El dato no es menor porque la industria aceitera es un sector fundamental de la economía argentina y un pilar clave para el agregado de valor de la cadena agroindustrial. En perspectiva histórica, hacia la década de 1960/70 el nivel de procesamiento anual rondaba las 2 millones de toneladas anuales y era una industria más bien ligada al crush de girasol. Con la introducción de la soja, hacia finales de la década de 1970, el cultivo comienza a ganar protagonismo y ya en 1984 comienza a tomar el liderazgo en materia de volumen de industrialización y a ser el motor de la inversión en infraestructura industrial a gran escala para crecer en capacidad de procesamiento de oleaginosas en el país, según recuerda un reciente trabajo de Bruno Ferrari, Emilce Terré y Julio Calzada para la Bolsa de Comercio de Rosario.
De esta manera, el procesamiento anual de oleaginosas mostró un crecimiento exponencial entre mediados de la década de 1970 hasta 2011. Si bien parte de un nivel bajo, en la década de 1980 el crush se incrementa un 222% hasta alcanzar las 10,8 millones de toneladas en 1990, guarismo que se duplica (109%) en los siguientes 10 años al alcanzar un procesamiento de 22,36 millones de toneladas hacia el año 2000. En la década del 2000, a su vez, logró un crecimiento del 78% hasta 39,89 millones de toneladas, para alcanzar en 2011 un total de 41,25 millones de toneladas.
A partir de entonces, remarca el trabajo de los economistas, se comienzan a percibir dificultades para sostener el crecimiento observado en los más de 40 años anteriores, ya que entre el año 2010 y 2020 la molienda cae entre puntas un 2%. Más allá de este estancamiento de mediano plazo y la variabilidad del total procesado, el máximo de procesamiento de oleaginosas se alcanza en 2016 con 47,55 millones de toneladas, barrera que recién se logra romper este último año 2025 con un récord de 47,64 millones de toneladas, apenas por encima del pico previo.
Si se analiza por granos, el total industrializado en 2025 se compone de 42,63 millones de toneladas procesadas de soja, 4,63 millones de toneladas de girasol y 380 mil toneladas del resto de las oleaginosas, entre las que está el maní. En el caso de la soja, el volumen procesado es el segundo más alto de la historia solo por detrás de los 44,48 millones de toneladas de 2016. La particularidad del 2025 es que se obtuvo un buen nivel de procesamiento de soja, acompañado de un gran salto en la molienda de girasol, ya que el volumen industrializado de este último fue el más alto desde el año 2000, y 68% superior a 2016. La industrialización del resto de las oleaginosas, por su parte, marcó un volumen relativamente bajo, aunque aún 47% por encima del año pasado y 27% arriba del promedio de los últimos 5 años, gracias principalmente al buen desempeño del maní.
En esa línea, “este nuevo máximo histórico en la molienda en 2025 es posible gracias al buen nivel de oferta total de las principales oleaginosas producidas en Argentina”, explica el informe de la Bolsa rosarina.
Siguiendo datos uniformes del USDA, la oferta total de las principales oleaginosas alcanzó las 73,69 millones de toneladas en la campaña 2024/25, el tercer total más alto de la historia. Si a dicho volumen de oferta se le resta las exportaciones estimadas sin procesar se arriba a un total neto de 59,64 millones de toneladas, que está en línea con el promedio de la última década de 60,32 millones de toneladas. Sin embargo, el antecedente de la campaña 2023/24 que fue récord histórico en materia de oferta neta disponible para industrializar es un factor importante al momento de analizar el fundamento de oferta que permitió alcanzar el récord de procesamiento de 2025.
Por otro lado, el estancamiento en la molienda de la última década se encuentra en línea con las limitaciones para seguir creciendo en la oferta total de oleaginosas de forma sostenida. Ahí hay una correlación más que evidente. Más aún, la oferta se logra sostener relativamente estable por el crecimiento en las importaciones temporarias de soja desde países vecinos. Hacia el año 2010, las importaciones de soja eran prácticamente nulas y en los últimos años se arriba a un total de entre 4 y 10 millones de toneladas, con un promedio de 6,7 millones de toneladas en el último lustro. En este sentido, para poder observar nuevos saltos significativos en los niveles de molienda es clave retomar el sendero de crecimiento en la producción de oleaginosas con foco en la productividad.
Por último, remarca el informe, es factible comparar el nivel de procesamiento con la estimación de capacidad instalada activa. En ese punto se puede observar que, con una molienda de 47,64 millones de toneladas de oleaginosas en 2025, se arriba a una capacidad ociosa de la industria estimada en torno al 28,2%, lo cual sería un mínimo desde el año 2011.
Desde una mirada estructural de la industria, “la capacidad de procesamiento de oleaginosas en Argentina crece fuertemente entre las décadas de 1980 y los 2000, estando en sintonía con el crecimiento de la oferta total de oleaginosas. No obstante, este crecimiento de infraestructura industrial a nivel agregado se frena – en parte – por las limitaciones observadas por el lado de la oferta de materias primas oleaginosas, aunque aun así todavía hay potencial de seguir creciendo en procesamiento con la estructura industrial actual si crece la oferta, tanto sea doméstica como importando materias primas de países vecinos y reexportar productos de mayor valor agregado”, remarca el trabajo de los economistas.
Y agregaron: “Esto, teniendo en consideración que el tamaño medio de las plantas de Argentina es muy superior al de países competidores, lo cual resulta un factor de competitividad por escala muy importante al pensar las posibilidades de colocar dichos productos procesados en los países demandantes”.