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La mayoría de los agresores sexuales “está dentro del grupo familiar”

Así lo aseguró Adriana Madrid, psicóloga y coordinadora del equipo técnico del Poder Judicial. “Es contradictorio que la persona que debe amparar, proteger y cuidar” del menor sea la que protagonice los episodios, señaló

Pasillos, puertas, escaleras y oficinas. Gente que mira y no comprende. Que pregunta y pregunta. Que sube y que baja. Que deambula. Que espera y no sabe qué. Que fuma. Que conversa. Tribunales es un laberinto. 

En el quinto piso del edificio que se erige en General Paz al 300, se encuentra la Cámara del Crimen. Sin embargo, en otro recoveco hay una habitación donde duele el silencio: la Cámara Gesell.

“Ya los hago pasar”, dice una de las personas que trabaja en alguno de los despachos que nos separa de ese cuarto donde los recuerdos se resisten.

Adriana Madrid no sólo es psicóloga sino que además coordina el equipo técnico del Poder Judicial que también está conformado por trabajadoras sociales y psiquiatras, entre otras profesionales.

Funciona aproximadamente desde el 2005. Según contó la licenciada, el espacio se utiliza para los casos de abuso sexual y de violencia en los que los menores fueron víctimas o testigos directos de determinado hecho. “Por un femicidio tuvimos un niñito que había presenciado la muerte de su mamá”, dijo de repente.  

Habla con calma. Su voz es una embarcación que navega paciente. Sus respuestas son concisas. Está sentada en la sala donde se dialoga con las víctimas. 

El recinto es pequeño. Y se respira olvido, como si las sombras de las voces que contaron sus secretos se deshicieran cuando el sol amanece.

Niños, adolescentes de hasta 18 años y personas con discapacidad son quienes se entrevistan. Con respecto a este último punto, Madrid aclaró que se trata de aquellos que padecen un “retraso madurativo que se corresponde con una edad cronológica inferior”. Así, ejemplificó: “Si tenemos un adulto de 30 años que tiene una edad madurativa de una persona de 11 o 12, por ejemplo, se utiliza la misma modalidad porque se tiene en cuenta la edad madurativa y no la cronológica”.

Procedimiento

“La toma de testimonio consiste en una sola entrevista”, comenzó explicando. Y agregó que se diferencia de lo que es la pericia en la que hay más encuentros.

Seguidamente, expresó: “Acá funcionamos como intermediarios del fiscal para ver la forma de adecuar las preguntas para que el niño nos entienda; y, además, para que no sea el tipo de interrogatorio policial al que estamos acostumbrados los adultos y que, obviamente, un niño en esas condiciones no puede responder por el tipo de lenguaje”.

Las circunstancias de tiempo, lugar y modo son los tres aspectos sobre los que se habla con los damnificados. “Eso es todo lo que requiere la fiscalía para tipificar el hecho e imputar a la persona que está acusada”, indicó la psicóloga.

Una vez que los niños ingresan a la Cámara Gesell, la persona encargada de entrevistarla se presenta, le explica el modo en el que van a trabajar. “Lo primero que les pregunto es si saben por qué están acá y si conocen qué es la sala”, dijo. Y relató: “Una vez una nena que era de un pueblo me contó que mientras venía, en el camino, había venido 'googleando' qué era una Cámara Gesell como para interiorizarse un poco. Generalmente vienen con poca información; la que les da la familia”.

Posteriormente comentó: “Esto no tiene que ver con nuestra actitud y credibilidad o no hacia lo que estén contando, o con que la fiscalía les crea o no, sino que es un acto necesario conocer su versión directamente”.

Y añadió que, en ocasiones, ocurren situaciones que derivan en dificultades para llevar adelante la conversación con el menor. En este sentido mencionó que, a veces “y sobre todo en los pueblos”, cuando un adulto va a hacer la denuncia, lleva al niño y la policía lo interroga. “Entonces, el niño ya viene con la sensación de que lo ha contado otras veces y que no le creen porque lo continúan interrogando”, puntualizó la licenciada.

Es de esa manera que las profesionales intentan “bajar la ansiedad, tranquilizarlos y generar un clima que permita que el niño se explaye”.

Asimismo, Madrid hizo referencia a las etapas que se advierten en el proceso. La primera de ellas es de apertura. “Se hace un diálogo más informal. Se pueden preguntar cuestiones cotidianas para conocer cómo se expresa y el vocabulario que maneja”, mencionó.

En segundo lugar aparece “la toma de exposición informativa”. Y, después, hay un tercer momento donde “se intenta bajar el nivel de ansiedad que se ha generado”.

El horario en el que trabajan en la Cámara Gesell es de 8 a 14. Las entrevistas pueden durar desde 10 o 15 minutos hasta más de una hora. Los juicios en la Cámara del Crimen también pueden extenderse por plazos similares. E incluso prolongarse por días. Sin embargo, ambas cámaras coinciden en algo: como se dijo en alguna otra oportunidad, son lugares sin tiempo.

Y más en estos casos en los que un menor debe intentar, con todo lo que implica, desovillar una historia de la que, quizás, no haya sido sólo la única víctima, sino también, el único testigo.

“Por supuesto que hay un tiempo de fatiga emocional. A veces no se puede insistir por el estado de angustia o de evasión”, señaló.

Y, en esta dirección, contó que los niños empiezan a deambular o se quieren ir. “No es cualquier situación: implica hablar de cuestiones no sólo traumáticas sino también de aquellas que involucran la sexualidad”, precisó.

Puertas adentro

“Uno cierra con llave de noche y se cuida del agresor proveniente del exterior”, dice Madrid. Y es aquí cuando el sentido común no tiene ningún tipo de correlato con la realidad.

“El mayor porcentaje de agresores sexuales está dentro del grupo familiar. Y en el más cercano, el de convivencia. Entonces es muy complejo y hasta contradictorio que la persona que debe amparar, proteger y cuidar del menor sea justamente la que hace esto”, sentenció.

 Por otra parte, afirmó que “el niño llega muy atemorizado” porque, a veces, hay amenazas. 

‘Si contás te va a pasar algo a vos, a tus hermanitos o a tu mamá', y 'Yo voy a ir preso’ son algunas de las frases con las que los abusadores intimidan a las víctimas. “El niño se siente responsable de cuidar la unidad familiar y evitar que se fracture, y de que si el padre va a la cárcel se desarmará la familia”, dijo al respecto.

Persecución y trauma

De acuerdo a lo que contó la licenciada, según el protocolo de recomendaciones del servicio de psicología forense que está como anexo de la modificación de la ley, se sugiere que sea siempre una psicóloga mujer la que entreviste a los niños.

“¿Por qué? Porque las estadísticas demuestran que, a partir de las denuncias, la gran mayoría de los agresores son hombres. Por lo tanto, la figura masculina genera una persecución y una cuestión traumática”, destacó.

También recordó que hubo “otro dilema” cuando se planteó la posibilidad de adopción por parte de parejas homosexuales porque, supuestamente, se generarían más abusos.

Y aquí las cifras vuelven a derribar mitos porque, en correspondencia con lo mencionado por la profesional, los casos de abuso sexual se dan en el marco de parejas heterosexuales. “Esto se vincula al patriarcado, al machismo, a situaciones de sometimiento y abuso de poder”, declaró.

Padres y padrastros son quienes cometen la mayoría de las agresiones sexuales. Sin embargo, tíos, abuelos, hermanos mayores y hasta primos también integran el listado de abusadores.

 Disociación

Madrid responde y fundamenta. Habla con experiencia. Y sorprende, ante todo, la manera en la que puede, al mismo tiempo, ponerse en el lugar de las víctimas y desapegarse para analizar los acontecimientos.

Canalizar. Ese es el verbo que, de alguna forma, le permite a ella y a otros psicólogos desenvolver su profesión.  “Tenemos nuestro espacio de terapia personal porque somos nuestro propio instrumento de trabajo. Allí uno canaliza la ansiedad y la angustia que esto genera porque, obviamente, somos humanos y esto impacta. Trabajamos con una técnica que se llama disociación instrumental. Nos permite escuchar elípticamente al otro sin hacer propio su sufrimiento”, explicó.

Y en contrapartida, señaló que las víctimas de agresiones sexuales tienen otro tipo de disociación que les posibilita 'sobrevivir' al abuso. Esa disociación es patológica. ¿Cómo funciona? 'Mi papá no es el mismo que a la noche se convierte en esta persona capaz de hacer cosas terroríficas'.

Así se 'sobrevive'. Porque llega la noche. Y en alguna vivienda de cualquier ciudad de cualquier lugar del mundo, la puerta se cierra. Para que nadie entre. Pero también para que nadie sepa que el enemigo duerme adentro. 



Franco Gerarduzzi.  Redacción Puntal Villa María

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