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Muebles que narran historias y dejan su propia moraleja

Basurales, demoliciones y patios de las antiguas casas de los pueblos son la fuente inagotable de materia prima. En el taller, se preservan las mellas y vestigios de pintura para fabricar interesantes muebles de diseño, bajo la premisa de un total respeto al medioambiente

Cada tabla tiene su propia historia. Las capas de pintura craqueladas nos hablan de los distintos procesos a los que pudo ser sometida en el paso del tiempo.

Las marcas a fuego que alguna vez sirvieron de sello para rotular los contenidos que debieron soportar o las mellas que recibió en sus distintos usos también nos narran historias.

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Detrás de todo, y como denominador común, la madera.

Un material cuya nobleza desafía al tiempo y es capaz de mostrarse nuevamente en su máximo esplendor como componente de un mueble, pese al transcurrir de los años. Un material que nos invita a repensar la concepción del término “basura” y a generar conciencia en torno a la necesidad de reutilizar materiales, como una manera de amigarnos con el medioambiente.

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“Encontramos en la madera vieja una belleza difícil de encontrar en la nueva, que es la belleza que le dan los años, las marcas y las capas de pintura que acumula”, sostiene convencido Fernando Pérez, un emprendedor que radicó en Villa General Belgrano su taller de carpintería para mostrar que las tablas en desuso están muy lejos de haber perdido las cualidades que otrora las convirtieron en predilectas.

En diálogo con Puntal ADC, el titular de “1972 Muebles & Espacios” afirma que la fuente de materia prima de sus producciones se reparte entre basurales, restos de demoliciones y los patios de las casas antiguas de pequeños pueblos, en donde aún se conservan piezas de madera -la mayoría de las ocasiones- en lugares postergados de esas viviendas.

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“Suelo viajar a menudo a Buenos Aires y vuelvo con la camioneta llena de material que he recuperado de volquetes o contenedores”, cuenta Fernando.

El proceso

La producción de Fernando Pérez se sustenta en la fabricación de todo tipo de mobiliario, fundamentalmente, islas de cocina, muebles de baño y todo tipo de mesas –ratonas, de arrime, de living, entre otras-.

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También fabrican revestimientos y cerramientos para obras de arquitectura y en los últimos tiempos se enfocaron en la construcción de una vivienda en Villa Ciudad Parque, íntegramente con materiales recuperados.

Pero, para alcanzar el producto final, la primera etapa radica en la obtención de los materiales.

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Luego se somete a la madera a la detección de posibles metales incrustados que puedan significar una amenaza para las maquinarias de corte y tratamiento.

"Quizás no tengamos el poder para parar la generación de basura, pero sí tenemos el poder de usar la basura y darle una nueva vida".

“Contamos con un detector de metales y con la ayuda de ello se sacan clavos, tornillos o restos de cemento que pudieran dañar una maquinaria. Luego, se la trabaja como una madera normal”, señala Fernando.

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“Se respetan la vida que trae la madera y sus marcas. No se busca igualar los colores, sino que cada madera queda con el color que fue conseguida y esa combinación de colores generan armonía y una belleza que nos gusta realzar”, agrega.

-¿Ese proceso puede ser entendido como reciclaje?

- Consideramos que sí, que es una forma de reciclar de manera real. Hemos encontrado que en la basura se puede hallar material muy recuperable, y no sólo en maderas, sino también en otros tipos de materiales. Estamos inmersos en un mundo que tiene un problema muy grande en cuanto a la producción de basura, porque como seres humanos hemos generado mucho más de lo que podemos procesar y eso no para, sino que seguimos generando volúmenes monstruosos de basura. La humanidad no sabe bien todavía qué hacer con eso. Hoy se ha acumulado basura en basurales y se hacen enterramientos y tratamientos de basura que no le hacen nada bien al medioambiente. Por eso creemos que reciclamos en serio, porque hemos encontrado en la madera un material muy noble que tiene todavía mucho tiempo para vivir en forma de mueble. Y esto que hacemos con la madera no va en detrimento del material, al contrario. Encontramos en la madera vieja una belleza difícil de encontrar en la madera nueva, que es la belleza que le dan los años, las marcas y las capas de pintura que quedaron. Allí juega el oficio de saber hasta dónde sacar y hasta dónde poner, porque se trata de una cuestión estética, de encontrar la armonía. Pero la madera aporta muchísimo de esa belleza y, si bien el diseño hace lo suyo, la madera en sí aporta un gran porcentaje de esa belleza que se ve en el mueble terminado. Esas marcas, y esos colores que adquieren con los años, no se lograrían de ninguna otra forma. Incluso los desgastados, despintados y craquelados que se generan en la madera son naturales y se los ha dado el tiempo.

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-¿Cómo definiría el estilo que adquieren sus producciones?

-Nos representa cualquier tipo de arquitectura o movimiento amigable con el medioambiente y consideramos que es un camino obligado en este tiempo. Creemos que la recuperación de materiales y el tratamiento de la basura para reutilizarlos deberían ser una obligación moral de cada habitante de este planeta, junto con dejar de producir esa basura. Es decir, debería ser una obligación recuperar, reciclar y arreglar. Terminar con la obsolescencia programada, porque los materiales deberían durar, si es posible, para toda la vida. Y hay posibilidades que las cosas duren así. De hecho nuestras cosas antiguas, nuestras radios viejas siguen funcionando. Las guitarras viejas siguen sonando, porque fueron concebidas para durar.

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En un sistema de consumo, dominado por el dinero y por el comercio, eso se ha perdido y se hacen las cosas para que duren poco. Por eso nos alineamos con todo tipo de movimiento que tenga que ver con la sustentabilidad y con usar materiales amigables con el medioambiente. Y si es posible usar basura, utilizarla. Y uso la palabra basura muchas veces para desmitificarla, para sacarle la connotación negativa. Porque la basura es algo que no la hizo nadie alejado de este planeta, la hemos hecho nosotros. Por eso debemos mirarla de frente, reconocerla como nuestros desechos y a partir de ahí ver qué podemos hacer. Quizás no tengamos el poder para parar la generación de basura, pero sí tenemos el poder de usar la basura y darle una nueva vida.

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