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"El desafío tuvo un final supremo"

Silvio Munch destacó que "aquel equipo de Unión Central necesitaba revancha, porque nos había ido muy mal en la Liga. La dirigencia no quería participar, pero nos hicimos cargo y escribimos una página dorada en el club"

Silvio Munch tenía condiciones naturales increíbles como arquero, pero además supo aprender de grandes futbolistas y forjar una personalidad de referente y líder positivo de grupos.

Fue uno de aquellos héroes que le regalaron a Unión Central el título del torneo Provincial 2002, y tuvo una decisiva participación en la final ante Sportivo Colonia Tirolesa, atajando un penal en el cotejo de ida. Hacía 30 años (1972) que el “aurinegro” no gritaba campeón.

“Es uno de mis mejores recuerdos del fútbol. Ese torneo Provincial nos encontró en semifinales enfrentando a Argentino, en un duelo local que fue muy especial, ante mucha gente, y luego una final que será inolvidable, porque jugar bajo la lluvia y ganarle a un equipo invicto con un cierre de partido apasionante con dos penales cobrados en los 5’ finales, y después golearlo 5-0 en Plaza Ocampo no tiene precio. Fue un desafío, y una alegría suprema”, comentó.

Manifestó que “Oscar Olivera había armado un gran equipo en Unión Central en 2001, pero no hicimos la campaña esperada. Nos fue mal porque era un equipo con pretensiones para ganar el título. El ‘Oveja’ se fue, y había dejado un grupo humano muy lindo”.

Nos juntábamos siempre a la tardecita en el club, y un día llegó Marcelo 'Cucha' Araya y nos dijo que había plazas disponibles para jugar el torneo Provincial. La idea nos gustó a todos, y empezamos a buscar la forma

El primer paso fue “proponerle a Aureliano Sánchez que se hiciera cargo de la conducción táctica del equipo. ‘Pelé’ había formado parte del plantel, pero decidió dejar de jugar. Fue artífice de esta gesta. No quiero nombrar a los que nos dieron una mano para no olvidarme de nadie, pero todo ese grupo de amigos quería jugar el torneo”.

Cuando querer es poder

Convencer a la dirigencia de Unión Central no fue una tarea sencilla. “No querían saber nada, porque no había cerrado bien el torneo local para nadie. Hugo Bencivenga nos escuchó, pero había mucho rechazo entre los dirigentes, no porque no les gustara la idea sino porque podíamos endeudar al club. En una reunión le propusimos hacernos cargo de la participación, y dejar como garantía el pase de todos los jugadores que éramos libres. Si quedaba deuda, el club se quedaba con el pase de Delfino, Ariel Berterame, Miranda, Volmaro, yo y varios más. Así aceptó la comisión”.

Las condiciones no eran las mejores, pero “entrenamos en la cancha de Sarmiento. Fue todo a pulmón, y no había ni para comprar pelotas. Fuimos generando, hubo aportes de gente que nos ayudó, y a los ponchazos arrancamos con los profes Jorge Alvez y Federico Carlstrom. Nació de la nada, y terminó con un título”.

La historia parece increíble, pero “sólo queríamos jugar el torneo, nos había ido mal, y queríamos revancha. Era un grupo muy bueno, nos habíamos hecho muy amigos, nos juntábamos siempre en el club, y después ‘Pelé’ Sánchez abrió un pub en la zona de la Costanera, y fue otro lugar de encuentro. Estábamos juntos todo el día”.

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Pasan los años, y los héroes de aquel Provincial 2002 se continúan reuniendo. En la imagen, distinguidos por dirigentes de Unión Central. 

Pasan los años, y los héroes de aquel Provincial 2002 se continúan reuniendo. En la imagen, distinguidos por dirigentes de Unión Central.

Enfatizó que “en lo que menos pensamos fue en la plata, porque sabíamos que no veríamos una moneda. Así fue, porque sólo nos entraron unos pesos al bolsillo en la final, después de pagar todas las deudas y asumir los costos de ese partido, nos repartimos la recaudación, que fue buena porque fue mucha gente a Plaza Ocampo”.

Insistió en que “aún hoy nos seguimos comunicando todos los días. Ese grupo era espectacular, y lo sigue siendo. En pleno verano entrenamos a full, y nos íbamos al río todos juntos. Empezó el campeonato, y fueron creciendo las expectativas. Fue todo muy lindo”.

“Ir a cancha de Villa Argentina fue un viaje a lo inesperado a Marcos Juárez, porque todos nos decían que era bravo, y la verdad es que fue muy bravo. Le ganamos claramente el partido, y tuvimos complicaciones para salir. A mí me insultaron los 90 minutos, y yo me reía. Después me querían matar porque decían que me burlaba”.

Acotó que “los vestuarios estaban en un rincón de la cancha, y uno se asomó a insultarnos por una ventana. ‘Chochito’ Formía lo atendió. No podíamos salir”.

Destacó que “también jugamos con San Carlos de Noetinger, otro buen equipo, pero Unión iba mejorando lo futbolístico, y la unión era fundamental. Aquel equipazo que había armado Oscar Olivera para la Liga, recién se afianzó y funcionó en el Provincial”.

Levantarse ante el golpe más duro

Mucho más especial resultó para Silvio Munch porque “mi mamá falleció antes del cruce de play off con Complejo Deportivo. El apoyo de mis compañeros fue impresionante. Siempre les estaré agradecido, porque fue un golpe muy duro en mi vida”.

Insistió en que “cada problema nos potenciaba. Había muchos comentarios en contra, y nadie creía en nosotros. Decían que no íbamos a pasar la primera fase, pero cuando la superamos, los cruces nos encontró muy fuertes. Ante Complejo de Justiniano Posse fue clave, porque fue el único partido que perdimos en el torneo, y nos levantamos. Nos estaban goleando 3-0 y terminamos perdiendo por 1 gol. En Plaza Ocampo empezamos perdiendo y se lo dimos vuelta. Fuimos a los penales, y pasamos de ronda. Allí nos dimos cuenta que podíamos ser campeones”.

Había que ir por todo

Aquel equipo plagado de dudas y buenos jugadores, de los que muchos habían participado en el elenco bicampeón de Sportivo Playosa en la Liga (1999 y 2000), otros en el subcampeonato del “albo” en el Interligas 2000, e incluso algunos (Velasco y Volmaro) formaron parte del Alumni campeón 2001 en el Interligas, ya era confiable.

No ingresaba un centavo, pero los jugadores se entusiasmaban, pese a lo duro de practicar sin cobrar. “Entrenar no se negociaba. Tuve la suerte de jugar en Alem y pasaba lo mismo con Morales, Agosto, Lauricella y Pedernera. No podías llegar a nada sin entrenar, era sagrado”.

El duelo clave pareció ante Complejo, aunque la gran victoria fue aquella ante los dirigentes. “Para nosotros fue un desafío, era una revancha de lo que había pasado en el torneo local. No había nada en contra de los dirigentes, pero nos había ido mal, y queríamos demostrar que podíamos. Se incorporaron muy pocos refuerzos al grupo”.

“De no tener una pelota, a este desafío de ser campeones que nos habíamos propuesto, faltaban pocos pasos. Cuando Sergio Casas hizo el gol de penal ante Complejo creció la confianza por superar una serie muy adversa, en la que siempre íbamos perdiendo, y que incluso pudo ser catastrófico en Posse porque nos echaron a ‘Beto’ Arena, pero terminamos ganando. Teníamos que ser campeones”.

Reconoció que “Argentino tenía un equipazo. El ‘Cholo’ Romero es mi tío, y Christian Romero mi primo. Son dos DT bárbaro, pero Christian era un jugador de otro nivel, y estaba muy bien rodeado”.

Fue otra final. Ganamos por 1 gol en la Plaza, y fue muchísima gente a cancha de Argentino, donde tuvimos que hacer un gran partido para pasar a la verdadera final

Manifestó: “En esos tiempos siempre Tirolesa llegaba a la final. Había ganado un par de títulos y en su cancha nunca habían perdido con equipos de Villa María. Le ganamos bajo una lluvia torrencial”.

“Tenían muy buen equipo. Por eso concentramos en Jesús María. Era una cancha chica, y la llenaban de gente. Allí no ganaba nadie. Fue palo a palo y faltando 5’ nos cobran un penal de Velasco a instancia del asistente. Lo atajé, y en el último minuto le hacen un penal a Casas, y Velasco lo convirtió. Tremendo”.

“En Plaza Ocampo se simplificó porque en 10’ hicimos dos goles. Esa noche nos salieron todas, y goleamos 5-0. Fue el final supremo de una historia que jamás olvidaremos. El desafío de un grupo de amigos que quedó en la historia”.