Rudy Ranco tiene la capacidad de dar una mano siempre, generoso adentro y afuera de una cancha.
Por eso se convirtió en un gran capitán. Solidario para recuperar y para ofrendarla cortita y al pie, para ser el puntal de la defensa, o para llegar al gol por sorpresa. Era 5, pero si tenía que ir por las bandas o rasparse por sus amigos lo hacía sin dudar, pese a que sabía que era capaz de asistir como un 10 o cabecear al gol como un 9.
Su carrera ya estaba hecha cuando “Daniel Soria, que había jugado en Independiente con Joselito Bernadó, nos propuso ir a Yrigoyen junto a Fabricio Sodero. Era tentador juntarnos en el final de nuestra carrera, después de todo lo bueno que nos había pasado de chicos en aquel Argentino campeón de la Liga y Provincial”.
Se transformó en el capitán del pueblo en Tío Pujio, donde su hermano Darío junto a un grupo de dirigentes revolucionarían el fútbol del “diablo rojo”, que dejó de ser reconocido como un club con buenos jugadores, para ser un club grande desde el inicio de los 90.
Estima que “en el ‘92 se logró ganar una Liguilla Pre-Interligas ante Colón de Arroyo Cabral. En el Interligas ‘93 llegamos a las semifinales, donde perdemos con el equipazo que había formado el ‘Gato’ Bujedo en Central de Río Segundo. Ellos vivían del fútbol”.
Un antes y un después
Ranco no olvida los detalles de aquel momento. Disfruta la charla, se entrecorta con algunos recuerdos que emocionan, y se exalta cuando salta a la luz alguna anécdota perdida en el baúl de los recuerdos. “Nadie en Tío Pujio recuerda que otro equipo de Hipólito Yrigoyen haya convocado tanta gente. Pero lo más valioso es que cambió la mentalidad de los jugadores, y del pueblo. El club empezó a ser protagonista todos los años de los campeonatos de la Liga Villamariense de Fútbol”.
“Hay un antes y un después de ese equipo. Nos faltó ganar un título, pero llegaron luego las vueltas olímpicas. El tema es que hasta esa época había grandes jugadores como los Schiavi, Coronda, Cuadrado pero Yrigoyen no era protagonista de los torneos”, afirma.
Insiste en que “fue un gran acierto terminar mi carrera en ese Yrigoyen, porque me quedaron muy lindos momentos guardados para siempre en la memoria”.
No resiste, y lanza aquel equipo que inició una nueva era en el “diablo rojo”: “Eduardo Bassi era el técnico, que reemplaza a Oscar ‘Pato’ Moreno. Jugaban Adrián ‘Tonafo’ Demarchi, que ocupa el arco en el Provincial, pero ‘Cabezón’ Céliz era el arquero cuando ganamos la Liguilla. La defensa se consolidó con Hernán ‘Nano’ Schiavi, Damián ‘Bicho’ Ochoa, Fernando ‘Gringo’ Rovere y Alejandro Aguiar. En el mediocampo: Garilans, yo, Fabricio Sodero y Joselito ‘Pato’ Bernadó. Arriba Sergio Cortese y Claudio Krosting. Armamos un equipazo del día a la noche”.
Destaca que “en el Interligas se sumaron Adrián Demarchi, Carlos Amarilla y Oscar Cuadrado. En el equipo estaban Osvaldo Cuadrado, que jugaba muy bien, Daniel Soria, Gon, Sogno, Javier Machado y pibes como Fernández y Vicario”.
Insiste en que “llegamos muy golpeados a las semifinales, y era un plantel corto. Estábamos tan convencidos que, enteros, le hubiese sido muy difícil a Central ganarnos esa semifinal. En Plaza Ocampo le dimos dura batalla”.
Marea roja en Mina Clavero
Entiende que “lo más significativo fue lo que ocurría en Plaza Ocampo, que se llenaba. Iban los hinchas de Alumni a vernos durante ese verano del ‘93”.
Cuenta que “nunca me voy a olvidar cuando jugamos en Villa Dolores. Concentramos en Mina Clavero, y no podíamos creer que la peatonal estaba desde el mediodía llena de gente de Tío Pujio y Villa María con camisetas y gorritos rojos. Nadie entendía nada, no era Independiente de Avellaneda, era Yrigoyen de Tío Pujio”.
“Creo que viajó todo el pueblo a ver ese partido, porque nunca vi tantos hinchas de Yrigoyen juntos como en esa peatonal”, sonríe.
Disfruta de “ese antes y ese después. Pocos recuerdan que a ese Interligas llegamos después de ganarle a Sportivo Playosa un partido épico en semifinales. Jugaban en ese Playosa: Molar, Aimar y un montón de buenos jugadores”.
Define que “estábamos afuera. Nos habían ganado en su cancha, y nos estaban ganando en la nuestra, pero empatamos, y en la última jugada hice un gol de cabeza. Sin ese gol, nunca hubiésemos jugado el tercer partido en la Plaza, ni la final que le ganamos a Colón, ni el Interligas. Quizás no estaríamos hablando de un antes y un después de Yrigoyen. Se dio justo ese gol que ni yo sé cómo llegué a cabecear esa pelota, pero era la última del partido, fue a los 48”.
El equipo del pueblo
Cinco estrellas lograría luego Hipólito Yrigoyen, pero nunca borró el recuerdo de ese equipo que Rudy Ranco define como “un grupo maravilloso. Nos reíamos mucho, y la pasábamos bien. Yo no podía viajar todos los días, y por eso entrenaba en General Deheza. Eduardo Bassi los hacía volar a sus equipos, pero yo cuando faltaban 10’ jugaba con el alma. Por eso el gol contra Playosa fue el que más festejé en mi vida. Todavía tengo el video dando vueltas en mi casa”.
Agrega que “ese equipo empieza el torneo de la Liga perdiendo contra los dos equipos de Arroyo Cabral: Rivadavia, que luego sería campeón, y Colón, que luego sería subcampeón”.
Al volver a la Liga de Villa María, Ranco recuerda que “le dije a ‘Pato’ Moreno que iba a necesitar ponerme a punto antes de jugar, y no pude estar en esos dos partidos iniciales del torneo. Venía de un parate largo en Acción Juvenil”.
No olvida cuando “perdimos esos dos partidos, pero jugamos bien contra Rivadavia, y contra Colón se dio lo mismo. Ganábamos 3-0, y perdimos 4-3 en Tío Pujio. Un partidazo, pero nos faltaba físico”.
Ese fue el motivo por el cual Eduardo Bassi asume como DT, pero Oscar Moreno continúa a su lado. “De esos dos partidos iniciales al gol de cabeza contra Sportivo Playosa, creo que sólo perdimos un partido contra Rivadavia en Arroyo Cabral”.
Destaca que “las batallas con Colón en la final de la Liguilla Pre-Interligas quedaron para la historia, con Céliz como héroe. No era fácil ganarles a los equipos cabralenses, menos para Yrigoyen”.
La revancha contra Rivadavia se daría en “el Interligas. Fue durísimo el duelo, porque ellos venían de ser bicampeones en la Liga Villamariense y jugaban bien”.
“En Arroyo Cabral habíamos empatado, pero estuvimos más cerca de ganar nosotros. No me puedo olvidar del partido en que nos dieron dos penales en Plaza Ocampo, y el árbitro era el cordobés Rosales. El recuerdo que tengo es que entre tantas protestas de Rivadavia, el ‘Catete’ Gómez le hizo un piquete de ojos al juez de línea”, afirma.
Explica entre sonrisas que “lo terminamos goleando, pero los hinchas de Rivadavia todavía están enojados con el arbitraje. Tenían un gran equipo, pero Yrigoyen también había mejorado mucho su nivel, y no podían aceptar perder con nosotros”.
Al ritmo de “Travolta”
El partido más recordado de ese torneo Interligas fue cuando “Sergio Cortese hizo 6 goles contra River Plate de Bell Ville. Ese día nos dimos cuenta que podíamos darle batalla a todos, porque ganamos 7-0, y al otro gol lo hizo Claudio Krosting, que la picaba siempre cuando enfrentaba a los arqueros”.
Recalca que “Krosting era un pibe, y formó una dupla bárbara con ‘Travolta’ (Cortese). Hicimos una campaña increíble, y hacíamos muchísimos goles. También dejamos en el camino a Sportivo Chazón con dos goleadas”.
Sostuvo que “con Comercio de Villa Dolores llevamos tanta gente, más de 600 personas como visitante. Pasamos a semifinales, y nadie podía creer que estuviera Yrigoyen a la par de Estudiantes de Río Cuarto y Central de Río Segundo, que fueron los finalistas”.
Recalca que “llegamos diezmados físicamente, teníamos muchos lesionados. Algunos viajábamos, otros trabajaban, y enfrentamos a un Central de Río Segundo con jugadores que vivían del fútbol”.
Destaca que “perdimos 1-0 en la Plaza sin merecer, pero allá nos hicieron un gol offside, y me echaron cuando le dije de todo al árbitro”.
“Fue un lindo grupo, y un torneo bárbaro. Yo me lesioné la rodilla contra Alem en las semifinales de la Liga, y no jugué más al fútbol. Pero ese Yrigoyen es histórico”.

