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Sugestivo encuentro entre Macarrón, Rohrer y Lacase en el country San Esteban

El episodio fue introducido ayer por la testigo Margarita Dalmasso. Contó que su yerno fue a la casa de Michel Rohrer a darle condolencias por la muerte de su amiga y, cuando el dueño de la propiedad le abrió, estaba tomando champagne con el viudo y su abogado

Convencida de que la Justicia tiene en el banquillo a la persona equivocada, la testigo Margarita Riega de Dalmasso ofreció en la mañana de ayer un extenso testimonio que buscó aliviar la comprometida situación de Marcelo Macarrón.

Sin embargo, cuando ya había levantado la cartera del piso y se aprestaba a concluir su testimonio, la testigo confió un episodio que dejó muy mal parado al viudo.

La excitación del fiscal de Cámara Julio Rivero al oir sus palabras fue tal, que le preguntó a su colaborador si había escuchado bien.

-¡Sí, dijo eso! - Le confirmó su coequiper.

La testigo que hasta ese momento había descripto a Marcelo Macarrón como una persona intachable, “incapaz de hacer algo tan horroroso como lo que se le acusa”, dijo que todas sus sospechas se centraban en Michel Rohrer.

En su afán por describirlo como un sujeto prepotente, de personalidad arrolladora y mujeriego, deslizó un comprometedor hecho que habría sucedido en el San Esteban.

Contó que su yerno, Guillermo Lenti, vivía en ese country, en la casa colindante a la de Rohrer, y a los pocos días del crimen de Nora Dalmasso se cruzó hasta la vivienda de su vecino para expresarle sus condolencias por la muerte de su amiga. “Cuando Rohrer le abre la puerta a mi yerno, vio que tenía una copa en la mano y que estaba tomando champagne con Lacase y con Marcelo (Macarrón). Hasta le quiso convidar una copa”.

Una vez repuesto de la sorpresa, y luego de comprobar que había escuchado bien, el fiscal Rivero le preguntó a Margarita Riega de Dalmasso cuándo había sucedido eso.

-A los 4 o 5 días del crimen. -Respondió.

-No tengo más preguntas. -Cerró el fiscal, satisfecho.

Acto seguido, y cuando la testigo ya había abandonado la sala de juzgamiento, Rivero adelantó al presidente del tribunal Daniel Vaudagna, que pedirá que se cite a declarar en forma urgente a Guillermo Lenti.

Lo hará para que amplíe las circunstancias que rodearon al sugestivo brindis entre el imputado, su exabogado y el excéntrico empresario agropecuario, cuando la ciudad estaba sacudida por el reciente crimen.

En la otra vereda, el abogado defensor Marcelo Brito decidió hablar a los medios para minimizar los daños.

No lo consiguió.

“No hay ninguna regla -dijo- que permita sostener razonablemente cómo expresa el ser humano el sentimiento de dolor ante la tragedia”, ensayó.

Una periodista insistió con la pregunta:

-¿Cree que puede perjudicar a su cliente que se conozca que estaba tomando champagne con Rohrer y Lacase a días del crimen?

-Le voy a contar algo personal. Yo sufrí la pérdida de hijos, y en esa circunstancia había algunas personas que bebieron alcohol. Además, hay provincias en las que ante una desgracia no existen muestras de tristeza, ni llanto, ni emociones ante la muerte.

Efecto bumerán

Esta vez, la destreza verbal del letrado cordobés no había logrado desbaratar el contundente efecto de las palabras de Margarita Dalmasso, una testigo afin a la defensa.

Por eso Brito buscó hacer virtud de la desgracia y se despachó contra su adversario predilecto: la prensa. Explicó que lo que acababa de hacer la testigo fue dar por tierra con las ideas de “cierto periodismo que supuestamente cubre objetivamente este juicio” y que lo critica por sus “estrategias defensivas”.

Retomando la expresión del experimentado letrado cordobés, si hubo alguna estrategia con la citación de Margarita Dalmasso, no consiguió el efecto planeado.

Más bien, todo lo contrario.

Alejandro Fara.