Villa María | Villa María | celeste | Blanco

Villa María sufrió y después festejó: la plaza volvió a teñirse de celeste y blanco

La "Infartoneta" volvió a hacer de las suyas. La Selección argentina sufrió hasta el último minuto para eliminar a Egipto y meterse en los cuartos de final del Mundial 2026

Uno de los tangos más característicos de la música rioplatense, “Naranjo en flor”, canción que escribió Homero Espósito hace poco más de 80 años, dice que “primero hay que saber sufrir”, para “después amar, después partir y al fin andar sin pensamiento”. La letra encaja casi a la perfección con el andar de la Selección Argentina en esta Copa Mundial de la FIFA.

Este martes, Villa María volvió a sufrir con el equipo de Lionel Scaloni, como contra Cabo Verde, pero todavía más. El llanto de una historia que parecía acabarse se transformó, de repente, en lágrimas de felicidad. Y como el sufrimiento fue enorme, también lo fue la alegría por seguir con vida en Estados Unidos. Ese sentimiento hizo que la Plaza Centenario se convierta en una fiesta, en un grito de desahogo, en un festejo interminable que se tradujo en orgullo nacional, porque la gente cantó “Soy argentino”, y porque repitió que “de la mano de Leo Messi todos la vuelta vamos a dar”.

Villa María sufrió y después festejó. Lo hizo en la calle, en los lugares de trabajo, subida a una de las cuatro fuentes de la Plaza Centenario, en sus autos, en sus motos, en sus bicis, a los “bocinazos”, con banderas y redoblantes, con bombas y mucho color, en los hombros de papá y en los brazos de mamá, en la esquina de siempre y con la celeste y blanca.

Fue desahogo por el partido pero también por el contexto, por el bolsillo que cada vez está más flaco, por el esfuerzo de cada día, por la tristeza que está pero por estos días se camufla, por ese inconmensurable amor que este pueblo le tiene al fútbol, por Messi y su último Mundial, por el sueño que no termina.

Al caer la tarde, la plaza del centro volvió a su estado natural y el silencio se hizo protagonista. El sábado a la noche, casi llegando al domingo, ese pulmón verde que descansa entre el gris de los edificios y las calles esperará nuevamente que la gente se vuelque para festejar una vez más, para que vuelva a formarse esa tan linda postal que se erige cada cuatro años, cuando la gente -a pesar de sus diferencias- se une para gritar con orgullo “Soy argentino”.