El pedagogo y filósofo francés Philippe Meirieu se presentó en el Teatro Verdi para brindar una conferencia, de la cual participaron más de 400 educadores de la ciudad y región. En la misma, pidió por un “proyecto educativo común con una perspectiva más generosa, justa y alegre”. Además remarcó que “la educación se construye en conjunto”. El evento se realizó bajo la invitación de la Biblioteca Rivadavia por la celebración del octogésimo aniversario de su nivel primario.
“La educación no es un monopolio de la escuela”
El prestigioso disertante se refirió al camino que debe seguir la enseñanza en las aulas, y expresó: “Es necesario aprender juntos, para aprender a construir. La educación no es un monopolio de la escuela, sino que se hace de manera conjunta entre varios actores”. Sobre los diferentes participantes, precisó que también los padres inciden en la educación del niño. Dentro de los espacios de formación, precisó también la existencia de los “entrelugares”, y ejemplificó con los clubes o lugares deportivos donde el niño asiste y sociabiliza.
Dentro de la conferencia, Meirieu explicó: “Aun cuando los padres juegan un rol determinante en la educación, estoy convencido que ese rol está complementado con el de la escuela, porque a la escuela el niño no va solamente a aprender”. A esa afimarción, le agregó: “El niño va a descubrir la alteridad, a otros niños con otras familias e historias, niños que son diferentes, niños con discapacidades, niños con otras convicciones y otras creencias”.
Utopías peligrosas
El autor de varios títulos referidos a la pedagogía y la enseñanza, manifestó que en la actualidad existen utopías peligrosas que aparecen en torno a las grandes industrias de lo digital. En base a ello, Meirieu realizó una breve crítica a pensadores que creen en el determinismo tecnológico. “Sueñan con remplazar a la escuela con un frente a frente con la computadora, y de este modo piensan que la escuela podría adaptarse individualmente a cada niño”, destacó. Y añadió: “Una serie de niños sentados uno al lado del otro, frente a una pantalla, no crea una sociedad, y menos, una sociedad solidaria”.
Para solucionar estos problemas, el filósofo pidió por “una complementariedad entre los padres, la escuela y los terceros lugares”. A ello, le sumó la especial atención que los actores deben tener ante las fuerzas externas que “no siempre están relacionadas a lo educativo”. Entre ellas, enumeró: “La fuerza de la publicidad, el poder de la televisión comercial, el poder extraordinario de todos los medios de comunicación. Todas no siempre alientan a la emancipación y la cultura, sino que se dirigen a la dominación de cada uno y cada una”.
“Pensar la repitencia”
“Debemos replantearnos la forma escolar, y preguntarnos si en una clase es necesario que todos los niños hagan la misma cosa al mismo tiempo, si es necesario que todos los niños tengan el mismo nivel en lo que hagan, y si no sería mejor que los niños presenten niveles diferentes para que se ayuden unos a otros”, indicó Meirieu, entre la serie de posibilidades que podrían mejorar el sistema.
El pedagogo le pidió a los asistentes que se interroguen sobre las modalidades de repitencia de los niños en las escuelas y sugirió como idea innovadora que se les permita a los niños estar en un curso para algunas materias, y en otro curso para otras materias.
Crisis de la educación
Una de las particularidades descritas por el pedagogo se refirió al estado de crisis en el que se encuentra el sistema educativo actual. Entre las características propias de su investigación, remarcó la desaparición de una referencia moral única, la escalada del individualismo social, y el cambio de estatus del niño en la configuración familiar de las sociedades modernas.
En referencia a esos puntos, el francés mencionó: “Es necesario preparar ciudadanos solidarios. Tenemos que luchar contra el individualismo que pone bajo sospecha el trabajo de las instituciones”. Sobre la modificación del rol del niño en las familias, sostuvo: “Tradicionalmente los padres tenían la obligación de hacer felices a los niños, y en la actualidad son los niños quienes tienen que hacer feliz a los padres. Hay una transgresión de las reglas, y se les da el poder a ellos (los niños), que llegan a las aulas bajo esas perspectivas”.
Perspectivas y referencias
Meirieu especificó algunos de los objetivos a futuro que debe perseguir la educación. Entre ellos, enunció: “La escuela debe trabajar incansablemente en la puesta en marcha de formas de cooperación que favorezcan a todos”. Además, solicitó prorrogar el tiempo en las escuelas, para permitir “la emergencia del pensamiento y el aumento de la reflexividad”.
“La escuela debe hacer de la resistencia del objeto que encuentre y del diálogo con él, una forma de trabajo esencial, constitutiva de las construcciones de atención y de los modos de entrar en la obra”, relató el pedagogo. Y cerró: “También debe permitirle a cada niño, el acceso a los bienes comunes fundamentales, y la posibilidad de satisfacer sus deseos”.
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El prestigioso disertante se refirió al camino que debe seguir la enseñanza en las aulas, y expresó: “Es necesario aprender juntos, para aprender a construir. La educación no es un monopolio de la escuela, sino que se hace de manera conjunta entre varios actores”. Sobre los diferentes participantes, precisó que también los padres inciden en la educación del niño. Dentro de los espacios de formación, precisó también la existencia de los “entrelugares”, y ejemplificó con los clubes o lugares deportivos donde el niño asiste y sociabiliza.
Dentro de la conferencia, Meirieu explicó: “Aun cuando los padres juegan un rol determinante en la educación, estoy convencido que ese rol está complementado con el de la escuela, porque a la escuela el niño no va solamente a aprender”. A esa afimarción, le agregó: “El niño va a descubrir la alteridad, a otros niños con otras familias e historias, niños que son diferentes, niños con discapacidades, niños con otras convicciones y otras creencias”.
Utopías peligrosas
El autor de varios títulos referidos a la pedagogía y la enseñanza, manifestó que en la actualidad existen utopías peligrosas que aparecen en torno a las grandes industrias de lo digital. En base a ello, Meirieu realizó una breve crítica a pensadores que creen en el determinismo tecnológico. “Sueñan con remplazar a la escuela con un frente a frente con la computadora, y de este modo piensan que la escuela podría adaptarse individualmente a cada niño”, destacó. Y añadió: “Una serie de niños sentados uno al lado del otro, frente a una pantalla, no crea una sociedad, y menos, una sociedad solidaria”.
Para solucionar estos problemas, el filósofo pidió por “una complementariedad entre los padres, la escuela y los terceros lugares”. A ello, le sumó la especial atención que los actores deben tener ante las fuerzas externas que “no siempre están relacionadas a lo educativo”. Entre ellas, enumeró: “La fuerza de la publicidad, el poder de la televisión comercial, el poder extraordinario de todos los medios de comunicación. Todas no siempre alientan a la emancipación y la cultura, sino que se dirigen a la dominación de cada uno y cada una”.
“Pensar la repitencia”
“Debemos replantearnos la forma escolar, y preguntarnos si en una clase es necesario que todos los niños hagan la misma cosa al mismo tiempo, si es necesario que todos los niños tengan el mismo nivel en lo que hagan, y si no sería mejor que los niños presenten niveles diferentes para que se ayuden unos a otros”, indicó Meirieu, entre la serie de posibilidades que podrían mejorar el sistema.
El pedagogo le pidió a los asistentes que se interroguen sobre las modalidades de repitencia de los niños en las escuelas y sugirió como idea innovadora que se les permita a los niños estar en un curso para algunas materias, y en otro curso para otras materias.
Crisis de la educación
Una de las particularidades descritas por el pedagogo se refirió al estado de crisis en el que se encuentra el sistema educativo actual. Entre las características propias de su investigación, remarcó la desaparición de una referencia moral única, la escalada del individualismo social, y el cambio de estatus del niño en la configuración familiar de las sociedades modernas.
En referencia a esos puntos, el francés mencionó: “Es necesario preparar ciudadanos solidarios. Tenemos que luchar contra el individualismo que pone bajo sospecha el trabajo de las instituciones”. Sobre la modificación del rol del niño en las familias, sostuvo: “Tradicionalmente los padres tenían la obligación de hacer felices a los niños, y en la actualidad son los niños quienes tienen que hacer feliz a los padres. Hay una transgresión de las reglas, y se les da el poder a ellos (los niños), que llegan a las aulas bajo esas perspectivas”.
Perspectivas y referencias
Meirieu especificó algunos de los objetivos a futuro que debe perseguir la educación. Entre ellos, enunció: “La escuela debe trabajar incansablemente en la puesta en marcha de formas de cooperación que favorezcan a todos”. Además, solicitó prorrogar el tiempo en las escuelas, para permitir “la emergencia del pensamiento y el aumento de la reflexividad”.
“La escuela debe hacer de la resistencia del objeto que encuentre y del diálogo con él, una forma de trabajo esencial, constitutiva de las construcciones de atención y de los modos de entrar en la obra”, relató el pedagogo. Y cerró: “También debe permitirle a cada niño, el acceso a los bienes comunes fundamentales, y la posibilidad de satisfacer sus deseos”.

