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River Plate: crónica del último club de barrio de Villa María

"Cuando yo jugaba, todo el barrio venía a la cancha. Los domingos arrancábamos con las inferiores a las 9 de la mañana  y terminábamos con la Primera a las 8 de la noche".

Entre la vieja vitrina con las copas de antaño y el póster del equipo del ´40 duerme la eterna gloria de River, el último “club de barrio” de la ciudad. 

Y compartiendo pieza como si fueran pensionistas pobres, también duermen las camisetas de entrenamiento de los chicos, las sillas de la asamblea y las pelotas de entrenamiento. Porque si hay algo que aprendió River en los últimos tiempos es a amucharse y esperar.

“Hace un tiempo que estamos viviendo así, en pleno achicamiento. Como tuvimos que alquilar el salón para generar ingresos nos mudamos acá con la secretaría, en estas dos piezas que aún nos quedan -comenta el presidente y símbolo del club desde 2011, José “Titino” Barrionuevo- Acá es la sede, el vestuario y el pelotero”.

Y acaso el mote riverplatense de “millonario” nunca sonó tan desfasado en la historia del club.

“Sin duda somos el equipo con menos presupuesto de la liga. Acá no cobra nadie. Ni el entrenador, ni los jugadores, ni los directivos.  Todos ponemos plata. Yo siempre digo que si estamos acá es por un sueño; el de volver a poner a River bien arriba. Los que no tienen capacidad de soñar no pueden estar en este club. Así de simple”.

-Hace mucho que River tiene problemas económicos ¿A qué se debe?

-A que los tiempos han cambiado. Cuando yo jugaba, todo el barrio venía a la cancha. Los domingos arrancábamos con las inferiores a las 9 de la mañana  y terminábamos con la Primera a las 8 de la noche. Compartíamos todo el día con esa gran familia que es o que era River. Pero fuimos perdiendo el barrio o el barrio dejó de venir. Hoy, si metemos 70 personas es un triunfo. Y necesitamos 100 para abrir la cancha y salir hechos...

-Son el último club que queda en su lugar original en la ciudad ¿Es un peso o un orgullo?

-Las dos cosas. Es un orgullo porque River es el barrio Almirante Brown y acá vivió sus mejores días. Pero con el crecimiento de la ciudad y el cambio de las costumbres nos fuimos quedando sin hinchas. Y es carísimo mantenerte en el centro y pagar los impuesto. Te da una impotencia bárbara porque recibimos un montón de chicos. Siempre hemos sido un club formador, un gran semillero. Pero no tenemos apoyo de ningún lado.

-¿Ni siquiera del Municipio?

-De ningún lado. Algunas veces el Municipio nos ha dado una mano pero es algo esporádico . Una plata con la que no podés contar. Y nosotros tenemos entre 40 y 50 mil pesos de gastos fijos por mes. Para que te des una idea, nos llegaron 8 mil pesos de luz  ¿Me querés decir cómo hacemos? Siempre estás corriendo de atrás...

-Los terrenos del club son codiciados. ¿Recibieron ofertas?

-Sí. Han venido cinco interesados y siempre les decimos lo mismo: que paguen de contado o nos construyan un complejo con dos canchas, sede y vestuario. Y cuando lo terminen le entregamos el predio.

-¿Y qué pasa si River pierde su casa?

-Sería muy triste porque nacimos acá y todos los títulos de nuestra historia los conseguimos acá, con su barrio y nuestra gente. Pero eso ya pasó hace mucho y esto es muy difícil de mantener. Y yo quiero la grandeza total para River. 

-¿Lo decís a nivel edilicio?

-Lo digo a todo nivel. Por eso necesitamos más infraestructura; una cancha auxiliar para entrenar y otra para jugar. Porque la que tenemos está ocupada de lunes a lunes. Por acá pasan 200 chicos por día, a la noche entrena la Primera y la Reserva y los domingos hay partido... Y eso que tuvimos que prescindir de tres categorías por falta de presupuesto... ¿Cómo vamos a tener la cancha con pasto y en condiciones?

-Cuando lo tiene es porque sos el jardinero y el que pinta las líneas de cal, ¿no es así?

-Y sí... Alguien tiene que hacer ese trabajo. Antes, cuando teníamos toda las categorías y venían más papás, nos daban una mano. Pero ahora somos 5 o 6 dirigentes para todo. Es mucho trabajo y cada uno tiene sus propias ocupaciones o negocios. Yo y tengo mi estudio de arquitectura. Desde que me acuesto hasta que me levanto yo sólo pienso en cómo vamos a llegar a fin de mes, poniendo plata del bolsillo con  mis compañeros... Pero vení que te muestro algo...-me dice la leyenda.

Las copas de la buena memoria

Y “Titino” me lleva a la sala de los trofeos. Allí en la vitrina veo “las copas de la buena memoria”. La más impresionante es la de 1959, la primera del tetracampeonato que River ganara hasta el ´62 -fue el primero en la historia de la liga.- A los cracks de ese equipo todos los recuerdan de memoria: Ermácora, Berterame, Flores, Daniel, Raspo, Pétcovich, Vivian, Álvarez... También hay un póster enmarcado con la formación del ´40, cuando el equipo vestía camisetas con botones, como Labruna y el “Charro” Moreno. Le digo que es el lugar ideal para la foto y “Titino” dice “no hay problemas, donde ustedes digan”. Y Gonzalo hace “click” y atrapa en un mismo cuadro toda la precariedad del presente rodeada por la oxidada, por fabulosa gloria del pasado como la efigie de una antigua moneda griega.

Luego, “Titino” me cuenta sus “días de gloria” en el club. 

“Fue cuando salimos campeones invictos  en el ´73. Si te contara lo que era esto... -dice. Y si estuviera menos endurecido, acaso Barrionuevo soltaría una lágrima. Pero no lo hace. De ninguna manera. Su rostro se parece demasiado al sufrido semblante de Máximo Gorki, el escritor ruso. Y “Gorki” en ruso quiere decir “triste, amargado”. Casi un símbolo de la situación actual del club. Sin embargo y como el soñador que es, “Titino” prefiere recordar la gloria.

“Yo tenía 15 años. Tuve la suerte de debutar de chico. Jugaba de 8 o de diez y era suplente. Adelante mío había unos cracks; el “Tonio” Carpintero al arco, el “Rafa” González, el “Pollo” Núñez, Carrario, Benejam, Giovanardi, Marabotto, Fassi, Tello... Al año siguiente me fui a jugar a Buenos Aires”.

“Titino” llegó hasta la Reserva de Huracá del ´75 y la de Argentinos Juniors del ´76, entrenando al lado de un tal Diego Maradona, René Houseman, César Ardiles y Miguel Brindisi. Luego, jugó en Acasuso y en Tigre, se recibió de arquitecto, se casó, tuvo hijos, se mudó a Huinca Renancó; pero algo faltaba en su vida. Y ese algo era volver a River, el equipo que lo formó como jugador y le regaló un campeonato cuando era un pibe del secundario. Volvió a la ciudad en el ´94 y desde entonces no dejó de trabajar en el club y de hablar de sueños. Y por eso esta, mi última pregunta.

-¿Cuál es el sueño de “Titino” Barrionuevo?

-Que River vuelva a ser gigante, que salga a jugar afuera de esta liga como alguna vez lo hizo Alumni. Nos sobra historia y jugadores para eso. Y mi otro sueño es que tengamos un gran estadio. Y lo quiero diseñar yo mismo. Además de pensar en cómo vamos a llegar a fin de mes, la otra cosa que hago es dibujar el predio y la cancha. Es con lo que sueño cada día de mi vida...



Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María

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