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“Un abrazo de tango derriba todas las barreras que te puedas imaginar”

En conmemoración del Día Nacional del Tango, el ballet del Instituto de Extensión (UNVM) actuará a las 21.30 en el Favio. Su directora, Yanina Zanellato, habló de un baile que, nacido en los patios del país, conquistó el mundo

Rara, como encendida, Yanina Zanellato ingresa en la Medioteca. Su pelo en bucles pelirrojos hace pensar en un cuadro renacentista; en alguna pintura de Botticelli para celebrar la primavera. Su carpeta bajo el brazo revela a la profesora que en pocos minutos entrará a dar clases en el Vera Peñaloza. Sin embargo, su modo de andar delata enseguida a la bailarina. No es sólo elegancia. No es sólo sensualidad. Es un modo de existir cuya marca indeleble es el tango.

“Cada uno baila con la carga emocional que trae, con la maduración personal o el momento de su vida en que está pasando...” dice Yanina cuando le pregunto por su estilo. Y agrega: “Si veo un video de cómo bailaba a los 18 años y cómo bailo ahora a los 33  después de haberme casado y tenido tres chicos, te diría que no tienen nada que ver. Hoy siento el baile muy diferente...”.

-¿Y en qué radica esa diferencia? 

-Digamos que tiene sus pro y sus contras. Cuando sos joven tenés todo el estado físico y toda la adrenalina para hacer lo que quieras, desde saltos hasta revoleos. Pero muchas veces pecás de ansiosa. En cambio cuando tenés más años, no sólo físicos sino de baile, la cosa cambia. Y yo creo que una bailarina de tango madura como el vino. Y entonces, ya de grande, salís a la pista y te plantes de otra forma. Tanto en la interpretación como en el manejo de los silencios. Y nada te inhibe. Ni el afuera ni la pareja que tengas en ese momento. Entonces podés decir “yo soy esto; yo  soy lo que estoy bailando”. Y no bailás para el afuera sino para vos. 

-¿Es siempre así?

-No, no siempre. Hablo de cuando bailás en una milonga y te das el lujo de improvisar. Pero si bailás en un teatro o una fiesta, la gente merece que te brindés por entero porque pagó una entrada. Digamos que el escenario no es el lugar para que improvises sino para que mostrés lo mejor de vos y que ya tenés aceitado. Y es lo que seguramente va a pasar esta noche cuando se presente nuestro ballet, “Pasional Tango”.

-Contáme, entonces, cómo nace el evento de esta noche...

-Nosotros somos el ballet del Instituto de Extensión. Y el año pasado nos había quedado una deuda pendiente con la orquesta de Extensión también, “Cabulera” una formación de chicos jóvenes con mucho empuje. Así que lo pensamos para el Día Nacional del Tango, que fue el martes pero por una cuestión de lugar en el Favio se pasó para hoy. Así que ellos van a tocar en vivo y nosotros vamos a poner el baile. 

-¿Quiénes son los bailarines?

-Somos dos parejas, Melisa Gramet con Julio Cabrera por un lado, y mi esposo Alejandro Arregui y yo por el otro. También se suma Graciela Taquela, que además de ser una referente de la Psicología en la ciudad, cantará algo de jazz en vivo. También cantará el octeto vocal Yacumenza.

Yanina y Alejandro, pareja en la pista y en la vida

-¿Conociste a tu esposo por el tango?

-¡No, nada que ver! Yo bailaba desde muy chiquita. Y cuando en el 2004 volví a Villa María después de una gira por Suiza, nos conocimos en el boliche “Eme”... ¡Nada menos tanguero! (risas) Eso fue en junio o julio. Pero a fin de ese año y como hacíamos el cierre del taller de baile, lo invité. Se fascinó y me preguntó si podía ser mi alumno. Le dije que sí, que podía empezar al año siguiente pero que en el elenco sería uno más. Esa era la condición, pero privilegio (risas). 

-O sea que no baila con vos por ser “el marido de Yanina Zanellato” ¿no?

-¡Claro que no! De hecho, yo jamás estuve en pareja con un bailarín. Una cosa era la pareja de baile y otra, la de mi vida personal. Y nunca quise mezclar. Pero Alejandro terminó siendo un bailarín excelente. Y ahora somos pareja en la vida y en la pista. Digamos que rompí mi juramento (risas). Después empezamos a ir juntos a las capacitaciones a Córdoba o Buenos Aires.

Una mujer con “códigos”

-¿Cómo sentís el tango desde tu condición de mujer?

-Hace mucho tiempo que el tango dejó de ser machista. Cuando yo arranqué, todavía estaba muy implantada la idea de que el baile se relacionaba al cabaret y a las mujeres de “mala vida”. Pero cuando empecé a viajar a Córdoba, vi que la milonga podía ser un lugar muy familiar. En el mundo del tango, nunca nadie me faltó el respeto ni me hizo ninuguna indirecta o desubicación. Así que te puedo decir que el ambiente del tango fue absolutamente sano para mí. Y eso fue lo que intenté traer a Villa María desde la docencia. Incluso hoy vamos con mi marido y nuestros tres hijos a bailar tango.

-Decías que el tango dejó de ser machista...

-Sí. Y para graficártelo mejor te cuento una anécdota. En octubre fuimos a una competencia a Venado Tuerto y fue increíble ver a dos parejas de varón con varón y otra de chica con chica. Eso se usa cada vez más en las milongas y competencias. Y no implica una condición sexual de esos bailarines sino una elección estética o de comodidad en el baile. No sólo el tango dejó de ser machista sino que empezó a ser un ámbito realmente abierto. 

-No sólo a la sexualidad, sino a la franja etaria ¿no?

-Sí, porque el tango es para cualquier edad y para cualquier momento de tu vida. Yo siempre digo que el tango te espera y en algún momento de tu vida, te agarra y ya no te suelta. Así sea los 20, a los 70 o a los 6 años, como me pasó a mí.

-En la milonga hay muchos códigos, ¿cómo te llevás con eso?

-Hay códigos que en la sociedad se pierden pero que en el tango se siguen manteniendo, como pedir disculpas si te chocás una pareja o, en el caso de la mujer, nunca decirle que no al hombre que te saca a bailar. A lo sumo, lo acompañás dos temas y después te volvés a sentar. Pero no es ético que alguien que se cruzó toda la pista reciba un ´no´ como respuesta. A eso me lo enseñó Nelly, una milonguera de Córdoba que bailó hasta los 90 años. Muchos dicen que el tango es para hombres, pero a mí también me enseñó a ser mujer.

-¿Qué destacarías del tango como baile?

-El tango tiene algo que ninguna otra danza tiene. Y es el hecho de poder bailar con alguien que no conocés o con quien no hablás el mismo idioma y no tenés forma de entenderte. Sin embargo, un abrazo de tango derriba todas las barreras que te puedas imaginar. 

Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María.

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