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"El fútbol es belleza"

El Bambino Veira es uno de los personajes más llamativos del balón pie argentino

El 2 de Junio de 1946, se jugó la sexta fecha del Campeonato de AFA. Era la temporada de Farro, Pontoni y Martino. El de San Lorenzo campeón. Para muchos, uno de los grandes equipos de la historia.

Cuatro días antes, un recién nacido, alegraba un hogar porteño.

Por la sexta fecha, jugaron San Lorenzo y Huracán. El bebé balbuceaba y no le entendían, que en plena rivalidad, él iba a ser capaz de unir a "quemeros" y "cuervos", en la simpatía por su persona., en las sonrisas que despertaría su juego y sus anécdotas de vida.

Huracán le ganaba de visita al Ciclón tres a dos y Héctor Rodolfo Veira cumplía cuatro días desde su nacimiento.

Esa tarde en Boedo marcaron Farro y Zubieta de penal para los azulgranas y el Globo ganó con uno de Tucho Mendez y dos de Alfredo Di Stéfano, nada menos.

El 29 de Mayo de 1946 nació el Bambino. Y Héctor Veira, personaje del balompié nacional, tiene un largo sendero hacia atrás, poblado de goles, chanfles y picardías.

Debutó en primera el 3 de Noviembre de 1963, cuando San Lorenzo derrotó tres a cero a Velez con dos goles de Telch y uno de Carotti. Sus compañeros fueron: Irusta, Cancino y Ruiz; Santamaría, Telch y Albrecht; y compartió la línea delantera de 5 con Facundo, Rossi, Carotti y Casa.

Su primer gol lo marcó a la fecha siguiente ante Banfield, cuando igualaron dos a dos en el sur. Su experiencia, su corta aparición en primera, no tuvo un final de año agradable. En la última fecha, Independiente ganó el torneo en un final bochornoso, derrotando al Ciclón 9 a 1. El Bambino había abierto el marcador a los 20 minutos lo que le brindaba la chance a River de ser campeón. Pero un pésimo arbitraje de Velarde, le quitó seriedad al juego. Veira fue sacado de la cancha por una falta de Navarro, y Rolan se encargó de Telch ante la pasividad del juez. El cotejo finalizó con los jugadores que le quedaban a San Lorenzo haciendo huelga, mientras los del rojo hacían un gol tras otro.

A partir de allí, la leyenda de los “carasucias”, lo tuvo como integrante de un equipo que le pintaba la cara a los grandes y era capaz de perder contra conjuntos menos encumbrados. Junto al Nano Areán, al Loco Doval y a Victorio Casa, compuso un grupo de jugadores que fueron famosos dentro y fuera de la cancha. Que reían del fútbol y de la vida y que aún hoy, son motivo de cuentos y anécdotas.

En 1965 fue convocado a la selección en donde llegó a jugar dos partidos. El primero en cancha de River ante Bolivia por las eliminatorias al mundial de Inglaterra con Minella de técnico. Triunfo cuatro a uno con dos goles de Bernao y dos de Ermindo Onega. El equipo fue Roma; Ramos Delgado y Vieitez; Ferreiro, Rattín y Albrecht; Bernao, Ángel Rojas, Veira, Onega y Mas. El otro encuentro para la Nacional lo jugaría recién en 1967, también ante Bolivia por la Copa América en Uruguay. Uno a cero, tanto de Bernao. La lesiones le impidieron al “Bambino” tener continuidad en el combinado nacional.

Ya sus chanfles en los tiros libres eran famosos. Los dibujos que de cada conversión hacía la revista Sport, señalando la trayectoria de la pelota con una línea negra, dejaban ver, la perfecta curva que trazaban sus remates antes de meterse en el ángulo rival. Una tarde de Noviembre del 67, por el Nacional de ese año, le marcó cuatro goles a Boca en un tiempo. La víctima fue Antonio Roma y los cuatro goles los hizo entre los 5 y los 34 minutos de la primera etapa. El partido finalizó así. Cuatro a cero.

Jugó en San Lorenzo entre el 63 y 69, regresando en el 72 y 73. Y lo que marcábamos en el inicio: fue jugador de Huracán entre el 70 y 71, rindiendo a la perfección, tanto que en ese tiempo marcó 21 goles. Entre su dos periplos, en el “Ciclón”, hizo 68.

Jugó en Brasil, México, España, Guatemala y Chile, donde se retiró. Su última aparición en canchas argentinas, había sido con Banfield en el 74, donde hizo 9 goles.

El vistoso y alegre jugador, que hasta llegó a ser extra de películas, le dio lugar, a un muy buen técnico. Sus primeros pasos los dio de la mano de Don Carmelo Faraone en Ferro, All Boys y Banfield; equipo del que se hizo cargo en Primera B.

San Lorenzo tomó nota del cariño que sus hinchas sentían por el otrora ídolo en cancha y lo contrató para el Metropolitano 1983, donde fue subcampeón, ahí nomás, detrás de Independiente que ganó el Torneo. Fue ese del Ciclón, un conjunto que iba al frente como pocos. Allí apareció River. Y un Bambino histriónico, en technicolor, que ganó todo con la banda roja. Aquí, en América y el mundo.

Volvió a San Lorenzo para ganar la liguilla del 88, pasó por Velez en el 90 y por el Cádiz, donde contrajo hepatitis y vio frustrado su trabajo en Europa.

Llegaron los duros tiempos de su situación penal, la justicia, la cárcel y los cánticos hirientes en cada cancha. Veira, a su manera, se bancó lo que vino y asumió la pena.

En el 95, llegó el campeonato que San Lorenzo ganó después de 21 años, la noche del gol del Gallego González en Rosario. La imagen del Bambino llorando al costado de la cancha en Arroyito, recorrió el país. En el 97 fue a Boca, en donde por muy poco no pudo contra un River que ganaba todo. El técnico lograba en poco tiempo la consideración del ambiente. Motivador, inteligente y buen estratega, bien acompañado por el Nano Areán.

Sus frases recorrieron los medios, desde los vestuarios y las canchas. "Acá asaltaron a Rambo." (alrededores de la cancha de San Lorenzo). "Nene...a mi me gusta tanto la noche...que al día le pondría un toldo.". "Lindo Manizales...pero acá...acá nació Tarzán.". "En Ibiza si te dormísss te hacen juicio.". "Nene, a vos te patean un colchón y te lo embocan en el ángulo.". "A la pelota la tratan tan mal que la internan después de cada partido.". Y sus más conocidas: "La base está." y "Para mí, el fútbol es belleza.". Y una más: “En vez de enseñarme a tocar el bandoneón, ¿por qué no me enseñaste inglés?”. Ja, ja, fue una frase que le escribí a mi viejo en una postal que le mandé desde Marbella. Acababa de conocer a una rubia preciosa, Miss Holanda o algo así, pero no nos podíamos comunicar de ninguna manera. No hablaba ni una palabra en inglés.”, contó alguna vez.

Y ahí anda. Se lo ve en la tele, con sus ojos brillando para explicar una jugada o contar una historia risueña. Para defender un jugador o analizar a la Selección.

Veira nació en el 46, una semana en la que jugaron San Lorenzo y Huracán, sus afectos de siempre: “Jugué en los dos, pero el amor que le agarré a San Lorenzo no se compara con nada. Antes era distinto. Yo metía el gol de San Lorenzo en el clásico y a la noche iba a jugar al billar a la sede de Huracán con Bonavena. ¡La misma noche del partido! Y no pasaba nada. Dirigió a Boca y River. Le pegaba de chanfle como pocos. El fútbol tiene un buen lugar para sus goles y sus historias risueñas.

A pesar de los años, de momentos vividos.

Osvaldo Alfredo Wehbe.

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