“Dios no habita en lugares asépticos y tranquilos, lejos de la realidad, sino que camina a nuestro lado y nos alcanza allí donde estemos, en las rutas a veces ásperas de la vida”, dijo el pontífice ante gran parte de los obispos del mundo.
A la eucaristía, en la que Francisco inauguró oficialmente el Sínodo de los obispos, fueron unas 3.000 personas, una cifra de fieles que no se veía congregada desde antes de la irrupción de la pandemia de coronavirus.
“Todo cambia cuando somos capaces de encuentros auténticos con Él y entre nosotros. Sin formalismos, sin falsedades, sin maquillajes”, indicó.
“El Espíritu nos pide que nos pongamos a la escucha de las preguntas, de los afanes, de las esperanzas de cada Iglesia, de cada pueblo y nación. Y también a la escucha del mundo, de los desafíos y los cambios que nos pone delante. No insonoricemos el corazón, no nos blindemos dentro de nuestras certezas”, agregó el Papa.
Finalmente, Francisco manifestó su deseo de “que este sínodo sea como un camino de discernimiento espiritual”, que no sea una “convención eclesial, una conferencia de estudios, un congreso político o un parlamento, sino un acontecimiento de gracia, un proceso de sanación guiado por el Espíritu Santo”.

