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Un pueblo dividido por 2 pasiones

Explicó que "el proyecto de Defensores era muy bueno, pero la gente quería a Rivadavia o a Colón. Entonces estaban los pro y los contra"

Describe Claudio Biasuzzi que “es diferente en los pueblos ahora, porque mi hijo, por ejemplo, juega en la escuelita que conduce Ricardo Serda en Rivadavia. En mi época no fue fácil poder hacer las inferiores, porque había que buscar chicos de otros pueblos vecinos, y no era fácil llegar a once”.

Igualmente, recuerda “el cariño de ‘Piti’ Degiovanni, que siempre estuvo al frente de los chicos club, y de Hugo Beltramino. ‘Lechuzín’ fue el DT y un colaborador histórico del club. Me dirigió de pibe y en una reserva en la que logré mi primer título en Rivadavia”.

Con relación a su trayectoria dijo que “salvo un año que fui a Ticino, siempre jugué en Rivadavia. Hubo cuatro años de paréntesis, porque me fui a estudiar Ciencias Económicas a Río Cuarto, pero cuando volví pude reanudar mi sueño de jugar en primera en mi club”.

Contó que “en 1997 regresé al fútbol y fui campeón con la reserva. Eso me entusiasmó para poder jugar en Primera. Y lo logré”.

Destaca que “nosotros en inferiores sólo tratábamos de formar un grupo, y sin presión alguna por ganar, entrábamos a la cancha a divertirnos y a jugar. Lo mejor era estar contenidos en el club y ganáramos o perdiéramos por goleada, teníamos nuestra Coca y el choripán al finalizar el partido”.

Indicó que “la presión a esa edad conduce a frustraciones tempranas. Cuando se juega en primera se conoce la presión, pero ese bajón cuando no ganás un clásico o un título, si lo empezás a sentir en inferiores, te conduce a dejar de jugar. He visto pibes que dejaron el fútbol por frustrarse o golpearse”.

Remarca que “con mi hijo fui a ver el Mundialito y recordé mis tiempos en El Porvenir. Fui a la cancha, que ahora tiene césped, y nosotros con ‘Chiche’ Echeverría pasamos momentos muy lindos”.

Destacó que “mi hijo no es delantero. Es mediocampista y prefiere que no le hagan goles a convertirlos, pero le gusta y se divierte”.

Precisó que “mi señora Silvia es odontóloga y tengo dos hijos: Sofía (11) y Agustín (7). Preferí darles más tiempo a ellos los fines de semana y acompañarlos, antes de seguir jugando al fútbol en el Comercial, donde también jugué apenas me retiré”.

Agregó que “mi señora estuvo en la cancha cuando le ganamos esa final a Colón en 2007, pero mis hijos lo recordarán por fotos o recortes periodísticos”.

Cuidar a los viejos

Más allá del mensaje de cuidar a los adultos, Biasuzzi recuerda que “mis padres no fueron a Plaza Ocampo a aquella final. La presión era grande y eligieron seguirlo por radio. ¡Me dijeron que fue peor!”.

Destacó que “mi mamá me acompañaba siempre en inferiores, pero mi papá iba a la cancha cuando yo empecé a jugar en reserva y primera. Era hipertenso y prefirió quedarse en casa aquel día”.

Acotó que “cuando llegué al club nos dimos un abrazo grande. Fue emocionante porque en aquel momento sólo podía imaginarse lo que le decía el relator por la radio. Sufrió un montón”.

Agregó que “es lindo ver ahora 30 pibes en la escuelita de fútbol. La paciencia y pasión de Ricardo Serda con los chicos es resaltable. Por eso valoro el trabajo de formación. Antes era difícil en Cabral”.

Resalta que “conmigo jugaron Sebastián Caroni y Gustavo Menta, pero después llegaron los más grandes como Alcalino, Vincenti o Berardo, o los más chicos. No fue fácil, porque en los pueblos se armaban menos categorías y eran pibes de diferentes edades”.

Indicó que “después de ir a estudiar a Río Cuarto, volví de viejo. La idea era tomarlo como una distracción, porque me gustaba el fútbol, pero ser campeón de reserva, y hacer algunos goles, me crearon una expectativa diferente”.

Estimó que “Beltramino me cuidó. Me dice siempre ‘yo te llevé a la gloria’. No me tocó jugar rápido en primera. Me costó agarrar vuelo, máxime que en esa época se produjo la alianza de los dos clubes, y se formó el proyecto Defensores de Arroyo Cabral durante 2000 y 2001 con Jorge Molina”.

Señaló que “se disolvió en 2003, después de no poder ganar un campeonato. Yo creo que si Defensores hubiese ganado el Provincial o el torneo de la Liga, hoy no estaríamos hablando de mi gol en el clásico en 2007. Era un buen proyecto, pero la gente era de Rivadavia o de Colón. Entonces, Arroyo Cabral siempre seguía dividido en dos pasiones, entre los pro Defensores y los anti Defensores”.

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