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El churrero de la costa: "Hace 18 años comencé con una mesita muy precaria"

Mario Abeldaño es un ejemplo de superación. Inició la venta de churros hace casi dos décadas por necesidad económica. Hoy es un negocio familiar que hasta tiene franquicias en tres provincias del país y va por más

Mario Abeldaño es tucumano y tiene 57 años, llegó a Villa Nueva junto con su familia cuando tenía apenas 4.

Fue futbolista de Alumni en la década de los ochenta, también vistió las camisetas Sportivo Pozo del Molle, Sportivo Belgrano de San Francisco y Sarmiento de Idiazábal. El Tucu era un centro delantero potente y con gol. Una lesión lo obligó a dejar la práctica deportiva detrás de la pelota en cuanto a clubes, siguió haciéndolo entre amigos y campeonatos comerciales.

Formó familia con Carolina Oscar y tuvieron dos hijas, Tamara y Abigail.

Cuando las cosas no salieron como cualquier persona desea, Mario tuvo que salir a rebuscársela. La situación económica no era óptima y en la desesperación por salir adelante encontró en la venta de churros su filosofía de vida. Porque luego de mucho sacrificio, esfuerzo y sobre todo dedicación, creó un negocio familiar que es su gran orgullo.

Luego de 18 largos años, el “Churro de la Costa” es el puesto más exitoso de la costanera villamariense, hay filas todos los días esperando para comprar, no llegan a cumplir con los pedidos teléfonicos y la marca ya llegó a tres provincias. El boom no se detiene y, si la pandemia lo permite, habrá más sorpresas para Villa María.

“Comencé por necesidad hace 18 años, fue una bendición, no la estaba pasando bien, no tenía trabajo y había que mantener a la familia. Busqué cómo hacer el mejor churro, miraba recetas, sentía que tenía que insistir, probé varios hasta que di con el que creí que era el mejor de todos. Quizás alguien recuerda a don Gauna, un villanovense que salía a vender. Él me dio la receta y me vendió una máquina. Así fue el inicio”, comenta con nostalgia Abeldaño.

-¿Cómo fueron esos primeros pasos de la churrería?

-Era todo muy precario. Al prinicio me daba cierta cosa, era relativamente conocido en el fútbol y pararme con una mesita frente al anfiteatro no era fácil para mí, pero pensaba en mi familia y se me pasaba todo.

Una de las primeras veces fue un 25 de mayo en el desfile de Villa Nueva. Muchos familiares me decían que no iba a vivir de la venta de churros, que lo dejara. Pero siempre sentí la ayuda de Dios y estaba convencido.

Mario rememoriza los comienzos y dice: “Muchas veces volvía a casa con la plata justa, apenas me alcanzaba para comer. Una vez, tenía internada a mi hija más grande y necesitaba dinero para unos medicamentos y no tenía. Sin los mismos no le daban el alta. Recuerdo que hubo una Farándula y vendí muchísimo. Con todo lo recaudado pagué lo que hacía falta y mi hija salió de la internación”, la crudeza en las palabras se hacen un nudo en la garganta.

-¿Cuándo considera que el esfuerzo empezó a tener premio?

-En el año 2011, también pasó algo muy lindo. Como dije anteriormente me paraba frente al anfiteatro con una mesita precaria. Ahí a unos metros había una casilla de una familia que también vendía churros, siempre reinó el respeto más allá de que eramos competencia. Un día me ofrecen quedarme con la casilla para que continuara con el legado, me dieron muchas facilidades.Ese fue un gran crecimiento.

Han pasado 18 años y el negocio creció de manera impensada. Aunque nada es casualidad, Mario y su familia siempre buscaron mejorar. “Siempre buscamos ir progresando, brindamos atención y servicio, es lo mismo el cliente que compra dos churros o el que se lleva tres docenas. El progreso fue la premisa del emprendimiento, de a poco metimos el mejor aceite, la mejor harina, vamos aggiornándonos con las bolsas, conocemos a los clientes, son muchos años y la confianza es enorme”.

-¿Qué significado tiene el reconocimiento de los clientes luego de tanto esfiuerzo?

-Es muy gratificante, ver desde la ventanilla del carro a la familia con el vaso de chocolate y el churro en la mano me llena de emoción. Eso es el Churro de la Costa.

En cuanto a su vida personal, la venta de churros le ha otorgado al Tucu que sus dos hijas estudien y sean profesionales.

El crecimiento ya es interprovincial

Tal es el éxito del producto que Mario ha vendido las franquicias a las provincias de Salta, San Luis y Tucumán, proximamente estarán los carros haciendo honor a aquel que comenzó hace casi dos décadas atrás.

Además la gama de productos se agrandó porque no sólo la familia realiza churros sino que también hacen pastelitos, donas, tortillas y medialunas que hasta se reparten en varias panaderías.

-¿Qué consejo le daría a la persona que está en una situación complicada y quiere emprender?

-Muchos empresarios te cuentan y muestran el resultados, pero pocos o casi nadie te cuenta el ABC, lo básico para llegar a que te vaya bien. Hay que correr riesgos y no quedarse, insistir y preocuparse por el producto más que por el dinero. Tienen que fijarse objetivos e ir por ellos.

La innovación está a flor de piel, por eso Mario cuenta: “Si la pandemia lo permite, vamos a tener más rellenadoras y se vienen nuevos sabores, a la gente le gusta y nos debemos a ellos. Se pide mucho el baño de chocolate y va a ser una opción de las que estamos analizando con la familia”.

El carro de la churrería sobre la costanera atiende todos los días de 15 a 19 horas y en verano durante sábado y domingo.

“Hace cuatro años me puse como objetivo que la gente coma también en verano, no sólo en invierno y resultó”, dice, Mario.

Abeldaño, el reconocido churrero de la costa, aquel goleador de los años ochenta, hoy vive una realidad soñada cargada de esfuerzo y no le da verguenza al decir: “La churrería fue mi mejor gol”.

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