Con una inflación mensual del 3,3% y un acumulado trimestral del 9,2%, el proceso inflacionario se mantiene estable en niveles elevados, afectando de manera directa el poder adquisitivo de los hogares.
El aumento de precios impacta con mayor fuerza en bienes esenciales. Alimentos y Bebidas registraron una suba del 3,6%, destacándose incrementos en productos básicos como azúcar, lácteos, aceites y harinas. A esto se suma el fuerte aumento en combustibles, que alcanzó un 23% en marzo, presionando sobre toda la estructura de costos.
En paralelo, los indicadores sociales muestran un deterioro profundo.
Más de la mitad de los hogares no logra cubrir la canasta básica alimentaria, mientras crecen las estrategias de subsistencia: reducción de comidas, endeudamiento para comprar alimentos y dependencia de asistencia estatal.
El consumo también refleja esta dinámica. Las ventas de alimentos cayeron un 8,1% interanual en volumen, evidenciando que los hogares compran menos, pese a gastar más en términos nominales.
Este cuadro contrasta con las recientes declaraciones oficiales que sostienen un nivel elevado de consumo y una “normalización” del crédito.
Sin embargo, los datos sugieren que el endeudamiento responde principalmente a necesidades básicas, en un contexto de pérdida sostenida del ingreso real.