Hernán y Darío están en la entrada de La Caleta como en la puerta del Castillo de Greiscol. Y acaso la comparación no sea gratuita. Ambos vienen de los dorados años ´80, como aquel dibujo animado y el viejo pub villamariense. Y entre leyendas medievales y rockeras (discos de Yes y Led Zeppelin mediante) allí vivieron y organizaron sus primeros recitales; reeditando la historia de un hada y un mago. Ese que en su castillo pasaba las noches buscando el poder para volver el tiempo atrás.
Historia de un festival “mágico”
“En el año 2002, yo hacía un programa de rock por Radio Centro que se llamaba “Postales del cerebro” -comenta Darío desde el bar de la “Gulf”, la estación de servicio en Seppey y Sarmiento- Pero a fin de ese año y como me iba a vivir a Mar del Plata para trabajar en la Mega, decidí hacer un festival a modo de cierre. Y esa fue la primera edición del Fijate Rock...”
-¿Vos ya tenías experiencia en recitales?
-Sí, porque a principio de los noventa había trabajado en la Rock and Pop de Córdoba y conocía el ambiente. De hecho, a los primeros recitales los organicé en La Caleta, allá al frente, a principios de los años noventa, cuando el pub explotaba...
-¿Y dónde hiciste aquella primera edición del “Fijate”?
-Se hizo en el Subnivel. Y como vino bastante gente para nuestras expectativas, decidimos continuar a fines del 2003. A la segunda la hicimos en Metrópolis y tocaron “Carajo” y “Pez”. Fue un show bárbaro y metimos más de mil personas. El 2004 lo hicimos en Ameghino. La entrada valía un peso más un alimento no perecedero, a beneficio de las instituciones. Esa noche tocó “Árbol”, “Cabezones”, “La Mancha de Rolando” y “Roma Pagana”, la banda de Andrea Prodan, el hermano de Luca. Poco tiempo después, en el 2006, trajimos “No te va a gustar” al escenario Vanzetti cuando no los conocía nadie... Pero ya había empezado la debacle...
-¿Qué debacle?
-Me sentía un poco saturado, cansado y desmotivado. Además, en los dos últimos festivales renegamos mucho y vino poca gente. Me acuerdo que en el Vanzetti le hicimos un homenaje a Monky Tieffenberg y metimos nada más que cien personas. En el 2007 estuvimos en el pub “Mundo” y en el 2008 nos fue realmente mal. Y entonces decidí dejar el festival...
-Aunque tu balance no fue bueno en lo económico ¿lo fue en lo artístico?
-Totalmente. No sólo porque trajimos a Villa María bandas que luego serían referentes de la escena nacional, sino porque vinieron grupos de Mendoza, Santiago del Estero, Tierra del Fuego, La Pampa... Era un recital realmente federal y abierto. Y siempre hubo bandas locales de primer nivel, como Motorblues o Gran Sonar. Y en las primeras ediciones, Monky colaboró siempre...
-Diez años después ¿cómo ves la escena del rock en la ciudad?
-A nivel bandas Villa María se ha profesionalizado muchísimo. Los músicos se hacen respetar y ya no tocan gratis. Creo que la universidad tuvo mucho que ver en ese cambio de consciencia, en adoptar esa lógica que viene de Buenos Aires. Antes, los pubs ninguneaban por demás a las bandas y ahora eso ya no pasa.
-¿Y el público?
-El público se ha modificado muchísimo a nivel oído, y hoy es mucho más amplio, calificado y exigente. Y no sólo hablo de los villamarienses sino de la gente de la zona que viene a los espectáculos. Esa zona se ha ampliado también.
-¿Cómo es esto?
-Quiero decir que “la zona” ya no es más Arroyo Cabral, Oliva y Las Varillas. Ahora también es Marcos Juárez o San Antonio de Litín. Y eso ha jugado a favor de las bandas. Porque hay público y músicos de otro lado y se ha levantado la vara. Antes, un grupo ensayaba dos meses y largaba con el primer recital. Hoy recién salen a los dos años...
-Contáme qué va a pasar mañana...
-Largamos a las 22 con una previa, una mesa de comidas y una barra de cerveza artesanal para unas 200 personas, que es la capacidad de “Liverpool”. La entrada anticipada cuesta 100 pesos y 150 en puerta. Ya se han vendido muchas. La idea es que a las 23.30 esté largando la primera banda...
-¿Y la propuesta musical?
-La idea es mezclar estilos. Máquina Matarife, por ejemplo, es un rock industrial con algo de máquinas; Sequaces y Origami son de la ciudad y están entre lo clásico y lo alternativo pero con mucho “power”. Y Albañitles, además de los temas propios, siempre hacen un tributo a Los Beatles...
-¿Cómo definirías el rock alternativo?
-Es algo muy amplio, pero se caracterizan no por un estilo musical sino por lo social, porque sus músicos están en la lucha y no viven de la música. Cuando empecé con el festival, soñaba con hacer un Anfiteatro, pero el “underground” no convoca demasiado. Igual esperemos que mañana el pub se llene (risas)
-La última pregunta que debió ser la primera ¿Por qué decidiste reflotar el festival?
-Porque Hernán me habló hace tres meses. Él quería armar un show y mientras charlábamos, me dijo “¿y por qué no reflotás el Fijáte y yo te ayudo?” Acepté y volví con el programa de radio también. Digamos que a Hernán le debo bastante esta vuelta al ruedo...
Y en esos momentos, Hernán cruza Bulevar Sarmiento rumbo a la “Gulf”. Una vez allí y tras las presentaciones de rigor, es él quien propone hacer la foto en el portón de la vieja Caleta. Acaso por nostalgia o quizás por pura visión de futuro. Porque sabe que mañana en un pub del club River, volverá aquella vibración de los años ´80, esa noches de calor llenas de ansiedad como por arte de magia. La historia de un hada y un mago que no tiene fin.
Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María
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“En el año 2002, yo hacía un programa de rock por Radio Centro que se llamaba “Postales del cerebro” -comenta Darío desde el bar de la “Gulf”, la estación de servicio en Seppey y Sarmiento- Pero a fin de ese año y como me iba a vivir a Mar del Plata para trabajar en la Mega, decidí hacer un festival a modo de cierre. Y esa fue la primera edición del Fijate Rock...”
-¿Vos ya tenías experiencia en recitales?
-Sí, porque a principio de los noventa había trabajado en la Rock and Pop de Córdoba y conocía el ambiente. De hecho, a los primeros recitales los organicé en La Caleta, allá al frente, a principios de los años noventa, cuando el pub explotaba...
-¿Y dónde hiciste aquella primera edición del “Fijate”?
-Se hizo en el Subnivel. Y como vino bastante gente para nuestras expectativas, decidimos continuar a fines del 2003. A la segunda la hicimos en Metrópolis y tocaron “Carajo” y “Pez”. Fue un show bárbaro y metimos más de mil personas. El 2004 lo hicimos en Ameghino. La entrada valía un peso más un alimento no perecedero, a beneficio de las instituciones. Esa noche tocó “Árbol”, “Cabezones”, “La Mancha de Rolando” y “Roma Pagana”, la banda de Andrea Prodan, el hermano de Luca. Poco tiempo después, en el 2006, trajimos “No te va a gustar” al escenario Vanzetti cuando no los conocía nadie... Pero ya había empezado la debacle...
-¿Qué debacle?
-Me sentía un poco saturado, cansado y desmotivado. Además, en los dos últimos festivales renegamos mucho y vino poca gente. Me acuerdo que en el Vanzetti le hicimos un homenaje a Monky Tieffenberg y metimos nada más que cien personas. En el 2007 estuvimos en el pub “Mundo” y en el 2008 nos fue realmente mal. Y entonces decidí dejar el festival...
-Aunque tu balance no fue bueno en lo económico ¿lo fue en lo artístico?
-Totalmente. No sólo porque trajimos a Villa María bandas que luego serían referentes de la escena nacional, sino porque vinieron grupos de Mendoza, Santiago del Estero, Tierra del Fuego, La Pampa... Era un recital realmente federal y abierto. Y siempre hubo bandas locales de primer nivel, como Motorblues o Gran Sonar. Y en las primeras ediciones, Monky colaboró siempre...
-Diez años después ¿cómo ves la escena del rock en la ciudad?
-A nivel bandas Villa María se ha profesionalizado muchísimo. Los músicos se hacen respetar y ya no tocan gratis. Creo que la universidad tuvo mucho que ver en ese cambio de consciencia, en adoptar esa lógica que viene de Buenos Aires. Antes, los pubs ninguneaban por demás a las bandas y ahora eso ya no pasa.
-¿Y el público?
-El público se ha modificado muchísimo a nivel oído, y hoy es mucho más amplio, calificado y exigente. Y no sólo hablo de los villamarienses sino de la gente de la zona que viene a los espectáculos. Esa zona se ha ampliado también.
-¿Cómo es esto?
-Quiero decir que “la zona” ya no es más Arroyo Cabral, Oliva y Las Varillas. Ahora también es Marcos Juárez o San Antonio de Litín. Y eso ha jugado a favor de las bandas. Porque hay público y músicos de otro lado y se ha levantado la vara. Antes, un grupo ensayaba dos meses y largaba con el primer recital. Hoy recién salen a los dos años...
-Contáme qué va a pasar mañana...
-Largamos a las 22 con una previa, una mesa de comidas y una barra de cerveza artesanal para unas 200 personas, que es la capacidad de “Liverpool”. La entrada anticipada cuesta 100 pesos y 150 en puerta. Ya se han vendido muchas. La idea es que a las 23.30 esté largando la primera banda...
-¿Y la propuesta musical?
-La idea es mezclar estilos. Máquina Matarife, por ejemplo, es un rock industrial con algo de máquinas; Sequaces y Origami son de la ciudad y están entre lo clásico y lo alternativo pero con mucho “power”. Y Albañitles, además de los temas propios, siempre hacen un tributo a Los Beatles...
-¿Cómo definirías el rock alternativo?
-Es algo muy amplio, pero se caracterizan no por un estilo musical sino por lo social, porque sus músicos están en la lucha y no viven de la música. Cuando empecé con el festival, soñaba con hacer un Anfiteatro, pero el “underground” no convoca demasiado. Igual esperemos que mañana el pub se llene (risas)
-La última pregunta que debió ser la primera ¿Por qué decidiste reflotar el festival?
-Porque Hernán me habló hace tres meses. Él quería armar un show y mientras charlábamos, me dijo “¿y por qué no reflotás el Fijáte y yo te ayudo?” Acepté y volví con el programa de radio también. Digamos que a Hernán le debo bastante esta vuelta al ruedo...
Y en esos momentos, Hernán cruza Bulevar Sarmiento rumbo a la “Gulf”. Una vez allí y tras las presentaciones de rigor, es él quien propone hacer la foto en el portón de la vieja Caleta. Acaso por nostalgia o quizás por pura visión de futuro. Porque sabe que mañana en un pub del club River, volverá aquella vibración de los años ´80, esa noches de calor llenas de ansiedad como por arte de magia. La historia de un hada y un mago que no tiene fin.
Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María

