La Regional Villa María de la Asociación de Productores en Siembra Directa (Aapresid) concretó una jornada de capacitación en la Sociedad Rural, cuyo objetivo fue analizar todas las etapas que intervienen en la aplicación de productos fitosanitarios, desde el almacenamiento hasta la disposición final de los envases, poniendo énfasis en la seguridad y buenas prácticas agrícolas, necesarias para la sustentabilidad del sistema. Incluso participó un especialista en toxicología, quien dio sugerencias para actuar ante una intoxicación con ese tipo de productos.
El encuentro se realizó bajo un formato novedoso, ya que hubo disertaciones en el auditorio de la entidad ruralista y además se realizaron charlas técnicas en cuatro estaciones dispuestas en el predio, sobre distintos aspectos presentados por empresas proveedoras de insumos y fabricantes de maquinaria agrícola.
Según explicó el coordinador de la Regional, José Cuello, a PUNTAL VILLA MARIA la intención de abordar esa temática fue por la importancia que el proceso tiene tanto la producción como para la sociedad en general.
“Es nuestra responsabilidad hablar de esto. El proceso de aplicación de punta a punta, como denominados a la jornada, no involucra solamente al momento en que las máquinas trabajan sino que arranca desde que se compra el envase del producto. Entonces hay que tener en cuenta el depósito y sus medidas de seguridad; el traslado; la aplicación propiamente dicha, y la disposición de los envases. Eso requiere el compromiso de todos los eslabones que intervienen para cumplir los roles de la forma correcta”.
El directivo indicó que contar con una mirada completa del proceso sirve para detallar las tareas y cómo llevarlas a cabo.
“Por eso mismo nosotros decidimos plantear a la aplicación de manera integral, porque si no terminamos hablando solamente de las derivas del producto cuando creemos que es mucho más amplio. No se trata del maquinista, ingeniero agrónomo y productor, sino también de un depósito, con la gente que allí trabaja, y quienes trasladan los productos. Tampoco queremos que esos bidones, una vez utilizados, queden tirados en el campo. En la Regional pensamos este encuentro para que queden claras las responsabilidades que cada parte tiene. Por eso enfatizamos también la idea de que accionar de los involucrados esté marcado por el compromiso”.
Luis Balestrini, empresario del sector, justamente enfocó su análisis en las primeras etapas del proceso.
“En general estamos acostumbrados que cuando hablamos de aplicación nos referimos exclusivamente a las máquinas en los lotes. Eso puede es el corazón del asunto, es muy importante, y a lo que más se le presta más atención. Pero cuando estamos en el campo y generamos un diagnóstico que obliga a hacer una receta fitosanitaria, disparamos todo el proceso de aplicación. Y no se trata solamente de la máquina sino de una serie de cuestiones. Si a un productor se le recomienda hacer un tratamiento con fitosanitarios y no lo tiene en su galpón, debe ir a comprarlo. Y ese hecho involucra distintas acciones que las estamos tomando muy superficialmente”.
Añadió que “hay que ir a un distribuidor registrado, comprar productos registrados y de buena calidad; eso hoy en cierta forma está garantizado. Pero después se debe cargar ese producto en un vehículo registrado, como dicen las normativas vigentes. También el conductor tiene que contar con la capacitación adecuada para seguir la metodología de carga de los productos”.
Ante la consulta acerca de si en los hechos se cumplimentan cada uno de los pasos, el entrevistado fue contundente.
“Eso no ocurre. Los que trabajamos con depósitos de fitosanitarios sabemos que hay grandes problemas en esa etapa. Por eso nosotros quisimos sacar el foco de la máquina y mirar cómo estamos trasladando los productos, porque muchas veces se cargan detrás de una camioneta como cada uno quiere, y los transporta gente inexperta, que no sabe qué hacer en caso de un accidente en rutas o caminos rurales”.
Agregó que “todo está normado. La persona que conduce tiene que saber actuar en caso de derrame; la camioneta debe tener pala, vermiculita o arena para contener; bolsas de nailon donde cargar ese derrame; hay todo un procedimiento”.
En ese sentido, indicó que para avanzar falta información y control.
“Por eso creo todos los actores que estamos relacionados tenemos que tomar conciencia y darnos cuenta que la receta fitosanitaria dispara todo el proceso. Hay que estar capacitado y a la vez deben actuar los entes de control. De lo contario no se puede medir lo que pasa”.
Buenas prácticas
Fernando García, miembro de la Secretaría de Agricultura de la Provincia, hizo referencia al programa de Buenas Prácticas Agropecuarias que el área viene desarrollando desde el año pasado. Más allá de las cuestiones prácticas relacionadas con la metodología, sostuvo que su puesta en marcha “viene de una demanda de la sociedad, que quiere que seamos más prolijos, cuidadosos y amigables con el ambiente y las personas. Es una respuesta, una herramienta que ofrecemos desde el sector público para intentar, como primer objetivo, que el productor tenga contacto con esto y que una vez que ello ocurra, intente empezar con la adopción. Cuando empiece a trabajar de esa manera podremos hablar de un cambio cultura en el manejo de su actividad”.
Sobre la evolución en la implementación de buenas prácticas en las tareas habituales de la producción, expresó que “es un proceso lento, como todo cambio. Hay que vencer la resistencia a lo nuevo, ya que una vez que eso ocurre todos somos más permeables a escuchar cosas que nos incomodan o nos sacan de nuestra zona de confort. Estamos en ese recorrido. El año pasado 1800 productores acreditaron prácticas y en este unos 2000 están en la plataforma. Todavía falta un mes para que cierre el programa. Creo que vamos por el buen camino, tenemos muchas consultas y pedidos de capacitaciones, lo que demuestra que existe interés y que estamos instalando el tema”.
Asimismo, señaló que aún existen muchas prácticas que no son apropiadas para el manejo sustentable del sistema, destacando que “lo más común es el monocultivo, que en esta región es de soja. Se trata de una práctica que no es deseable desde el punto de vista de la sustentabilidad, porque no es bueno para el suelo, la erosión y el ambiente en general. Y en establecimientos pecuarios hay que avanzar en bienestar animal”.
Pablo Correa. Redacción Puntal Villa María
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Según explicó el coordinador de la Regional, José Cuello, a PUNTAL VILLA MARIA la intención de abordar esa temática fue por la importancia que el proceso tiene tanto la producción como para la sociedad en general.
“Es nuestra responsabilidad hablar de esto. El proceso de aplicación de punta a punta, como denominados a la jornada, no involucra solamente al momento en que las máquinas trabajan sino que arranca desde que se compra el envase del producto. Entonces hay que tener en cuenta el depósito y sus medidas de seguridad; el traslado; la aplicación propiamente dicha, y la disposición de los envases. Eso requiere el compromiso de todos los eslabones que intervienen para cumplir los roles de la forma correcta”.
El directivo indicó que contar con una mirada completa del proceso sirve para detallar las tareas y cómo llevarlas a cabo.
“Por eso mismo nosotros decidimos plantear a la aplicación de manera integral, porque si no terminamos hablando solamente de las derivas del producto cuando creemos que es mucho más amplio. No se trata del maquinista, ingeniero agrónomo y productor, sino también de un depósito, con la gente que allí trabaja, y quienes trasladan los productos. Tampoco queremos que esos bidones, una vez utilizados, queden tirados en el campo. En la Regional pensamos este encuentro para que queden claras las responsabilidades que cada parte tiene. Por eso enfatizamos también la idea de que accionar de los involucrados esté marcado por el compromiso”.
Luis Balestrini, empresario del sector, justamente enfocó su análisis en las primeras etapas del proceso.
“En general estamos acostumbrados que cuando hablamos de aplicación nos referimos exclusivamente a las máquinas en los lotes. Eso puede es el corazón del asunto, es muy importante, y a lo que más se le presta más atención. Pero cuando estamos en el campo y generamos un diagnóstico que obliga a hacer una receta fitosanitaria, disparamos todo el proceso de aplicación. Y no se trata solamente de la máquina sino de una serie de cuestiones. Si a un productor se le recomienda hacer un tratamiento con fitosanitarios y no lo tiene en su galpón, debe ir a comprarlo. Y ese hecho involucra distintas acciones que las estamos tomando muy superficialmente”.
Añadió que “hay que ir a un distribuidor registrado, comprar productos registrados y de buena calidad; eso hoy en cierta forma está garantizado. Pero después se debe cargar ese producto en un vehículo registrado, como dicen las normativas vigentes. También el conductor tiene que contar con la capacitación adecuada para seguir la metodología de carga de los productos”.
Ante la consulta acerca de si en los hechos se cumplimentan cada uno de los pasos, el entrevistado fue contundente.
“Eso no ocurre. Los que trabajamos con depósitos de fitosanitarios sabemos que hay grandes problemas en esa etapa. Por eso nosotros quisimos sacar el foco de la máquina y mirar cómo estamos trasladando los productos, porque muchas veces se cargan detrás de una camioneta como cada uno quiere, y los transporta gente inexperta, que no sabe qué hacer en caso de un accidente en rutas o caminos rurales”.
Agregó que “todo está normado. La persona que conduce tiene que saber actuar en caso de derrame; la camioneta debe tener pala, vermiculita o arena para contener; bolsas de nailon donde cargar ese derrame; hay todo un procedimiento”.
En ese sentido, indicó que para avanzar falta información y control.
“Por eso creo todos los actores que estamos relacionados tenemos que tomar conciencia y darnos cuenta que la receta fitosanitaria dispara todo el proceso. Hay que estar capacitado y a la vez deben actuar los entes de control. De lo contario no se puede medir lo que pasa”.
Buenas prácticas
Fernando García, miembro de la Secretaría de Agricultura de la Provincia, hizo referencia al programa de Buenas Prácticas Agropecuarias que el área viene desarrollando desde el año pasado. Más allá de las cuestiones prácticas relacionadas con la metodología, sostuvo que su puesta en marcha “viene de una demanda de la sociedad, que quiere que seamos más prolijos, cuidadosos y amigables con el ambiente y las personas. Es una respuesta, una herramienta que ofrecemos desde el sector público para intentar, como primer objetivo, que el productor tenga contacto con esto y que una vez que ello ocurra, intente empezar con la adopción. Cuando empiece a trabajar de esa manera podremos hablar de un cambio cultura en el manejo de su actividad”.
Sobre la evolución en la implementación de buenas prácticas en las tareas habituales de la producción, expresó que “es un proceso lento, como todo cambio. Hay que vencer la resistencia a lo nuevo, ya que una vez que eso ocurre todos somos más permeables a escuchar cosas que nos incomodan o nos sacan de nuestra zona de confort. Estamos en ese recorrido. El año pasado 1800 productores acreditaron prácticas y en este unos 2000 están en la plataforma. Todavía falta un mes para que cierre el programa. Creo que vamos por el buen camino, tenemos muchas consultas y pedidos de capacitaciones, lo que demuestra que existe interés y que estamos instalando el tema”.
Asimismo, señaló que aún existen muchas prácticas que no son apropiadas para el manejo sustentable del sistema, destacando que “lo más común es el monocultivo, que en esta región es de soja. Se trata de una práctica que no es deseable desde el punto de vista de la sustentabilidad, porque no es bueno para el suelo, la erosión y el ambiente en general. Y en establecimientos pecuarios hay que avanzar en bienestar animal”.
Pablo Correa. Redacción Puntal Villa María

