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Sin gas ni gasoil, una crisis y una oportunidad

El gobierno de Schiaretti inició una movida política para reclamarle a la gestión de Alberto Fernández por los problemas de abastecimiento de combustible. El mandatario provincial refuerza así su perfil opositor y busca sumar a más provincias

En la zona de Laborde, en el sudeste de la provincia, en las últimas horas se pagó hasta 200 pesos por cada litro de gasoil. La información llegó al gobierno de Córdoba y encendió las alarmas porque, como ocurre invariablemente, a la escasez le siguen la especulación, el aprovechamiento y la tensión.

Conseguir combustible se ha vuelto una odisea para los camioneros que en esta época del año trasladan la cosecha. En el mes de mayor demanda, el gasoil no está. Circulan videos en las redes y en los medios de colas kilométricas a la espera del turno en el surtidor. Hay cupos. Por eso, los viajes que hasta el año pasado se hacían en 15 o 16 horas hoy están insumiendo hasta tres días; los transportistas están obligados a parar en cada pueblo y a esperar para llevarse algunos litros en el tanque.

Para el gobierno provincial, la escasez de gasoil para la cosecha y la perspectiva casi certera de cortes de gas se han convertido en el tema por excelencia en la agenda. El viernes, desde El Panal convocaron a los grupos empresarios más importantes de Córdoba: primero, se decidió generar una instancia de monitoreo permanente de la crisis energética; además, pidieron una audiencia al secretario de Energía, Darío Martínez, para que la Nación detalle cuál es el panorama actual y qué podría pasar en los próximos meses.

A ese movimiento político-empresarial se sumará en los próximos días un capítulo legislativo. El schiarettismo presentará tres proyectos para tratar de poner la crisis energética en debate. Uno de ellos propone citar con urgencia a Martínez a comparecer en el Congreso. Otro proyecto requiere información sobre qué obras se financiaron con el 25% del Impuesto a la Riqueza que debía destinarse a infraestructura energética; por último, también se pide que el Ejecutivo informe por qué se frenaron los gasoductos que no sólo habrían garantizado la provisión interna de gas para las épocas de mayor consumo sino que, además, hubieran permitido exportar y aportarle divisas a una economía sedienta de dólares. Al país le sobra gas pero como no hay inversiones para extraerlo y transportarlo debe importarlo a los alocados precios internacionales que produjo la guerra de Putin.

Pero la preocupación de las empresas y el Gobierno y el peregrinar de los transportistas y los productores por las estaciones de servicio se topan con la actitud que la gestión de Alberto Fernández ha decidido adoptar: la negación. Hace una semana, cuando al Presidente le preguntaron en la TV Pública si habría faltantes de gas, contestó que el Gobierno está haciendo todo para garantizar que la provisión sea normal. Y dio por terminado el tema.

Ayer, en el acto por Malvinas, la vicepresidenta Cristina Fernández, que hizo su propio homenaje lejos de Alberto, planteó la necesidad de asegurar la soberanía energética y remarcó que el país es la segunda reserva mundial en gas no convencional. Cristina habló y diagnosticó, y cosechó aplausos de la audiencia, como si el kirchnerismo no hubiera gobernado durante 12 años y como si el actual Presidente fuera una circunstancia del destino ajena a ella.

La Casa Rosada niega por ahora la crisis energética. Alberto, en una entrevista, dijo que está asegurado el abastecimiento para el invierno. La Casa Rosada niega por ahora la crisis energética. Alberto, en una entrevista, dijo que está asegurado el abastecimiento para el invierno.

Pero, si bien Cristina habló del gas y la energía, en la Casa Rosada han seguido un camino diferente al que vienen transitando con respecto a la inflación: a la suba de precios el Gobierno la reconoce, la diagnostica, aunque le adjudica cada vez menos una dimensión económica. Desde que le declaró la guerra, Alberto y los funcionarios han conceptualizado a la inflación ya no desde un punto de vista monetario -vade retro-, ni desde la perspectiva de la multicausalidad -latiguillo que ha servido en los últimos años para explicar sin explicar nada y para no tomar ninguna decisión de fondo- sino que la han tipificado como un fenómeno psíquico-místico-esotérico, en el que se combinan los diablos y las maldiciones, las terapias de grupo y la necesidad de ser mago para parar lo imparable.

Pero, punto a favor del Gobierno, al menos a la inflación la admite. A la crisis energética aún no. Y, por lo tanto, no es posible ensayar una respuesta para lo que no existe.

Por eso no toma decisiones. Por eso hasta ahora ha desoído olímpicamente los planteos públicos que ha hecho la agroindustria de siete provincias, que aseguró que la escasez de gasoil podría atenuarse si se elevara el corte de biocombustibles al 20 por ciento y existiera así menos dependencia del combustible importado. “Se propone a las autoridades nacionales establecer por norma que, más allá del corte obligatorio vigente del 5 por ciento, las empresas mezcladoras podrán usar biodiésel hasta un máximo del 20 por ciento”, dice el comunicado que emitieron, entre otros, las bolsas de cereales y de comercio de Córdoba, Buenos Aires y Santa Fe.

La idea de elevar el corte en los biocombustibles ronda también en los bloques legislativos de las provincias productoras. Buscan impulsar en las próximas semanas un debate para reformar la ley que regula las energías renovables.

En el gobierno de Schiaretti creen que la Nación terminará topándose con el problema en la cara cuando sea demasiado tarde. Además, remarcan que puede ser una contrariedad económica: la escasez de gasoil podría afectar la cosecha, y por lo tanto el ingreso de dólares, y los cortes de gas impactarían en la industria, las exportaciones y, lógicamente, también en los dólares.

La Provincia ve en la cuestión energética un motivo de preocupación pero también una chance política. Es el tema central de la agenda en El Panal. La Provincia ve en la cuestión energética un motivo de preocupación pero también una chance política. Es el tema central de la agenda en El Panal.

El inmovilismo de la Nación es fruto también de su lógica de conformación y funcionamiento: las primeras líneas responden a Alberto pero quienes deben ejecutar son soldados de Cristina y si hay algo poco recomendable ante una crisis energética son dos visiones contrapuestas y atravesadas por la interna.

La Provincia ve en la crisis energética un motivo de preocupación pero también una oportunidad política. El gobierno de Schiaretti está encarando una movida con la que pretende mostrarse a la cabeza de los reclamos de los industriales y los productores cordobeses y, además, aspira a sumar a otras provincias para alcanzar una magnitud regional.

La escasez de gasoil y el panorama incierto para el gas ahora que el frío se asoma le permitirán a Schiaretti reforzar su perfil opositor al Gobierno, consolidar su alianza con sectores estratégicos y, además, sondear la chance de alimentar su imagen puertas afuera de la provincia.