En diálogo con la infectóloga del Hospital Regional Pasteur Soledad Frola, afirmó que la importancia de la vacunación radica en el beneficio individual y comunitario. Individual porque da la posibilidad de estar resguardados contra una serie de infecciones que hace décadas eran causa de muerte y comunitario porque evita que dichas enfermedades se contagien a más personas.
“Una vacuna no es discutible, no es algo que uno pueda elegir ponérsela o no porque el beneficio es tanto para la persona que es vacunada como para los que la rodean; el hecho de que yo esté vacunado y no me infecte hace que en el futuro tampoco vaya a contagiar”, dijo la doctora del Hospital y explicó que todas las enfermedades que tienen vacuna son enfermedades infectocontagiosas y que las dos intervenciones en salud más importantes de la historia, y que más bajaron la mortalidad a nivel mundial, son el agua potable y las vacunas.
Frola describió que en el caso que alguien no tenga ninguna vacuna, o le falten dosis se pierde el llamado efecto rebaño: “Un niño no es un ente que está aislado, vive en sociedad. Si esa persona no está vacunada es un riesgo para él y también es un riesgo para las personas que conviven porque se convierte en alguien que puede contagiar. Pero también pasa al revés, ese niño que no está vacunado es protegido por el resto de la comunidad que sí lo está. Pero si en vez de ser una persona cada 100 mil personas hay un porcentaje mayor, el efecto rebaño se debilita. Por eso cuantos más chicos haya sin vacunar más se pierde este efecto protector de la comunidad y es realmente un gran riesgo”.
La profesional explicó que los grupos de riesgo de contraer enfermedades más fácilmente son cuatro: los primeros son los recién nacidos y niños sobre todo menores de 2 años, los adultos mayores, los pacientes con las defensas bajas (inmunodeprimidos) y los viajeros también conforman el grupo de riesgo.
Manifestó que los recién nacidos reciben anticuerpos de la placenta de su madre durante el embarazo que los protegen durante los primeros 6 meses de vida. “Entre los 6 meses y los 2 años nuestro sistema inmune está inmaduro aún, y entonces no estamos protegidos. Por eso en esa etapa es cuando más tenemos que cuidar la vacunación”, dijo. Para el adulto mayor, esa inmunidad que los protege de enfermedades se va perdiendo con la vejez, por lo que también hay un esquema de vacunas que se deben cumplir para evitar complicaciones en la salud. En cuanto a los inmunodeprimidos, son pacientes con las defensas bajas, quienes son más propensos al contagio de cualquier afección, por ejemplo pacientes con cáncer o trasplantados, por lo que tienen vacunas especiales. Los viajeros también forman parte del grupo de riesgo porque ocurre que en algunas zonas haya enfermedades que no se encuentran en donde viva, entonces siempre hay que ver qué vacuna se necesita aplicar antes de viajar a determinado lugar.
La médica infectóloga dijo que el carnet de vacunación “termina a los 65 y no a los 12 como muchos creen”. Aclaró que hay vacunas “que son lógicas” hasta la edad pediátrica, otras en la adolescencia como la del HPV (Virus de Papiloma Humano) que conviene aplicársela antes de iniciarse en las relaciones sexuales, y otras para las que hay que seguir vacunándose durante toda la vida como la antitetánica, la de neumonía en los grupos de riesgo, la vacuna de la gripe, la de Hepatitis B para la que todos los adultos deben estar vacunados, la vacuna contra la fiebre hemorrágica argentina, y de la fiebre amarilla, entre otras. “Van apareciendo nuevas vacunas para enfermedades que antes no se cubrían, así que es algo que se va actualizando y es responsabilidad de todos vacunarse”, comentó la doctora.
Frola aseguró que Villa María tiene muy buena cobertura vacunal y que la ciudad es referente en todas las vacunas del calendario. “Por suerte trabajamos muy bien articulados con la Municipalidad, que sabe en cada barrio qué chicos ya están vacunados y quiénes no”, resaltó.
“Para mí y para todos los médicos en general vas a encontrar que esto no es negociable y es algo tan esencial. Yo lo comparo con ponerse el casco o el cinturón. A vos tampoco se te ocurriría dejar a tu hijo en la pileta cuando no sabe nadar sin algo que lo proteja de ahogarse. Esto es exactamente lo mismo. No vacunar a tus hijos podríamos decir que es una moda que está avanzando, pero que no tiene ningún fundamento científico. Es por estos grupos antivacunas que están volviendo a aparecer enfermedades que ya estaban erradicadas, como el sarampión, y provocan un retroceso para todo el avance en salud que hemos tenido mundialmente en este último siglo”, manifestó Frola.
La doctora también desmintió algunos de los argumentos del movimiento antivacunas vistos con mayor fuerza en otros países. El primer argumento trata de que es mejor inmunizarse padeciendo la enfermedad que a través de las vacunas y la profesional de la salud confirmó que las vacunas previenen complicaciones de las enfermedades: “Uno puede tener varicela a los 2 años y la varicela se cura sola, no necesita ni antibióticos, pero en un porcentaje no menor puede traer complicaciones posteriores, como complicaciones neurológicas, por ejemplo. Si yo evito la varicela desde un principio, voy a evitar la enfermedad y sus complicaciones de entrada. Lo mismo con el sarampión o la difteria. Por supuesto que la mayoría de las veces son enfermedades simples, pero esa enfermedad puede complicarse y yo puedo evitarlo poniéndome la vacuna a tiempo. Nadie te diría dejá que tenga meningitis y que se cure solo porque es una enfermedad mortal”.
El segundo argumento planteaba que las vacunas contienen mercurio, un metal muy tóxico y peligroso para ingresarlo al cuerpo, a lo que la médica respondió que es un componente antiguo en vacunas, y que la mayoría no contienen mercurio, sino que se hacen con Timerosal o con un derivado del mercurio, cuyo componente tóxico es ínfimo. Se asocia al mercurio con las reacciones adversas, explicaba Frola, pero que en realidad éstas puede que ocurra 1 en 100.000 o bien 1 en 1.000.000, por lo que las reacciones adversas a las vacunas no son frecuentes. Por otro lado, para que una vacuna pueda salir al mercado tiene que responder a pasos y protocolos sumamente estrictos, mucho más que cualquier otra medicación. Para aprobarse una vacuna, se analiza en un período de entre 10 y 25 años en el que se comprueba que sea segura para quienes la reciban, se calcula la dosis correcta y que realmente funcione contra la enfermedad. “Hay muchas vacunas que se han ido procesando, analizando y han quedado en el camino por ser inseguras, entonces es falso que somos conejitos de indias, que a nuestros hijos les estamos poniendo algo que no sabemos si funciona, o que es el mercado el que nos lo quiere imponer. Siempre que una vacuna sale al mercado vienen mínimo 10 años de estudio detrás de esa vacuna”, declaró.
El tercer argumento de los grupos antivacunas consta de que las vacunas causan autismo. La infectóloga explicó sobre esto que en los ’90 un investigador realizó un trabajo científico que llegó a salir en revistas internacionales, en el que aseguraba según los cálculos que había hecho que el autismo estaba relacionado con la vacuna de la rubeola, sarampión y paperas. La investigación fue revisada y los cálculos eran inconclusos. El autor, Andrew Wakefield, resultó trabajar para una empresa que quería sacar del mercado esa vacuna, por lo que se le pagó para plantearse en contra como perito de parte. El médico autor y su investigación fueron desprestigiados, y se le removió su matrícula profesional. “Este es un caso muy conocido de una información falsa que circuló y que después quedó en el inconsciente colectivo”, concluyó Soledad Frola.
Niños no vacunados en la ciudad
Afortunadamente, el porcentaje de niños no vacunados en Villa María, y en general en el departamento General San Martín representa el 0,2%, según confirmó la enfermera encargada del Programa de Vacunación del Hospital Pasteur y del departamento Gral. San Martín, Andrea Pajón. “A mi en la campaña de vacunación me pasó sólo con 2 casos, y en ambos fueron convencidos de vacunar. Para uno, pude convencer a la mamá en una localidad cercana, y en el otro tuvo que ir la asistente social del hospital con la psicóloga hasta la casa, y ahí los disuadieron a los padres, así que no hizo falta llegar a instancias superiores; ese caso fue difícil pero pudimos llegar a vacunar”, recordó Pajón y explicó que son varias las instancias para llegar a la vacunación de los niños a los que no quieren vacunar. La primera es convenciendo a los padres con la palabra en el momento, luego se hará presente el trabajador social y un psicólogo, y si persiste se presentará un asistente social en el domicilio ya sea con algún enfermero o vacunador.
Pajón dijo que en general en el departamento San Martín “por suerte es muy baja la cantidad de grupos de padres antivacunas que hay en la zona” y que las coberturas en vacunación “son altísimas en todos los grupos de chicos a vacunar”. Admitió que es muy buena la predisposición de los padres y que estos entienden que la vacuna es para prevenir enfermedades, por lo que el grueso lleva a los chicos a los vacunatorios a tiempo. La ciudad, describió, tiene un sistema en el que, si no van en la época que le corresponde al niño acorde a la edad, van a domicilio y los vacunan.
Además, remarcó que la campaña de sarampión-rubeola que se llevó a cabo en octubre y noviembre del año pasado tuvo unas tasas altísimas en el departamento: se vacunó al 100% de los niños de entre 1 y 3 años, al 99,5% de niños de 4, y al 97,8% de los niños de 2 años (la campaña estuvo destinada a niños de entre 1 y 4 años. “Se vacunaron 11.000 chicos y eso da inmunidad de rebaño en caso que hubiera algún chico sin vacunar porque está cubierta casi toda la población”, analizó la enfermera.
Pajón quiso agregar que ya están todas las vacunas disponibles en cada vacunatorio oficial para aplicárselas a niños que lo requieran para el ingreso escolar.
Aspecto legal
Por otro lado, según dijo el juez de la Cámara de Apelaciones en lo Civil, Comercial, de Familia y Contencioso Administrativo de Villa María, Alberto Domenech, las vacunas por ley son tema de salud pública y conforman por ello como un derecho esencial del niño.
“Los derechos del niño en cuanto a la vacunación llaman a mantener la salud. La salud es uno de los derechos fundamentales de todos los seres humanos. La vacunación tiende a la prevención de enfermedades, entonces el derecho resguardado sin duda es la salud y, por consiguiente, el derecho a la vida”, afirmó el juez.
Dijo también que la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha pronunciado que la vacunación es un tema de salud pública y que excede el ámbito íntimo de las personas porque afecta a terceros, por lo que no se trata de una opinión ni una decisión personal. El profesional explicó que el ámbito íntimo de las personas está protegido por la Constitución Nacional en el artículo N°19, el que relata que las acciones privadas de los hombres están exentas de las autoridades de los magistrados siempre y cuando no afecten a terceros. No vacunarse puede afectar a la salud propia y la de terceros, lo que la descarta como cuestión íntima y la ubica en la salud pública. Es por eso que la Corte Suprema declaró en 1983 la obligatoriedad de la vacunación contra enfermedades prevenibles.
El abogado manifestó que una persona podrá no colocarse una vacuna por sólo razones médicas contundentes: “Los sistemas de vacunación son un diseño de salud pública sobre bases que no son estrictamente legales, sino que son justamente médicas. Los planes de salud los establece el Estado, y hay vacunas obligatorias y otras optativas. Para las obligatorias obviamente se hacen planes y se vacunan a todas las personas. Cuando hay una oposición de los padres hay que diferenciar si es una oposición por un motivo médico o no. Si el motivo médico tiene una razón suficiente -como por ejemplo alergia a algún componente o incompatibilidad con medicamentos para otra enfermedad-, las autoridades sanitarias lo evaluarán y podrán no vacunar. Ahora bien si se tratase solamente de un deseo de no vacunar por una creencia general la vacunación sucederá porque no es una decisión personal cuando afectará al resto que lo rodean”.
El abogado también explicó que en las inscripciones anuales las autoridades escolares controlan que los carnet de vacunación estén completos, y que la mayoría de los padres “se ponen contentos” porque la vacunación se dé en la escuela, pero es posible que un padre sistemáticamente evite vacunar a su hijo, pero que tarde o temprano la institución advierte la situación y avisa a Salud Pública y desde ahí se intima a los padres. Es en esas instancias donde han resultado fallos judiciales donde los padres han terminado siendo obligados a vacunar a sus hijos en pos de su salud y la de quienes los rodean. La situación es complicada, dijo, cuando un niño está totalmente fuera del sistema de escolarización, ya que los controles no son tan rigurosos.
En un apartado de la Corte Suprema de Justicia de la Nación se revela: “El ejercicio de la responsabilidad parental no es absoluto sino que encuentra como límite el interés superior del niño”, y que “es un deber del Estado asegurar la salud, y es aquí donde se produce la colisión entre la autonomía de los padres de elegir el sistema de salud con el que protegerán a sus hijos y la obligación del Estado de garantizar el acceso a la misma a todos los niños”.
Sin ir más lejos, en enero pasado la Justicia porteña ordenó a una pareja a vacunar a su hijo recién nacido contra la hepatitis B y tuberculosis. Sus padres se negaron a que fuera inmunizado exponiendo que vacunarlo tiene efectos secundarios como la muerte súbita. Incluso presentaron un certificado médico que avalaba su punto de vista.
El hecho tiene muchos precedentes, en los que siempre se respetaron los derechos e intereses de los niños por encima de los intereses de los progenitores. La vacunación está avalada por organismos de salud nacionales e internacionales.
Lara Martínez Bollo. Redacción Puntal
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Frola describió que en el caso que alguien no tenga ninguna vacuna, o le falten dosis se pierde el llamado efecto rebaño: “Un niño no es un ente que está aislado, vive en sociedad. Si esa persona no está vacunada es un riesgo para él y también es un riesgo para las personas que conviven porque se convierte en alguien que puede contagiar. Pero también pasa al revés, ese niño que no está vacunado es protegido por el resto de la comunidad que sí lo está. Pero si en vez de ser una persona cada 100 mil personas hay un porcentaje mayor, el efecto rebaño se debilita. Por eso cuantos más chicos haya sin vacunar más se pierde este efecto protector de la comunidad y es realmente un gran riesgo”.
La profesional explicó que los grupos de riesgo de contraer enfermedades más fácilmente son cuatro: los primeros son los recién nacidos y niños sobre todo menores de 2 años, los adultos mayores, los pacientes con las defensas bajas (inmunodeprimidos) y los viajeros también conforman el grupo de riesgo.
Manifestó que los recién nacidos reciben anticuerpos de la placenta de su madre durante el embarazo que los protegen durante los primeros 6 meses de vida. “Entre los 6 meses y los 2 años nuestro sistema inmune está inmaduro aún, y entonces no estamos protegidos. Por eso en esa etapa es cuando más tenemos que cuidar la vacunación”, dijo. Para el adulto mayor, esa inmunidad que los protege de enfermedades se va perdiendo con la vejez, por lo que también hay un esquema de vacunas que se deben cumplir para evitar complicaciones en la salud. En cuanto a los inmunodeprimidos, son pacientes con las defensas bajas, quienes son más propensos al contagio de cualquier afección, por ejemplo pacientes con cáncer o trasplantados, por lo que tienen vacunas especiales. Los viajeros también forman parte del grupo de riesgo porque ocurre que en algunas zonas haya enfermedades que no se encuentran en donde viva, entonces siempre hay que ver qué vacuna se necesita aplicar antes de viajar a determinado lugar.
La médica infectóloga dijo que el carnet de vacunación “termina a los 65 y no a los 12 como muchos creen”. Aclaró que hay vacunas “que son lógicas” hasta la edad pediátrica, otras en la adolescencia como la del HPV (Virus de Papiloma Humano) que conviene aplicársela antes de iniciarse en las relaciones sexuales, y otras para las que hay que seguir vacunándose durante toda la vida como la antitetánica, la de neumonía en los grupos de riesgo, la vacuna de la gripe, la de Hepatitis B para la que todos los adultos deben estar vacunados, la vacuna contra la fiebre hemorrágica argentina, y de la fiebre amarilla, entre otras. “Van apareciendo nuevas vacunas para enfermedades que antes no se cubrían, así que es algo que se va actualizando y es responsabilidad de todos vacunarse”, comentó la doctora.
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“Para mí y para todos los médicos en general vas a encontrar que esto no es negociable y es algo tan esencial. Yo lo comparo con ponerse el casco o el cinturón. A vos tampoco se te ocurriría dejar a tu hijo en la pileta cuando no sabe nadar sin algo que lo proteja de ahogarse. Esto es exactamente lo mismo. No vacunar a tus hijos podríamos decir que es una moda que está avanzando, pero que no tiene ningún fundamento científico. Es por estos grupos antivacunas que están volviendo a aparecer enfermedades que ya estaban erradicadas, como el sarampión, y provocan un retroceso para todo el avance en salud que hemos tenido mundialmente en este último siglo”, manifestó Frola.
La doctora también desmintió algunos de los argumentos del movimiento antivacunas vistos con mayor fuerza en otros países. El primer argumento trata de que es mejor inmunizarse padeciendo la enfermedad que a través de las vacunas y la profesional de la salud confirmó que las vacunas previenen complicaciones de las enfermedades: “Uno puede tener varicela a los 2 años y la varicela se cura sola, no necesita ni antibióticos, pero en un porcentaje no menor puede traer complicaciones posteriores, como complicaciones neurológicas, por ejemplo. Si yo evito la varicela desde un principio, voy a evitar la enfermedad y sus complicaciones de entrada. Lo mismo con el sarampión o la difteria. Por supuesto que la mayoría de las veces son enfermedades simples, pero esa enfermedad puede complicarse y yo puedo evitarlo poniéndome la vacuna a tiempo. Nadie te diría dejá que tenga meningitis y que se cure solo porque es una enfermedad mortal”.
El segundo argumento planteaba que las vacunas contienen mercurio, un metal muy tóxico y peligroso para ingresarlo al cuerpo, a lo que la médica respondió que es un componente antiguo en vacunas, y que la mayoría no contienen mercurio, sino que se hacen con Timerosal o con un derivado del mercurio, cuyo componente tóxico es ínfimo. Se asocia al mercurio con las reacciones adversas, explicaba Frola, pero que en realidad éstas puede que ocurra 1 en 100.000 o bien 1 en 1.000.000, por lo que las reacciones adversas a las vacunas no son frecuentes. Por otro lado, para que una vacuna pueda salir al mercado tiene que responder a pasos y protocolos sumamente estrictos, mucho más que cualquier otra medicación. Para aprobarse una vacuna, se analiza en un período de entre 10 y 25 años en el que se comprueba que sea segura para quienes la reciban, se calcula la dosis correcta y que realmente funcione contra la enfermedad. “Hay muchas vacunas que se han ido procesando, analizando y han quedado en el camino por ser inseguras, entonces es falso que somos conejitos de indias, que a nuestros hijos les estamos poniendo algo que no sabemos si funciona, o que es el mercado el que nos lo quiere imponer. Siempre que una vacuna sale al mercado vienen mínimo 10 años de estudio detrás de esa vacuna”, declaró.
El tercer argumento de los grupos antivacunas consta de que las vacunas causan autismo. La infectóloga explicó sobre esto que en los ’90 un investigador realizó un trabajo científico que llegó a salir en revistas internacionales, en el que aseguraba según los cálculos que había hecho que el autismo estaba relacionado con la vacuna de la rubeola, sarampión y paperas. La investigación fue revisada y los cálculos eran inconclusos. El autor, Andrew Wakefield, resultó trabajar para una empresa que quería sacar del mercado esa vacuna, por lo que se le pagó para plantearse en contra como perito de parte. El médico autor y su investigación fueron desprestigiados, y se le removió su matrícula profesional. “Este es un caso muy conocido de una información falsa que circuló y que después quedó en el inconsciente colectivo”, concluyó Soledad Frola.
Niños no vacunados en la ciudad
Afortunadamente, el porcentaje de niños no vacunados en Villa María, y en general en el departamento General San Martín representa el 0,2%, según confirmó la enfermera encargada del Programa de Vacunación del Hospital Pasteur y del departamento Gral. San Martín, Andrea Pajón. “A mi en la campaña de vacunación me pasó sólo con 2 casos, y en ambos fueron convencidos de vacunar. Para uno, pude convencer a la mamá en una localidad cercana, y en el otro tuvo que ir la asistente social del hospital con la psicóloga hasta la casa, y ahí los disuadieron a los padres, así que no hizo falta llegar a instancias superiores; ese caso fue difícil pero pudimos llegar a vacunar”, recordó Pajón y explicó que son varias las instancias para llegar a la vacunación de los niños a los que no quieren vacunar. La primera es convenciendo a los padres con la palabra en el momento, luego se hará presente el trabajador social y un psicólogo, y si persiste se presentará un asistente social en el domicilio ya sea con algún enfermero o vacunador.
Pajón dijo que en general en el departamento San Martín “por suerte es muy baja la cantidad de grupos de padres antivacunas que hay en la zona” y que las coberturas en vacunación “son altísimas en todos los grupos de chicos a vacunar”. Admitió que es muy buena la predisposición de los padres y que estos entienden que la vacuna es para prevenir enfermedades, por lo que el grueso lleva a los chicos a los vacunatorios a tiempo. La ciudad, describió, tiene un sistema en el que, si no van en la época que le corresponde al niño acorde a la edad, van a domicilio y los vacunan.
Además, remarcó que la campaña de sarampión-rubeola que se llevó a cabo en octubre y noviembre del año pasado tuvo unas tasas altísimas en el departamento: se vacunó al 100% de los niños de entre 1 y 3 años, al 99,5% de niños de 4, y al 97,8% de los niños de 2 años (la campaña estuvo destinada a niños de entre 1 y 4 años. “Se vacunaron 11.000 chicos y eso da inmunidad de rebaño en caso que hubiera algún chico sin vacunar porque está cubierta casi toda la población”, analizó la enfermera.
Pajón quiso agregar que ya están todas las vacunas disponibles en cada vacunatorio oficial para aplicárselas a niños que lo requieran para el ingreso escolar.
Aspecto legal
Por otro lado, según dijo el juez de la Cámara de Apelaciones en lo Civil, Comercial, de Familia y Contencioso Administrativo de Villa María, Alberto Domenech, las vacunas por ley son tema de salud pública y conforman por ello como un derecho esencial del niño.
“Los derechos del niño en cuanto a la vacunación llaman a mantener la salud. La salud es uno de los derechos fundamentales de todos los seres humanos. La vacunación tiende a la prevención de enfermedades, entonces el derecho resguardado sin duda es la salud y, por consiguiente, el derecho a la vida”, afirmó el juez.
Dijo también que la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha pronunciado que la vacunación es un tema de salud pública y que excede el ámbito íntimo de las personas porque afecta a terceros, por lo que no se trata de una opinión ni una decisión personal. El profesional explicó que el ámbito íntimo de las personas está protegido por la Constitución Nacional en el artículo N°19, el que relata que las acciones privadas de los hombres están exentas de las autoridades de los magistrados siempre y cuando no afecten a terceros. No vacunarse puede afectar a la salud propia y la de terceros, lo que la descarta como cuestión íntima y la ubica en la salud pública. Es por eso que la Corte Suprema declaró en 1983 la obligatoriedad de la vacunación contra enfermedades prevenibles.
El abogado manifestó que una persona podrá no colocarse una vacuna por sólo razones médicas contundentes: “Los sistemas de vacunación son un diseño de salud pública sobre bases que no son estrictamente legales, sino que son justamente médicas. Los planes de salud los establece el Estado, y hay vacunas obligatorias y otras optativas. Para las obligatorias obviamente se hacen planes y se vacunan a todas las personas. Cuando hay una oposición de los padres hay que diferenciar si es una oposición por un motivo médico o no. Si el motivo médico tiene una razón suficiente -como por ejemplo alergia a algún componente o incompatibilidad con medicamentos para otra enfermedad-, las autoridades sanitarias lo evaluarán y podrán no vacunar. Ahora bien si se tratase solamente de un deseo de no vacunar por una creencia general la vacunación sucederá porque no es una decisión personal cuando afectará al resto que lo rodean”.
El abogado también explicó que en las inscripciones anuales las autoridades escolares controlan que los carnet de vacunación estén completos, y que la mayoría de los padres “se ponen contentos” porque la vacunación se dé en la escuela, pero es posible que un padre sistemáticamente evite vacunar a su hijo, pero que tarde o temprano la institución advierte la situación y avisa a Salud Pública y desde ahí se intima a los padres. Es en esas instancias donde han resultado fallos judiciales donde los padres han terminado siendo obligados a vacunar a sus hijos en pos de su salud y la de quienes los rodean. La situación es complicada, dijo, cuando un niño está totalmente fuera del sistema de escolarización, ya que los controles no son tan rigurosos.
En un apartado de la Corte Suprema de Justicia de la Nación se revela: “El ejercicio de la responsabilidad parental no es absoluto sino que encuentra como límite el interés superior del niño”, y que “es un deber del Estado asegurar la salud, y es aquí donde se produce la colisión entre la autonomía de los padres de elegir el sistema de salud con el que protegerán a sus hijos y la obligación del Estado de garantizar el acceso a la misma a todos los niños”.
Sin ir más lejos, en enero pasado la Justicia porteña ordenó a una pareja a vacunar a su hijo recién nacido contra la hepatitis B y tuberculosis. Sus padres se negaron a que fuera inmunizado exponiendo que vacunarlo tiene efectos secundarios como la muerte súbita. Incluso presentaron un certificado médico que avalaba su punto de vista.
El hecho tiene muchos precedentes, en los que siempre se respetaron los derechos e intereses de los niños por encima de los intereses de los progenitores. La vacunación está avalada por organismos de salud nacionales e internacionales.
Lara Martínez Bollo. Redacción Puntal


