Dalmasso (ver página 5).
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La Justicia desechó la idea de que haya sido el autor material del crimen –como suponía hasta hace un año -, y ahora cree que pudo haber sido el autor intelectual. De todos modos, entendió que no hay razones para detenerlo y mantuvo el régimen de libertad bajo una fianza de 3 millones de pesos.
Al término de una larga mañana en Tribunales, el quinto fiscal que entiende en la causa oficializó el nuevo giro de la investigación. Luis Pizarro modificó la calificación del hecho y alteró la situación del viudo Marcelo Macarrón, ahora acusado por “homicidio calificado por precio o promesa remuneratoria, agravado por el vínculo”. Al igual que cuando era sospechado por haber sido el autor material, con la nueva imputación queda expuesto a una pena de prisión perpetua.
El magistrado no dio demasiadas pistas sobre el grado de avance de la causa, ni acerca de si hay sospechosos por la autoría material del crimen, aunque dejó picando la idea de que podría haber nuevas imputaciones.
Por su parte, el viudo permaneció inmutable frente al enjambre de micrófonos, cámaras y flashes que lo asediaron desde antes de entrar a Tribunales.
Macarrón se vio la cara con el fiscal por 20 minutos y se retiró solo, en libertad, por un ascensor interno desde el interior de la fiscalía. Abajo, en la calle, fue interceptado por un grupo de periodistas que volvieron a abordarlo sin poder arrancarle ni siquiera una mínima declaración.
Perseguido por los cronistas durante un par de cuadras céntricas, mantuvo riguroso silencio hasta que, en la Plaza Roca, logró subir a un taxi y se retiró de la escena pública con la más inalterable calma.
Frente al despacho de Pizarro, la presencia de su hermana Gabriela había llamado la atención desde temprano. Al advertir que estaba rodeada de periodistas, la mujer bajó los tres pisos por la escalera y salió del edificio, pero antes tuvo un cruce con una cronista.
Visiblemente alterada, mientras explicaba por qué no iba a dar notas, argumentó: “Bastante daño nos han hecho ya”.
Unos minutos después, pero dentro del edificio de Tribunales, el abogado que lo defiende, Marcelo Brito, volvía a desplegar su verba para referirse a la comparecencia del viudo ante el fiscal Pizarro. Esta vez, el letrado se mostró más reticente y evasivo que de costumbre para responder preguntas, y no quiso dar a conocer la nueva calificación legal del hecho que se le imputa al viudo.
No obstante, dejó en claro que no se quedará de brazos cruzados, y adelantó que -por si algo le faltaba a la causa- pedirá que se convoque a los legisladores Aurelio García Elorrio y Juan Pablo Quinteros para declarar como testigos por sus dichos en relación al caso Dalmasso (ver página 5).