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La clase media, la que más perdió: cayó el 25% su poder adquisitivo

Los gastos como alquileres, energía y transporte crecieron muy por encima del índice de inflación e impactaron más en los estratos medios. Las familias de ingresos bajos perdieron el 20% y las de ingresos altos, el 22%

La pérdida de poder adquisitivo atravesó a toda la sociedad en los últimos años. Sin embargo, la principal perdedora fue la clase media, que vio derrumbarse más de un 25 por ciento su capacidad de compra. Los datos surgen de un informe que publicó la consultora Apliconomy sobre la base de estadísticas elaboradas por el Indec.

En el estudio se construyeron indicadores para relacionar cómo evolucionó el ingreso per cápita familiar con una canasta de gastos esenciales. Esa canasta incluye alimentos, alquileres, energía, transporte, salud, educación y comunicaciones.

Si se toma 2017 como base 100, en el segundo trimestre de 2026, el estrato social bajo se ubicó en 80 puntos; el estato medio en 74,58 y el estrato social más alto alcanzó los 77,78 por ciento. Es decir, hubo una pérdida del 20 por ciento entre las familias de ingresos bajos, del 22,22 por ciento entre los hogares de ingresos altos y del 25,42 por ciento en la clase media.

“La combinación de salarios reales deprimidos y gastos esenciales relativamente más caros plantea dificultades para una recuperación sostenida de la demanda interna. Cuando los ingresos pierden poder adquisitivo y determinados gastos difíciles de postergar, como alquileres, servicios y transporte, se encarecen más que el promedio de precios, los hogares pueden disponer de menos recursos para otras compras. Este mecanismo resulta especialmente relevante para aquellas familias que destinan una proporción importante de su presupuesto a vivienda y servicios”, dice el informe.

Y agrega: “Las estadísticas del comercio muestran señales compatibles con este escenario. Para que los hogares amplíen sostenidamente su capacidad de compra será necesario no solamente que los ingresos aumenten por encima de los precios, sino también que mejore su relación con los gastos obligatorios y los compromisos financieros. Mientras los salarios reales permanezcan por debajo de sus niveles históricos y los servicios esenciales conserven precios relativamente elevados, la recuperación del consumo enfrentará restricciones importantes”.

Uno de los puntos interesantes del informe de Apliconomy es que confirma que algunos gastos esenciales, sobre todo para la clase media, como por ejemplo los servicios y los alquileres, tuvieron en los últimos años incrementos que están muy por encima del índice inflacionario.

“Aun cuando el salario real se estabilizara, determinados gastos pueden seguir absorbiendo recursos que antes se destinaban a otros consumos”, se lee en el informe de la consultora.

El impacto del aumento de determinados servicios y gastos se divide por regiones. Si se toma lo que ocurrió en el Gran Buenos Aires, la diferencia entre el índice de inflación y los aumentos en los servicios es muy fuere. “Si un gasto en electricidad y gas, actualizado por la inflación general, llegara a $10.000, ese mismo gasto, actualizado por los aumentos específicos de esos servicios, alcanzaría los $26.819. Es decir, costaría 2,68 veces lo que resultaría de actualizarlo por la inflación general, una diferencia de $16.819. Esto muestra cómo algunos gastos esenciales se encarecieron muy por encima de la inflación promedio, incluso cuando esta comienza a desacelerarse”, señala el informe.

En toda la Región Pampeana ocurrió una situación similar. “En la región Pampeana, la electricidad, el gas y otros combustibles alcanzaron aproximadamente 257,4 puntos, los alquileres 252,3 puntos y el transporte público 203,3 puntos. Los dos primeros componentes más que duplicaron su precio relativo frente al nivel general desde diciembre de 2023”, detalla el informe. Ese cuadro se repite, con más o menos intensidad, en todas las regiones del país.

Esa situación impacta especialmente en la clase media porque son gastos que componen su canasta fija de cada mes. Por ejemplo, para familias inquilinas, los servicios y el alquiler se llevan el 28,2 por ciento de los ingresos contra el 10,5 por ciento de los hogares propietarios.