Con 38 años al inicio de la Copa del Mundo, Messi continúa siendo el motor futbolístico y emocional del equipo de Lionel Scaloni. Su presencia en Inter Miami le permite administrar el desgaste, aunque su aporte en la Selección será más selectivo: menos continuidad, más precisión y liderazgo en momentos decisivos. Nadie en el cuerpo técnico imagina un Mundial sin él, pero su participación será distinta a la de Qatar.
En defensa, Otamendi —que llegará a los 37— mantiene competitividad en Benfica, aunque la posición demanda esfuerzos explosivos y reacción constante. Su rol de guía será clave dentro de un grupo donde los centrales jóvenes ya se consolidan: Cristian Romero como pilar, Lisandro Martínez, Leonardo Balerdi y una camada que busca afianzarse.
El caso de Ángel Di María ya está definido: anunció que no estará en 2026. Su ausencia deja un vacío generacional en los extremos, un puesto en el que Argentina prueba variantes sin un heredero absoluto en cuanto a jerarquía.
Otros campeones como Marcos Acuña, Guido Rodríguez y Franco Armani aparecen con pocas chances por edad, ritmo y el crecimiento de nuevos talentos que ganan terreno en cada convocatoria.
El desafío, coinciden en el cuerpo técnico, tiene una dimensión emocional. La identidad construida durante el ciclo campeón convive ahora con la necesidad de renovar sin romper. Por eso Scaloni apunta a un equilibrio: sostener el valor simbólico de los históricos mientras potencia a figuras como Enzo Fernández, Julián Álvarez, Alexis Mac Allister y el propio “Cuti” Romero, llamados a liderar la próxima etapa.
Argentina se prepara así para un ciclo que mezcla legado, recambio y competencia interna, con la mira firme en el Mundial que está cada vez más cerca.