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“La escuela rural es el ámbito donde hay verdadera integración social”

Alicia Isaía y Mariela Armano son directoras de la Fray Anselmo Chianea de Las Cuatro Esquinas y la Islas Malvinas de Las Mojarras respectivamente. Hablaron de la realidad educativa que viven en el campo cercano

Todos los miércoles, dos colectivos bajan de la ruta 158 llenos de chicos. Son los alumnos de las escuelas rurales “Fray Anselmo Chianea” e “Islas Malvinas”, que vienen de Las Cuatro Esquinas y Las Mojarras; ese “lejano noroeste” de la ciudad.

Una vez en Villa María, el recorrido de la troupe es siempre el mismo: el Natatorio Salta, la Medioteca y la Tecnoteca. Ese día,  los chicos del campo aprenden natación y luego tienen talleres de literatura, ajedrez y robótica. Entre la pileta y los talleres, tiene lugar el almuerzo. Y luego, cuando el reloj marca las cuatro de la tarde, los colectivos vuelven cargados al campo, levantando el polvo de los caminos como una estela de felicidad, ese guadal sin nombre.

Cuatro esquinas en el campo y mojarras en la soja

Estamos en la Medioteca con las directoras de ambas escuelas, Alicia Isaía y Marcela Armano. Alicia lleva 33 años dando clases en la Fray Anselmo Chianea de Las Cuatro Esquinas a 7 kilómetros de Villa María sobre Ruta 158. Su población, contando los alumnos del jardín hasta sexto grado, es de 44 alumnos.

-Es una buena matrícula, ¿no?

-Sí. De hecho, somos una de las escuelas rurales con mejor número de alumnos en la zona. Por suerte no estoy sola con tantos chicos porque la otra mitad del cuerpo docente es la “seño” Blanca Ferreyra. Entre las dos llevamos adelante la escuela.

-¿Cómo definirías la población de la escuela?

-El 90 por ciento de los chicos son de la zona rural, aunque hay algunos que vienen de Villa María y de Villa Nueva. Nos eligen por la atención personalizada o porque la pasaban mal en las escuelas de la ciudad, por burlas o la invisibilización. También hay que decir que el 30 por ciento de los niños provienen de la comunidad boliviana.

-¿De cortaderos?

-Todos provienen de los cortaderos de ladrillos que se levantan en la prolongación de avenida Vélez Sársfield y calle Buenos Aires hacia el norte. Es una muy buena cantidad y son chicos muy respetuosos que necesitan de la escuela.

Mariela Armano, por su parte, dirige la escuela Islas Malvinas de Las Mojarras, un pueblo a 12 kilómetros de la ciudad. 

“Hoy tenemos una matrícula de 9 niños con jardín de infantes incluido, pero yo soy el único personal, la directora con todos los grados a cargo. Hace 23 años que estoy en esa escuela y diez que soy la directora. Los chicos son del campo y del pueblo”, contó.

-¿Siempre se manejaron con un número bajo de alumnos?

Mariela: Para nada. En las escuelas rurales no hay matrículas bajas. Sería un error pensarlo así. Pero en Las Mojarras cerraron los tambos y eso produjo deserción. Fue en el 2000. Igual, el número sigue siendo bueno para lo que se pronosticaba en esos tiempos.

-En Buenos Aires, María Eugenia Vidal cerró escuelas rurales por el bajo número de alumnos. ¿Qué pensas de esa medida?

Mariela: Una escuela rural, amén del cupo, cumple una función social esencial. Y en el campo no hay ninguna otra institución que reúna a los padres y a las familias en pos de un objetivo en común. Además, es el único lugar donde los niños se contactan entre sí y definen su identidad en relación al entorno. Sacarlos de su lugar sería desarraigarlos.

-Hoy tenés nueve alumnos en Las Mojarras pero nada impide que el año que viene tengas veinte, ¿no?

Mariela: ¡Totalmente! Nadie tenía en los papeles los chicos de la comunidad boliviana y ahora son una realidad. Te lo puede decir Alicia. Cuando pasó la autopista cerca, todos pensamos que nuestras escuelas se iban a despoblar porque nos dividía por la mitad. Todas estábamos aterradas con esa situación nueva pero al final no pasó nada. Incluso la matrícula aumentó en los últimos años.

Alicia: El despoblamiento producido por el cierre de los tambos ya pasó. Ahora el número se quedó estancado y no va a mermar, aunque haya cambiado la realidad de las familias.

-¿Cómo es esto?

Mariela: Antes, las familias de los tambos eran muy numerosas y con muchos hijos. Había familias que tenían 5 o 6. Ahora, en cambio, algunas apenas si tienen uno. Hay muchas variables que afectan la matrícula de la escuela rural, no sólo el modelo sojero.

-¿Cuáles son las diferencias más notables entre la escuela rural y la escuela urbana?

Mariela: Hoy casi no hay diferencias en lo material y pedagógico porque en nuestras escuelas tenemos computadoras, aula digital y acceso a internet; también docentes especiales, algo por lo que hemos peleado mucho. 

Alicia: Creo que una de las diferencias más notables es el respeto por el maestro. Eso se nota más en las escuelas rurales. También el sentido del compañerismo. La escuela rural es el ámbito donde hay verdadera integración social. Los docentes todavía seguimos siendo valorados y no se nos cuestiona la autoridad como suele pasar en las escuelas urbanas. Las familias del campo confían en las maestras y le inculcan ese respeto a los chicos.

-¿Qué significa tener varios grados en un aula?

Alicia: Es un gran desafío. Yo tengo tres grados a mi cargo y nos capacitamos continuamente.

Mariela: Yo tengo todos los grados y es hermoso porque muchas veces se producen verdaderos saltos educativos gracias a la mixtura.

-¿Los chicos usan celular en el aula?

Mariela: Muy poco. Y cuando lo llevan, no lo tomamos como algo que nos afecta sino que lo incorporamos para agilizar la clase.

-¿Cómo son estas incursiones a la ciudad?

Alicia: Son en el marco de la jornada extendida, un programa que llega de la provincia. Venimos una vez por semana a natación y luego a talleres de literatura y ajedrez. 

-¿Y cómo han impactado estas jornadas en los chicos?

Alicia: Muy bien. Nos ayudan mucho los chicos de Educación Física de Las Rosarinas y Los Trinitarios, la Inspección de la zona 3210 y en la Medioteca, Anabella Gill nos brinda todo. Ni hablar del profesor Pablo Paris de ajedrez y el profesor Mauro Guzmán en literatura. Después tenemos un taller en la Tecnoteca donde los chicos ven robótica. 

Mariela: Todos los chicos tienen el carnet de la biblioteca y se amargan cuando se lo olvidan.

-¿Siempre quisieron ser maestras rurales?

Mariela: Yo sí. Nunca di clases en la ciudad ni creo que las dé ya.

Alicia: Yo hice la primaria en una escuela rural y me imaginaba que daba clases. Hoy estoy  viviendo aquello que soñé desde chica, en esas tardes que miraba al pizarrón.



Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María

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