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"Jamás habrá otro clásico igual"

Claudio Biasuzzi fue el autor del gol del triunfo de Rivadavia. "El 1/7/2007 no se borra y se festeja cada año. Para el hincha del 'verde' ganarle esa final a Colón, que venía dulce en títulos, y lograr la corona después de 12 años, fue único, soñado"

Claudio Biasuzzi es un ídolo y referente de Rivadavia de Arroyo Cabral, donde es una especie de dios por haber convertido el gol más importante de su historia.

Aquella inmortal conquista del triunfo por 2-1 en la final contra Colón el 1/7/2007 en Plaza Ocampo no permite recordar otros goles y otras memorables tardes del delantero del “verde” en su gran carrera en el fútbol local, porque todo queda opacado por ese “grito sagrado” que será eterno.

El popular “Gato” recibió el premio a una carrera que estaba en el epílogo, y que había pasado por muchas situaciones disímiles, pero el esfuerzo y el amor por la casaca del “verde” en prácticamente todo su recorrido por el fútbol oficial, recibió la merecida recompensa poco antes de retirarse.

“Cada vez que hablo de fútbol es un hecho que me marcó. Todos los días alguien en Arroyo Cabral me recuerda ese gol, que quedará para toda la vida en la memoria. Siempre jugué en Rivadavia, sólo un año fui a Atlético Ticino, y los horarios laborales no me permitían aceptar otras ofertas, aunque mi amor por Rivadavia es tan grande que siempre era un orgullo jugar en mi club”, remarca.

Biasuzzi tiene sangre “verde” desde la cuna, pero además considera que “le hice otros goles a Colón, y jugué partidos muy importantes, pero ese gol tapó todo”.

“No hay comparación con nada. Para el hincha de Rivadavia, mi gol es más recordado que todo el esfuerzo de un gran plantel, que se sobrepuso a todo y logró que muy buenas individualidades, se transformaran en un equipo campeón. No fui yo el que ganó esa final, fue un gran equipo, que le ganó a otro gran equipo, porque ese Colón merecía ser campeón igual que Rivadavia”, sostuvo.

Remarcó que “ese año alcanzamos a Colón en la última fecha, porque le ganamos a Argentino, y ellos empatan en su cancha con Alumni. A nosotros se nos negaron campeonatos increíbles previamente, pero ese no se nos podía escapar, y tuvimos la determinación y el temple necesario para ganar un partido muy parejo”.

Aclara que “tuve temporadas buenas y malas, algunos torneos con muchos goles, algunos torneos Provinciales muy recordados, y lindos goles como cualquier delantero, pero la gente se acuerda sólo del gol el 1/7/2007 en la Plaza”.

Insistió en que “mil veces sentí que fracasé y me amargué porque el campeonato se negaba, porque Colón nos tenía de hijos, y porque ellos ganaban títulos y a nosotros se nos escapaban finales o semifinales provinciales y locales”.

Destacó que “el fútbol es así. Un día en una semifinal provincial en un tiempo suplementario pegué un tiro en el palo cuando ya estaba gritando el gol. Y a continuación nos quedamos afuera. Otra vez, se nos escapó en la Liga la final de 2004 contra Alem, al que íbamos venciendo 2-0 con otro gran equipo en nuestra cancha”.

Descartó “bajar los brazos, pero dolía. Por eso finalizar así mi carrera fue una cosa de locos, un broche de oro. Convertir el gol del triunfo más preciado de la historia para el hincha de Rivadavia no tiene comparación con nada”.

Estaban todos en la Plaza

Biasuzzi estimó que “nunca vi un partido con tanta efervescencia. Los entrenamientos de esa semana en pleno invierno fueron todos con mucho público. Jamás habrá otro clásico igual, porque siempre en los clásicos se arrima gente que quiere saber cómo formará el equipo, pero nunca tanta gente, tanta pasión y tanta presión”.

Manifestó que “como el torneo terminó empatado, se trató de un desempate. Una final. Estaba toda Villa María y la región pendiente. Fue un estadio lleno, y un clima distinto a un clásico cabralense. El incentivo era increíble, histórico”.

Agrega que “hice goles en otros clásicos, algunos mejores que ese, pero ninguno será comparable. No sólo quería convertirle a Colón, el delantero quiere convertir siempre, y es lo más lindo que hay”.

Destacó que “el 1/7/2007 no se borra más para el hincha de Rivadavia. No sé cuando hice los otros goles a Colón, pero ese quedó marcado. Todos los años, cada vez que llega ese día, en las redes sociales aparecen las cargadas, los recuerdos, el video del gol, las fotos, y el folklore. Pasaron 13 años, pero ese día, Rivadavia sigue festejando”.

Reconoce que “no hay palabras para semejante reconocimiento. No es sólo a mí, porque ese equipo entero está en la memoria del hincha. Yo y Rodrigo Liendo convertimos los goles del 2-1, pero ese privilegio no quita el premio que se llevó el cuerpo técnico y el plantel íntegro de ese campeonato”.

Agregó que “en el fútbol nadie se salva solo, y nadie gana solo. Se gana o se pierde en conjunto. Fue especial por ser un clásico, y porque hacía 12 años que Rivadavia no ganaba un título. Hacía del año 1995 que se negaba la vuelta olímpica. El desahogo fue increíble. Fue una tarde soñada, histórica”.

Aseguró que “alcanzar a Colón en la última fecha fue clave. Quedó marcado como un acontecimiento diferente, único. Los que vinieron de Villa María a jugar a Arroyo Cabral, más allá de ser hinchas de otros clubes, esa final les quedó en la piel. A Colón le hizo ruido no ser campeón en su cancha en la última fecha. Para nosotros fue abrirnos la puerta para ir por todo”.

Una carrera con mucho Porvenir

Los primeros pasos de Biasuzzi en el fútbol fueron “en El Porvenir de Villa Nueva. El DT era una persona espectacular: ‘Chiche’ Echeverría. Un tipo de una calidad humana impresionante. Viajábamos miércoles y viernes a entrenar con Favio Di Yorio y Quinteros, que jugaron en Colón. Los domingos jugábamos”.

Insistió en que “íbamos en colectivo de línea, bajábamos en La Gruta, y de allí, a pie, cruzábamos el puente hasta la cancha de El Porvenir en Villa Nueva”.

Enfatizó que “hoy ni pensaría en enviar a mi hijo solo, y en esas condiciones. Era otra época, sin tantos riesgos. Olvidate que hoy no mandaría a mi hijo ida y vuelta en un colectivo a los 10 años”.

Estimó que “era normal en aquellos tiempos. Hoy no se puede. En aquella categoría 1974 jugaba Pochettino, que jugó en Argentino, Chesta el arquero, y González, un defensor que jugó en Alem”.

Apuntó que “terminé el baby y empecé en Rivadavia las inferiores, pero sólo tardaba 5’ en llegar a la cancha desde mi casa”.

Remarcó que “para armar mi categoría, ‘Piti’ Degiovanni y los dirigentes tuvieron que buscar chicos de Luca, Dalmacio Vélez y Ticino”.

Explicó que “el esfuerzo para completar los once jugadores no era nada fácil. Hacían malabares los dirigentes y técnicos como Hugo Beltramino para presentar las categorías, y no se podía ser competitivo de esa manera ante equipos de Villa María. Pero en reserva salimos campeones”.

Un sentimiento “verde”

Biasuzzi insistió en que “respeto mucho a Colón, pero soy muy hincha de Rivadavia. Ellos siempre armaron una base con más jugadores propios que Rivadavia, y quizás allí se explique la diferencia de títulos. A nosotros nos obligaba a reforzarnos con más jugadores de afuera”.

Explicó que “ese equipo que ganó en 2007 éramos 3 o 4 del club, y el resto de afuera. Heraldo Pereno llevaba sus jugadores a donde dirigía. En Rivadavia hacía 12 años que no se lograba un título. En ese lapso Colón salía campeón, y había que apostar fuerte al campeonato”.

Indicó que “Rivadavia perdió una final en 2004 contra Alem, que íbamos ganando 2-0 en nuestra cancha. Si bien tenía como estrategia jugar los Provinciales para armar equipos competitivos, se llegaba a semifinales y se perdía en los dos frentes. Nos faltaba un título”.

Destacó que “pensé muchas veces en largar el fútbol por las amarguras que me agarré. Pero es verdad aquello de ‘perservera y triunfarás’. Después de ese triunfo en 2007 jugué un año más, pero era para bajarle el telón antes, porque convertir ese gol en la final ante Colón fue el final perfecto para mi carrera a los 33 años”.

Como anécdota de ese 1/7/2007 contó que “el sábado tenía fiebre. El doctor Ortiz me dio vitaminas y Pereno confió en un equipo con 3 delanteros. Jugaron Fantino; Russo, López, Suárez y Echevarría; Doñabeitia, Marcos Berterame y Ariel Berterame; Erregarena, Liendo y yo. Salió todo bien. Un amigo hincha de Colón me dijo menos mal que estabas con gripe”.

Cierra los ojos y recuerda: “Todavía lo sueño. En el primer gol yo cabeceo un centro, y Giraudo vuela, con mano cambiada la alcanza a sacar, pero Rodrigo (Liendo) aprovecha el rebote y la manda al fondo del arco. Ellos empatan con un penal de Cardona. En el inicio del segundo tiempo, ellos despejan un tiro libre de Echevarría, y Ariel Berterame me mete un pase ‘quirúrgico’ y mano a mano defino de zurda. ¡Fue el gol de mi vida!”.

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