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Objetivo cumplido, pero con la sensación de que había para más

Ameghino dejó atrás su primera temporada en la segunda categoría del básquet nacional. Conservó la categoría con algo de sufrimiento. El gran desafío es la continuidad con un plantel que permite potenciar las esperanzas 

Dos miradas pueden ser posibles para analizar la temporada debut de Ameghino en la Liga Argentina, la segunda categoría del básquetbol profesional del país.

Lo primero a tener muy en cuenta es lo que dijeron dirigentes y cuerpo técnico el año pasado, cuando se conoció la noticia de que el “León” tomaría parte de esta competencia: el objetivo básico es mantener la categoría. Con algo de sufrimiento y dependiendo de otros resultados, se logró en la última fecha, pese a la caída ante Barrio Parque.

Ahora, si uno se deja llevar por el rendimiento alcanzado en la fase de conferencias, donde se terminó en segunda posición de la Centro Norte, queda sabor a poco.

Pareció que el juego bisagra fue la pérdida del invicto como local ante Oberá TC con una bomba de Cuello en el último segundo que no entró. De ahí en más, salvo en contadas ocasiones, nunca se pudo volver a ser el equipo sólido de comienzos de temporada. Aparecieron derrotas en la ruta y en casa y el fantasma del descenso, que estaba lejos, empezó a acercarse a gran velocidad. El equipo pareció caer en un enorme bajón anímico del que le costaba horrores salir. Recién en los últimos juegos de la fase pareció recuperar la memoria y la confianza, redondeando una más que aceptable serie de playoff. En la faz individual, Juan Abeiro fue el jugador más rendidor. El platense mantuvo un nivel parejo  a lo largo de todo el torneo, aprovechando muy bien cada posteo y raspándose sin miramientos debajo de los dos aros. Sin dudas, fue el punto más alto, y su contratación, un golazo de media cancha.

El cambio de americano a poco del final fue una apuesta tan fuerte como arriesgada para el cuerpo técnico y la dirigencia. Dejar ir a un Tirrel Brown que venía teniendo una temporada bastante buena significaba un gran signo de interrogación. Sin embargo, terminó siendo un acierto, porque Eugene Teague demostró ser un jugador fuerte y confiable, con buen goleo y que pareció asimilar rápidamente los conceptos tácticos de Pablo Castro.

El resto del plantel alternó buenas y malas, pero así y todo, el balance también es positivo, porque se le pudo dar minutos a mucho juveniles, porque los más grandes tomaron la posta en los momentos difíciles y porque seguramente quedarán en la retina de los hinchas las asistencias deliciosas de Joaquín Baeza, las bombas tremendas del “Guante” Tamburini y de Matías Cuello, la aparición determinante de Cristian Verón en el cierre de dos partidos inolvidables y el esfuerzo de todos, que trabajaron a destajo cuando la taba se daba vuelta. No podemos olvidarnos de los jugadores con una fuerte pertenencia, como Abel Aristimuño, el propio Verón y Santiago Iglesias, los tres ya con mucho tiempo en el club, y que sienten la camiseta de una forma particular.

En el año debut, Ameghino debió pagar el lógico derecho de piso en muchos aspectos, desde la logística hasta lo deportivo. Podríamos decir que se aprobó en gran parte, ya que se viajó sin inconvenientes y se hicieron obras múltiples en el estadio, que quedó realmente muy bonito, fundamentalmente a partir de la inauguración de las dos nuevas tribunas. Las cosas deberían serle más fáciles el próximo certamen, con la experiencia a cuestas.

El presente institucional del club muestra un crecimiento notable, con un proyecto deportivo a largo plazo iniciado con la llegada de Pablo Castro hace casi una década que hoy provee a la primera local de jóvenes surgidos de la cantera, con juveniles como Sebastián Cuevas y Alvaro Caraffa haciendo sus primeros palotes a nivel nacional, y con jugadores scouteados hace tiempo, como Gerónimo Volpato, que ya se ganó con creces sus minutos en cancha.

La cohesión dirigencial y su seriedad para encarar los proyectos hacen hoy de Ameghino una institución modelo, con salarios al día y una infraestructura acorde a las exigencias de un campeonato de este nivel. Queda el gustito amargo de saber que si los juegos duraran 39 minutos y 58 segundos, el “León” estaría aún en cancha, ya que perdió dos partidos increíbles sobre la chicharra ante los misioneros. Cosas del básquet, diríamos…..Ahora es tiempo de descansar, porque el tiempo pasa volando, y muy pronto habrá que empezar a armar nuevamente el plantel para volver a representar a la ciudad y a la región en la Liga Argentina.

​“Se nos terminó un sueño”

Apenas minutos después de que un triple contra la chicharra haya sellado la temporada debut de Ameghino en la Liga Argentina, al cerrar la serie 3 a 1 a favor de Oberá, el capitán del equipo, Abel Aristimuño dejó caer sus sensaciones en el parquet.

“Se nos terminó un sueño”, reconoció, aunque inmediatamente aseguró que “estoy contento porque dimos todo, entregamos todo, más allá del resultado; nos quedamos tranquilos”.

El villamariense sostuvo que “la ilusión estaba y nos la robaron ellos”, con respecto a la posibilidad de seguir avanzando en la competencia. “Llegamos golpeados a los Play Off pero apenas comenzó la serie confiamos de lleno en que podíamos ganarlo, fue muy cerrada y el mérito es de ellos de haber podido cerrar los partidos muy bien”, argumentó.

Por su parte, Maximiliano Tamburini opinó que “el balance general del año, para mi, es buenísimo” porque “el objetivo era salvar la categoría, lo hicimos, encima clasificamos a Play Off y le sumamos cuatro partidos al primer clasificado después de los cuatro”.

Sobre el rendimiento del equipo, consideró que “no hay nada para reprocharse” y contó que “otros años me ha pasado de irme con la sensación de que se podría haber hecho algo más, pero hoy sinceramente no”.



Fabio Morisetti

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