El socialista Pedro Sánchez asumió hoy como presidente del gobierno de España, cuyo gabinete aún debe constituir, tras jurar el cargo ante el rey Felipe VI en el Palacio de la Zarzuela de Madrid, al día siguiente de desbancar al conservador Mariano Rajoy con una histórica moción de censura en el Congreso de Diputados.
Por primera vez en democracia, el nuevo jefe del Ejecutivo prometió lealtad al cargo con la mano derecha sobre la Constitución y no sobre una Biblia, al decidir retirar los símbolos religiosos -también el crucifijo-, que tradicionalmente presidieron este tipo de actos en España.
Sánchez, que es ateo, tomó esta decisión a nivel personal, ya que la Casa del Rey, tras la proclamación de Felipe V, dio la posibilidad a los altos cargos de jurar con una fórmula aconfesional.
"Prometo por mi conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo de presidente del gobierno con lealtad al rey, guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, así como mantener el secreto de las deliberaciones del Consejo de Ministros", dijo Sánchez al leer la fórmula de juramento.
El presidente saliente, Mariano Rajoy, que presenció la toma de posesión junto con el resto de las máximas autoridades del Estado, estrechó su mano con Sánchez, principal impulsor de su destitución, y le deseó "mucha suerte".
Sánchez es el primer presidente que llega a La Moncloa por medio de una moción de censura, que logró el respaldo de independentistas (PDeCAT, Bildu y ERC), nacionalistas conservadores (PNV), y partidos de izquierda, como Podemos y Compromís, con el único objetivo de desplazar a Rajoy, quien se vio acorralado por la corrupción en su Partido Popular (PP).
La moción fue presentada después de que la Justicia condenó a la fuerza conservadora por haberse beneficiado de una gran red de sobornos, desvío de fondos públicos y adjudicaciones de obras, el conocido como "caso Gürtel", en el que están implicados altos dirigentges partidarios y que Rajoy siempre negó conocer.
Mientras, el nuevo gobierno catalán dirigido por el independentista Quim Torra asumió ayer, un acto que pone fin a la intervención de la autonomía decretada por Madrid, e invitó al recién investido presidente Sánchez a asumir "riesgos".
"Presidente Pedro Sánchez, hablemos, tratemos esta cuestión, tomemos riesgos, ustedes y nosotros", dijo Torra, durante la ceremonia.
El triunfo de la obstinación
Derrotado en las últimas dos elecciones y luego expulsado del liderazgo de su partido antes de regresar por la puerta grande, el socialista Pedro Sánchez tomó posesión como presidente del gobierno tras salir airoso de una última y arriesgada apuesta que lo catapultó al poder en España.
Encabezando una ola de indignación por la condena judicial del Partido Popular, de Mariano Rajoy, en un emblemático caso de corrupción, este exprofesor de economía de 46 años vio recompensada su obstinación consiguiendo los apoyos para aprobar el viernes una moción de censura que sacó al líder conservador de la Presidencia.
"Se abre un nuevo tiempo en la política española y tiendo la mano a todos los grupos parlamentarios", dijo este viernes Sánchez, poco antes de que el Congreso de los Diputados lo encumbrara como reemplazante de Rajoy.
Rajoy "ya forma parte de un tiempo pasado al que este país está a punto de pasar página, y lo que conviene a España es mirar al futuro sin miedo", expresó el jueves al exponer su plan de gobierno, impecablemente vestido de traje oscuro.
"La fortuna le ha abierto la ocasión de poder jugar un papel central", estima Fernando Vallespín, politólogo de la Universidad Autónoma de Madrid, para quien Sánchez jugó "una apuesta más que arriesgada" y "un poco a la desesperada".
Una movida decidida, además, en momentos en que el Partido Socialista se encontraba "muy apartado de la primera línea de la discusión política", ocupada por el PP, los liberales de Ciudadanos y la izquierda radical de Podemos, acota el experto.
Con sólo 84 escaños de 350 en la Cámara Baja, Sánchez, quien no es diputado, se vio obligado a pactar la moción de censura con la izquierda radical de Podemos, los independentistas catalanes y los nacionalistas vascos.
Una mayoría calificada como "coalición Frankenstein" por el PP, y que augura un gobierno muy inestable y podría acortar la estancia de Sánchez en el Palacio de la Moncloa.
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Sánchez, que es ateo, tomó esta decisión a nivel personal, ya que la Casa del Rey, tras la proclamación de Felipe V, dio la posibilidad a los altos cargos de jurar con una fórmula aconfesional.
"Prometo por mi conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo de presidente del gobierno con lealtad al rey, guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, así como mantener el secreto de las deliberaciones del Consejo de Ministros", dijo Sánchez al leer la fórmula de juramento.
El presidente saliente, Mariano Rajoy, que presenció la toma de posesión junto con el resto de las máximas autoridades del Estado, estrechó su mano con Sánchez, principal impulsor de su destitución, y le deseó "mucha suerte".
Sánchez es el primer presidente que llega a La Moncloa por medio de una moción de censura, que logró el respaldo de independentistas (PDeCAT, Bildu y ERC), nacionalistas conservadores (PNV), y partidos de izquierda, como Podemos y Compromís, con el único objetivo de desplazar a Rajoy, quien se vio acorralado por la corrupción en su Partido Popular (PP).
La moción fue presentada después de que la Justicia condenó a la fuerza conservadora por haberse beneficiado de una gran red de sobornos, desvío de fondos públicos y adjudicaciones de obras, el conocido como "caso Gürtel", en el que están implicados altos dirigentges partidarios y que Rajoy siempre negó conocer.
Mientras, el nuevo gobierno catalán dirigido por el independentista Quim Torra asumió ayer, un acto que pone fin a la intervención de la autonomía decretada por Madrid, e invitó al recién investido presidente Sánchez a asumir "riesgos".
"Presidente Pedro Sánchez, hablemos, tratemos esta cuestión, tomemos riesgos, ustedes y nosotros", dijo Torra, durante la ceremonia.
El triunfo de la obstinación
Derrotado en las últimas dos elecciones y luego expulsado del liderazgo de su partido antes de regresar por la puerta grande, el socialista Pedro Sánchez tomó posesión como presidente del gobierno tras salir airoso de una última y arriesgada apuesta que lo catapultó al poder en España.
Encabezando una ola de indignación por la condena judicial del Partido Popular, de Mariano Rajoy, en un emblemático caso de corrupción, este exprofesor de economía de 46 años vio recompensada su obstinación consiguiendo los apoyos para aprobar el viernes una moción de censura que sacó al líder conservador de la Presidencia.
"Se abre un nuevo tiempo en la política española y tiendo la mano a todos los grupos parlamentarios", dijo este viernes Sánchez, poco antes de que el Congreso de los Diputados lo encumbrara como reemplazante de Rajoy.
Rajoy "ya forma parte de un tiempo pasado al que este país está a punto de pasar página, y lo que conviene a España es mirar al futuro sin miedo", expresó el jueves al exponer su plan de gobierno, impecablemente vestido de traje oscuro.
"La fortuna le ha abierto la ocasión de poder jugar un papel central", estima Fernando Vallespín, politólogo de la Universidad Autónoma de Madrid, para quien Sánchez jugó "una apuesta más que arriesgada" y "un poco a la desesperada".
Una movida decidida, además, en momentos en que el Partido Socialista se encontraba "muy apartado de la primera línea de la discusión política", ocupada por el PP, los liberales de Ciudadanos y la izquierda radical de Podemos, acota el experto.
Con sólo 84 escaños de 350 en la Cámara Baja, Sánchez, quien no es diputado, se vio obligado a pactar la moción de censura con la izquierda radical de Podemos, los independentistas catalanes y los nacionalistas vascos.
Una mayoría calificada como "coalición Frankenstein" por el PP, y que augura un gobierno muy inestable y podría acortar la estancia de Sánchez en el Palacio de la Moncloa.

