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Fue más diablo que el "diablo"

Hipólito Yrigoyen y Rivadavia igualaron sin abrir el marcador en "La Caldera" de Tío Pujio, donde restando 2' fue expulsado Lucas Mignola en la visita. La serie se define en Arroyo Cabral, donde ya no pueden guardarse nada

Leonardo Morales vuela para impedir el gol de tiro libre de Lucas Mignola, que fue expulsado en el final del partido, que tuvo un gran marco de público.

 

En buenas manos. Marcelo Berardo se queda con la última acción de riesgo del partido al anticipar a Mauricio Ortiz, que le comete infracción. Fue 0-0.

 

Hipólito Yrigoyen y Rivadavia no se sacaron ventajas en Tío Pujio, donde empataron 0-0 en la semifinal de ida del Torneo Apertura de la Liga Villamariense de Fútbol.

En una película repetida (idéntica a la de la Fase Clasificatoria), sin emociones y con pocos arribos a los arcos, prolongaron el suspenso para el decisivo cotejo de vuelta a disputarse en Arroyo Cabral el 2 de julio.

Allí deberán mostrar todas las cartas y no guardarse nada para ser finalistas. El final de la historia de un duelo duro y parejo debe tener otro vuelo futbolístico que el expuesto en Tío Pujio, donde el local no le encontró nunca la vuelta al partido y la visita se conformó con poco.

El “diablo rojo” defendió bien y por ello se explica que mantuvo el invicto. Pero atacó mal, con un arsenal ofensivo que nunca explotó.

El mérito en “La Caldera” fue de un “verde” que, con dos bajas muy sensibles como Gozzerino y Córdoba, tuvo un buen comienzo, y luego le hizo jugar al rival el incómodo partido que podía proponer. Con dos líneas de 4, lo cortó en el medio campo y jugó lo más lejos posible de su arco. Tampoco logró acercar peligro al arco rival, aunque tuvo las pocas situaciones.

Rivadavia fue más diablo que el “diablo” para huir de Tío Pujio y trasladar la atrapante definición de la serie a Arroyo Cabral, donde igualmente tendrá que dar más para aspirar a ser finalista.

Ayer, el “diablo rojo” de Ruta 9 casi ni gestó situaciones, lució perdido, confundido, lejos de mostrar su mejor versión colectiva. Individualmente tiene con qué mostrar otra imagen que le devuelva la fe a su gente, que llenó “La Caldera”.

La hinchada visitante cantó más y se fue feliz porque su equipo dio todo lo que tenía, e incomodó en su propia guarida al “diablo”, que aunque sabe por diablo y nadie le puede ganar, lució complicado y aturdido en la primera semifinal.

Lo que no mata, fortalece

Rivadavia se levantó del piso ante Sportivo Los Zorros, que tuvo para liquidarlo en su casa, lo dejó vivo y lo padeció en Arroyo Cabral.

Con el envión anímico de haber remontado una serie que fue perdiendo 3-0 y terminó ganando 4-3, le jugó de igual a igual al “diablo rojo”, que lució superado en los primeros pasajes y, aunque emparejó el duelo, nunca estuvo cerca de poder ganarlo (ante Colón fue más profundo en cuartos de final).

Rivadavia puso garra y corazón ante las notables ausencias de Gozzerino y Córdoba, que le otorgan otro empuje y juego al equipo.

Fue un equipo y no pareció diezmado, ni malherido por las bajas sensibles, ya que su columna vertebral funcionó a la perfección con la seguridad de Berardo, la firmeza de Martínez, el orden y distribución de “Pepa” García y la fiereza de Bendazzi peleando todas contra el mundo y sacando ventajas de cada situación del juego.

Jugó cómodo en “La Caldera”, ante un Yrigoyen al que maniató con un medio campo que partió al rival con la recuperación y 15’ para la ilusión en los que Biani mostró conducción, Demarchi cambió de ritmo, Tomás González corte y confección y García equilibrio para jamás perder el orden.

Le faltó punch. Y es obvio que 15’ de buen juego no siempre alcanzan para ganar una semifinal, pero gestó la situación más clara del partido, cuando a los 9’ Agustín Pérez dejó en el camino a Artico y definió a la izquierda de Morales, que voló y tapó con acierto.

El “diablo” parecía estar agazapado, esperando para cruzar pelotazos a espaldas de los laterales del “verde”, donde Arroyo y Bustos “volaron”, pero se apresuraron en resolver, no eligieron bien, y Martínez y compañía se encargaron de acabar con sus intentos.

Con los 3 tanques en el banco (Maximiliano Esquivel, Gustavo Cuadrado y Mauricio Ortiz), le faltó pólvora, pero además no asoció a los buenos pies de Barrionuevo y Yanantuoni con Cristian Fernández, el único que jugó en su reconocido buen nivel, metiendo y aportando salida clara y alguna buena pelota en profundidad.

Entonces, Yrigoyen no jugaba ni llegaba con sus intentos individuales. Refugiado en el poder de recuperación de Jonathan González, bien parado adelante de una línea de 4 capaz de bancarse el partido, el local no logró jugar su partido y Rivadavia lo metió en el suyo.

Sin Tomatis, Yrigoyen tuvo todo el resto del potencial de un plantel potente, pero no lo explotó. El “verde” con menos, fue más durante un buen lapso del duelo.

Un desconocido Yrigoyen regaló un tiempo y entendió tarde que cuando no sale el Plan A, ni el B, hay que poner y correr. Cuando lo hizo, emparejó el cotejo, que fue tan duro como parejo. Sosa Abrile mostró todas las tarjetas amarillas, pero lo faltaron las rojas ante varias agresiones, y sólo Mignola “pagó los platos rotos” a los 88’.

El maltrato recibido por Arroyo (hizo amonestar a 3 rivales, pero recibió 3 golpes en el rostro) le restó poderío. Bustos tuvo velocidad, pero no ingenio, y se prendió en un duelo verbal con Demarchi, que cumplió en su rol de volante, hasta que se retiró lesionado. A Barrionuevo y Yanantuoni los anticiparon siempre en un juego en el que Conti decidió reemplazarlos.

Si en el primer tiempo Morales tuvo que intervenir para evitar el gol de Pérez (mano a mano) y en dos tiros libres de Mignola, en el complemento volvió a participar para despejar un balón con los puños, que le quedó al ingresado Basualdo, que elevó la segunda situación de gol, ya que previamente Pérez había elevado en el área chica un centro de Biani, de gran labor.

Si es poco para ganar, menos hizo Yrigoyen. Cuesta encontrar una acción más riesgosa que un tiro libre de Barrionuevo a las manos de un Berardo, que anticipó a Ortiz (48’), cuando recibió de Jonathan González el único pase gol. El “verde” fue más diablo que el “diablo”, pero no le pudo quitar el invicto. En Cabral alguien tiene que ceder.

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Síntesis del partido

H. Yrigoyen: Leonardo Morales; Ezequiel Olmedo, Martín Ártico, Carlos Jacobi y Lucas Morre; Martín Arroyo, Jonathan González, Cristian Fernández y Maximiliano Bustos; Martín Barrionuevo y Nicolás Yanantuoni. D.T.: Martín Conti.

Rivadavia: Marcelo Berardo; Lautaro Roberto, Fabián Martínez, Kevin Roda y Lucas Mignola; Javier De Marchi, Guillermo García, Tomás González y Alvaro Biani; Matías Bendazzi y Agustín Pérez. D.T.: Jorge Peñaloza.

Goles: No se convirtieron.

Cambios: S.T. 10’ Maximiliano Esquivel por Cristian Fernández (HY); 18’ Gustavo Cuadrado por Nicolás Yanantuoni (HY); 24’ Bautista Basualdo por Joaquín De Marchi (R); 32’ Mauricio Ortiz por Martín Barrionuevo (HY); y 44’ Nicolás Romero por Agustín Pérez (R).

Suplentes: Joaquín Rodríguez, Ignacio Pérez, Santino Morre y Nicolás Gómez (HY); y Facundo Vega, Brian Montolla, Pedro Fonseca, Rodrigo Arias y Bruno Silvero (R).

Expulsado: S.T. 43’ Lucas Mignola (R).

Amonestados: Cristian Fernández, Ezequiel Olmedo, Martín Arroyo y Maximiliano Bustos (HY); y Tomás González, Fabián Martínez, Matías Bendazzi y Guillermo García (R).

Árbitro: Leandro Sosa Abrile.

Asistentes: Lucas Vilca y Kevin Morán.

Cuarto árbitro: Eduardo Bonaventura.

Reservas: Alem 0 - Alumni 2 (Fernando Molina y Lautaro González).

Estadio: Hipólito Yrigoyen.