Ya no llueve. El barrio San Nicolás está casi desierto. Quedan, todavía, algunas horas para que anochezca. Las familias ya están en sus viviendas. Y tienen miedo.
“No somos dueños de nuestras casas”, dice una mujer que hace aproximadamente 30 años que vive allí. Y, con esas palabras, describe la situación que están viviendo, a la que califican como “angustiante” y “peor” desde hace 6 o 7 años.
Una pareja que no sabe qué hacer
El comedor del hogar es amplio. Hay cinco personas. Pero sólo habita el domicilio una pareja. El miércoles pasado fueron víctimas de un robo.
“Mirá el video”, dicen casi al unísono y una niña trae un teléfono.
El día del ilícito no estaban en su casa, pero a través del celular vieron cómo un joven ingresaba con total impunidad a su morada.
En el mismo domicilio, la pareja tiene un local comercial con el que se “defienden” día a día. Al respecto, en las imágenes registradas se observa cómo el joven, que aparenta unos 25 años, con gorra, el pelo largo y prendas de color rosa, intenta ingresar al comercio.
A pesar de no poder hacerlo, sí se apropió de pertenencias que se encontraban en el interior de la morada.
“Nosotros salimos tres o cuatro horas y, cuando vemos las cámaras, con el dispositivo en funcionamiento, el tipo se metió adentro y nos hizo pedazos todo”, sostuvo la damnificada con tristeza.
En esta dirección también describió que una de las habitaciones quedó hecha “un desastre”, al igual que una de las ventanas. Y no sólo eso, sino que también contó que encontró a sus perros golpeados.
Además, habló de las consecuencias de lo ocurrido porque nadie se hace cargo de los objetos destruidos. Y afirmó: “Tuve que andar recuperando las cosas por todos los campos y aún me faltan”.
Asimismo añadió: “Entonces, ¿qué tenemos que hacer? ¿Dejar la puerta abierta? Él se droga, pero no le vamos a hechar la culpa a eso. ¿A dónde está la justicia? Es lo que queremos saber nosotros”.
No es un dato menor el hecho de que, con este delito, ya son cuatro los lamentables episodios que sufrió la familia. Y a este se suman aquellos de los que fueron víctimas otros vecinos del sector. A la vez hay que agregar que, en todos los casos, se radicaron las denuncias correspondientes.
Vivir con miedo
“Ella está sola hasta las 11 que viene una de las hijas y se queda un rato”, cuenta el hombre. Y destaca que, además de estar mirando “todo el tiempo” las cámaras, la llama cada una hora para corroborar que todo esté bien. Y, seguidamente, hizo hincapié en que los delincuentes “tienen los ojos en todas las casas” y estudian los movimientos de los vecinos.
Es así que, inmediatamente, la mujer aporta: “Antes, cuando eran chicos, los problemas eran menores. Ahora son más grandes y, por ende, más grandes los problemas”.
“Sabemos quiénes son e incluso la Policía nos da nombres sin que nosotros le digamos”, manifestaron las víctimas y dijeron que los efectivos, siempre, cumplieron con su trabajo.
En contrapartida, sostuvieron que no se realiza el trabajo pertinente desde la Fiscalía. “Gastamos 500 en un pendrive para dárselo al fiscal. Y ahora queremos saber qué va a pasar porque no estamos seguros de nada”, comentaron con gestos de resignación. Y sentenciaron: “Que no me digan que no tienen pruebas de nada porque tienen las suficientes”.
Termina el diálogo y el desconsuelo sigue en los ojos de la familia que, cansada, cuenta que el joven que se ve en el video fue detenido, como se dijo al inicio, el miércoles de la semana anterior y quedó en libertad este lunes.
Pero lo más grave es que camina por las cuadras donde viven sus víctimas. “Estuve de vacaciones y nadie me llevó nada”, les dice. Y sigue como si nada.
Franco Gerarduzzi. Redacción Puntal Villa María.
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Una pareja que no sabe qué hacer
El comedor del hogar es amplio. Hay cinco personas. Pero sólo habita el domicilio una pareja. El miércoles pasado fueron víctimas de un robo.
“Mirá el video”, dicen casi al unísono y una niña trae un teléfono.
El día del ilícito no estaban en su casa, pero a través del celular vieron cómo un joven ingresaba con total impunidad a su morada.
En el mismo domicilio, la pareja tiene un local comercial con el que se “defienden” día a día. Al respecto, en las imágenes registradas se observa cómo el joven, que aparenta unos 25 años, con gorra, el pelo largo y prendas de color rosa, intenta ingresar al comercio.
A pesar de no poder hacerlo, sí se apropió de pertenencias que se encontraban en el interior de la morada.
“Nosotros salimos tres o cuatro horas y, cuando vemos las cámaras, con el dispositivo en funcionamiento, el tipo se metió adentro y nos hizo pedazos todo”, sostuvo la damnificada con tristeza.
En esta dirección también describió que una de las habitaciones quedó hecha “un desastre”, al igual que una de las ventanas. Y no sólo eso, sino que también contó que encontró a sus perros golpeados.
Además, habló de las consecuencias de lo ocurrido porque nadie se hace cargo de los objetos destruidos. Y afirmó: “Tuve que andar recuperando las cosas por todos los campos y aún me faltan”.
Asimismo añadió: “Entonces, ¿qué tenemos que hacer? ¿Dejar la puerta abierta? Él se droga, pero no le vamos a hechar la culpa a eso. ¿A dónde está la justicia? Es lo que queremos saber nosotros”.
No es un dato menor el hecho de que, con este delito, ya son cuatro los lamentables episodios que sufrió la familia. Y a este se suman aquellos de los que fueron víctimas otros vecinos del sector. A la vez hay que agregar que, en todos los casos, se radicaron las denuncias correspondientes.
Vivir con miedo
“Ella está sola hasta las 11 que viene una de las hijas y se queda un rato”, cuenta el hombre. Y destaca que, además de estar mirando “todo el tiempo” las cámaras, la llama cada una hora para corroborar que todo esté bien. Y, seguidamente, hizo hincapié en que los delincuentes “tienen los ojos en todas las casas” y estudian los movimientos de los vecinos.
Es así que, inmediatamente, la mujer aporta: “Antes, cuando eran chicos, los problemas eran menores. Ahora son más grandes y, por ende, más grandes los problemas”.
“Sabemos quiénes son e incluso la Policía nos da nombres sin que nosotros le digamos”, manifestaron las víctimas y dijeron que los efectivos, siempre, cumplieron con su trabajo.
En contrapartida, sostuvieron que no se realiza el trabajo pertinente desde la Fiscalía. “Gastamos 500 en un pendrive para dárselo al fiscal. Y ahora queremos saber qué va a pasar porque no estamos seguros de nada”, comentaron con gestos de resignación. Y sentenciaron: “Que no me digan que no tienen pruebas de nada porque tienen las suficientes”.
Termina el diálogo y el desconsuelo sigue en los ojos de la familia que, cansada, cuenta que el joven que se ve en el video fue detenido, como se dijo al inicio, el miércoles de la semana anterior y quedó en libertad este lunes.
Pero lo más grave es que camina por las cuadras donde viven sus víctimas. “Estuve de vacaciones y nadie me llevó nada”, les dice. Y sigue como si nada.
Franco Gerarduzzi. Redacción Puntal Villa María.


