Deportes | salinas | fútbol | falleció

El "Loco" Salinas se llevó su magia y su carisma al cielo

A los 70 años dejó de existir un ídolo de Alumni. Fue campeón del mundo con Boca, jugó en River, Independiente, Chacarita y Argentinos Juniors

No habrá ninguno igual. Todos los que vivimos la etapa dorada de Alumni en la década del 80, sabemos que Carlos Horacio Salinas fue un ídolo único del “fortinero”, que revolucionó Villa María.

El “Loco” falleció ayer a los 70 años, pero vivirá por siempre en nuestros corazones. Un crack del fútbol, capaz de convertir el tercer gol y “romperla” en la primera final de la Copa Intercontinental que Boca ganó en Alemania.

Salinas jugó de 10 y para 10 ese partido que el “xeneize” goleó 3-0 en Alemania a Borussia Monchengladbach (Felman y Mastrángelo anotaron los otros goles del equipo del “Toto” Lorenzo), y quedó grabado en la historia del pueblo “bostero” como uno de los inolvidables “Héroes de Karlsruhe”.

Allí tocó el cielo con las manos, ese habilidoso tucumano que fue el menor de 7 hermanos nacidos en La Ciudadela, a 4 cuadras de la cancha de San Martín.

Sin embargo, jugaba en Gimnasia de Jujuy cuando enfrentó a la Selección Argentina (conocida como la Selección Fantasma) y se lo levaron a River (debutó en 1974).

Estaba loco en serio. En un entrenamiento se levantó la camiseta, y tenía la de Boca. No hubo otra opción que venderlo a Chacarita.

Estaba loco en serio. Enfrentó a Boca y se agarró a trompadas con el capitán Rubén Suñé, con el que se citó “para seguirla en la calle”. Un año después Boca lo compró a pedido de Juan Carlos Lorenzo. Fue campeón de América y del Mundo, hizo 18 goles (uno a Fillol en un clásico) en 129 partidos, y “La 12” lo amaba, pero estaba loco y le dieron 25 fechas de suspensión tras agredir al árbitro Abel Gnecco.

Regresó, pero lo echaban seguido, y Boca lo cedió a Argentinos Juniors en la inolvidable transferencia de Diego Maradona en 1981.

Estaba loco. Una vez, en Villa Giardino, en una pretemporada en Boca, lo vi ponerse una pelota en la cabeza y dar toda una vuelta alrededor de la cancha sin que se le cayera. Era un crack, un talentoso.

Pero también era rebelde y bandido. En Argentinos, le hizo el gol de penal que envió al descenso a San Lorenzo. “Ya me había comprado Independiente. Nadie quería patear ese penal en la final, pero si yo lo erraba, no pasaba nada, porque me iba al Rojo”.

Disputó 22 partidos e hizo 6 goles en Independiente. Pero estaba loco y lo vendieron a Colombia (Independiente Medellín y Deportivo Pereira). Jugó en Estados Unidos (en Miami) y en 1984 volvió para jugar en un Alumni que llenaba la Plaza todos los domingos.

Era un placer verlo. Una vez le vi tirar 3 caños en una misma jugada, e hizo goles inolvidables como aquellos a Unión San Vicente, pero lo que él hacía era no lo hizo nadie.

Afuera de la cancha era un bandido, pero también tenía carisma para ir a un café el domingo al mediodía, y vender entradas para el partido que se jugaba a la tarde.

Era un crack que cada vez que tocaba la pelota, levantaba a la tribuna como nunca vi a otro en Villa María. Su frase de cabecera fue “el fútbol es para los vivos”. Por eso siempre dijo que se hizo expulsar junto a Miguel Ludueña contra Belgrano, en el famoso partido que Alumni le ganó 2-1, y le cortó un invicto de 39 partidos al “Pirata”.

“El ‘Negro’ era el mejor de Belgrano, y yo iba a jugar más en Alumni. Lo hice calentar, y salimos ganando. Es para vivos el fútbol”.

Fue en 1985, y aunque luego jugó en Racing de Córdoba y volvió a Alumni en 1986, su vida deportiva ya no era la misma, y aunque cerró su carrera en Perú, en 1988 estuvo preso en Devoto, y luego intentó suicidarse. Una vida de loco.

“Tiré mi plata en putas y droga”, reconoció alguna vez algo triste y depresivo entre sus amigos, que sabían que no habrá otro igual.