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El incendio se habría producido por una travesura de los pequeños

De acuerdo al resultado de la autopsia, la causa eficiente de la muerte de los niños, de 10 y 11 años, fue asfixia por incendio y carbonización. La vivienda donde ocurrió el hecho se encuentra en Alvear y Piedras, en barrio Rivadavia

Son muchas las posibilidades de que hoy cualquiera que haya estado en el centro —sobre todo en la zona norte—, entre las nueve y las diez de la noche del domingo, recuerde que en el cuartel de Bomberos Voluntarios sonó la sirena. Es muy posible, también, que hayan preguntado qué pasó, cómo, por qué o que no le hayan dado importancia porque a veces pasa. Son muchas las posibilidades de que en otro sector de la ciudad, la situación sea distinta. Es domingo, este que pasó, anteayer, en Alvear esquina Piedras, en barrio Rivadavia. Y hay una casa, una mamá, tres niños y una abuela. La noche es fría y la mamá y la abuela, tal vez, cocinan y los niños, tal vez, juegan.

Después habrá casa y fuego en una habitación y mamá que busca ayuda, abuela con heridas en la cara y las manos y dos niños muertos. Según la autopsia, la causa eficiente de sus decesos: muerte por asfixia y carbonización.

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La vivienda es una lágrima oscura y se derrama desde un ojo aturdido. Son las once de la mañana. El sol recién aparece, pero lo hará sólo por algunas horas. En un costado, un grupo de personas conversa sobre el zaguán de un comercio.

—¡Se queman mis hijos! ¡Se queman mis hijos! —dice, angustiada, una vecina y cuenta que la mamá de las víctimas salió corriendo a la calle.

Gritó.

El marido de la vecina junto a otro hombre llegan. Arrancan las persianas —que ahora están enrolladas en el césped— de las ventanas del frente del domicilio. En pocos minutos llegará personal policial de la Departamental General San Martín. Intentan entrar. El fuego ya se propagó y es tarde. Segundos después llegarán, además, ambulancias y unidades de los servidores públicos. Pero es tarde.

Ya son las once y media de ayer, del día después. Algunas mujeres siguen hablando. Distintos grupos de vecinos se van formando de un lado y otro del Alvear y constituyen cofradías que intercambian versiones sobre la tragedia.

“Peligro”, se lee en las dos cintas que cruzan la morada como puntos de una cicatriz reciente. Una camioneta de bomberos y un móvil policial están estacionados. Efectivos custodian el ingreso al hogar. En el interior trabaja el fiscal de Instrucción del Tercer Turno, René Bosio.

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Se acerca el mediodía. Bosio sale. Lo acompañan el secretario Juan José Aguilar y el jefe del Cuerpo de Bomberos Voluntarios, Gustavo Nicola, quien además es perito de la institución. La prensa espera.

—Ya se trabajó aquí anoche (por el domingo) junto a bomberos voluntarios y al Gabinete Científico de la Policía Judicial de Córdoba —describe el funcionario judicial.

 El objetivo: conocer los detalles para que, a través de las pericias, se pueda determinar lo que realmente ocurrió.

—La información que podemos dar es que anoche entre las 21 y las 21.50 se produjo este lamentable siniestro: un incendio en la pieza de los menores que estaban jugando.

Se trata de tres pequeños de 8, 10 y 11 años.

—Uno de ellos, el de 8, logró salir. No así los otros dos que, lamentablemente y como consecuencia de la propagación rápida y voraz del incendio, murieron en el lugar —explica y agrega que el que sobrevivió se encuentra fuera de peligro, al igual que la abuela que está internada.

¿Por qué las llamas se extendieron rápidamente? Esa es una de las incógnitas que, desde la fiscalía, se está tratando de despejar. Sin embargo, en la habitación había materiales inflamables: colchones, ropa, madera. Ello permitirá establecer otra de las cuestiones que llama la atención: por qué si uno de los chicos escapó, los restantes no pudieron escapar del cuarto.

Hay investigación. Hay que receptar testimonios —entre ellos el de un joven de 27 años con discapacidad que es otro de los hijos pero que no estaba al momento del incendio—. Pero falta porque, principalmente, hay shock. Hay que trabajar sobre las cenizas de la historia, como si se desempañara el vidrio de un tren varado sobre las vías de la fatalidad.

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Las hipótesis.

—Nicola está trabajando en el tema. Queremos ser muy prudentes. En principio, lo que me manifiesta con base en lo que ha podido relevar, podría tratarse de una travesura de los chicos que jugaron con fuego —continúa el fiscal mientras insiste en la necesidad de no adelantarse a las labores de rigor para establecer fehacientemente qué sucedió.

—Vinimos, precisamente, a relevar por segunda vez el lugar para ver si existe alguna posibilidad de que otro elemento haya producido el fuego, aunque, hasta el momento el perito, por su experiencia, me dice que él no lo avizora.

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En la habitación se registraron los daños más importantes. En el resto de los espacios, que si bien se vieron afectados, no hubo que lamentar pérdidas de consideración. Por eso, durante la tarde de ayer, al terminar los peritos con las tareas de rigor, los familiares pudieron disponer del inmueble. —Trabajó una dotación con seis efectivos, dos ambulancias con 8 profesionales y una unidad logística con mayor cantidad de gente —puntualizó Nicola. 

Fueron 23, en total, los trabajadores que sofocaron las llamas.

—Nos encontramos con la habitación totalmente prendida fuego. Se evitó la propagación. Se asistió a la mamá, la abuela y al chiquito de 8 años y, una vez que se sofocó el incendio, nos encontramos con los dos cuerpitos —concluyó.

Los funcionarios desaparecen. Y quedan paredes rajadas por el mutismo de un dolor blanco.

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Por el bulevar siguen circulando vehículos que se detienen, miran y siguen. El cielo se nubla de a ratos. Está humedo.

Por lo que quizás es el garaje de la casa, se ven objetos atiborrados: una moto, bicicletas, chapas y montones de gomas. Luego está la cocina comedor: allí hay un tender con muchísimas prendas, algunos muebles, un ventilador, una cocina, parlantes. Detrás de ese sector está el baño. Y al fondo, la pieza. Esa piecita.

Si se mira de frente la morada, a la derecha, hay otra habitación. Hay dos camas pequeñas —destendidas— y más ropa. Desde la vereda se puede observar un patio. Parece amplio. Se ve es más ropa: remeras, pantalones. Todas cuelgan, como hojas de un árbol olvidado, sobre un alambre.



Franco Gerarduzzi.  Redacción Puntal Villa María

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