En ese contexto, especialistas destacan la incorporación en el país de una nueva opción terapéutica denominada glofitamab, orientada a pacientes con linfoma difuso de células grandes B que presentan recaída o falta de respuesta tras el tratamiento inicial, especialmente en aquellos que no pueden acceder a un trasplante de células madre.
Este subtipo representa aproximadamente una cuarta parte de los casos diagnosticados y se caracteriza por su crecimiento acelerado. En Argentina se registran cerca de 1.200 nuevos diagnósticos por año.
El desafío clínico se concentra en los pacientes que no logran respuesta a la primera línea de tratamiento o que recaen, un escenario que alcanza a alrededor del 40% de los casos y que históricamente ha tenido opciones limitadas.
El medicamento actúa como un anticuerpo biespecífico, capaz de unirse simultáneamente a las células tumorales y a los linfocitos T del sistema inmune, activando una respuesta dirigida que permite atacar las células malignas.
Los estudios clínicos reportaron tasas de respuesta completa cercanas al 60%, además de mejoras en la sobrevida y una reducción significativa del riesgo de progresión o muerte en comparación con esquemas tradicionales.
Otra de sus características es que se administra en un esquema de duración definida, lo que permite una planificación más clara del tratamiento y del seguimiento médico.
Entre los signos de alerta más frecuentes se incluyen el aumento de tamaño de los ganglios linfáticos, fiebre sin causa aparente, sudoración nocturna y pérdida de peso involuntaria. La detección temprana resulta clave para mejorar el pronóstico y ampliar las posibilidades terapéuticas.