Villa María | casa | curso |

Con un curso de albañilería pudo construir su propia casa: "Siempre digo que sí se puede"

La historia le pertenece a Celeste Molina, pero la comparte para animar al resto. “Hay que sacrificarse, pero se puede”, reafirma

Celeste Molina transformó un problema en una oportunidad y con esfuerzo y sacrificio, terminó haciéndose su propia casa, la que logró construir después de hacer un curso de albañilería para mujeres.

Molina es trabajadora nodocente de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM), y fue justamente esa institución la que, por medio de la Escuela de Formación Profesional OBRA, lanzó un taller para que mujeres como Celeste adquieran conocimientos básicos sobre construcción, como mezclar materiales, medir correctamente y levantar estructuras.

“Hay que sacrificarse, pero se puede”

La trabajadora nodocente decidió dar un giro a su vida tras atravesar una situación difícil.

Con esfuerzo, capacitación y constancia, Celeste logró levantar su casa desde los cimientos, demostrando que el acceso a la formación puede transformar realidades.

Esta historia empieza con un hecho desafortunado que cambió su rutina. Un día, la mujer detectó que los cimientos de su casa estaban mal realizados.

“Me quería morir”, recordó sobre ese momento. Sin embargo, encontró una oportunidad en el curso de medio oficial de albañilería que dicta OBRA, donde comenzó a formarse desde cero.

Durante cuatro meses, Molina adquirió conocimientos básicos sobre construcción, pero sobre todo, fortaleció su confianza y autonomía para avanzar en su propio proyecto.

Uno de los aspectos destacados del curso fue que estuvo destinado exclusivamente a mujeres. Esto generó un entorno de aprendizaje colaborativo, donde las participantes pudieron apoyarse mutuamente y romper estereotipos vinculados al rubro de la construcción.

Tras finalizar el curso en noviembre, Celeste comenzó rápidamente con la obra de su vivienda. A fines de diciembre inició la platea y, pocos días después, colocó el primer ladrillo.

Desde entonces, dedicó varias horas diarias a la construcción, luego de su jornada laboral. Con constancia, logró avanzar en tareas como encadenados, uso de materiales y hasta instalaciones mediante termofusión.

Ocho meses después, la casa está terminada en su estructura principal y ya habita el lugar.

“Siento satisfacción plena. Abrir la puerta de mi casa, ver cada pared y saber que la levanté yo es algo que no se puede explicar”, señala la trabajadora.

La historia de Celeste hoy inspira. Cada vez que puede, le habla a otras mujeres. A madres solas. A quienes alquilan. A quienes sienten que tener una casa propia es imposible.

Ella no duda y afirma: "Siempre digo que sí se puede. Hay que sacrificarse, pero se puede”.

Todavía le faltan detalles: colocar cerámicos, terminar algunos espacios. Pero lo importante ya está hecho. Lo esencial ya está de pie. Como su casa. Como su historia. Como ella.