Steiman se refirió también a cuestiones de la práctica docente. Otra de las dimensiones en las que, junto a las formalidades académicas, surgen problemáticas y cuestiones que merecen la atención.
En su tesis para obtener el Doctorado en Educación “Las prácticas de enseñanza del estudiante del Profesorado en Ciencias de la Educación”, se dedicó a analizar muchas de estas cuestiones.
En cuanto a características que reconoce en los profesores, explicó: “Nos creemos que decir lo que sabemos es suficiente. Ahí hay un serio problema con nuestro ego y con la noción de cómo se aprende”.
Steiman puntualizó: “Si no lo sostenés con otros recursos, un teórico de dos horas hoy es muy poco probable que sea comprendido y atendido por más de dos estudiantes”.
Además planteó una reticencia al uso de tecnologías: “Hay disponible un montón de tecnologías que no usamos y que serían más que útiles”.
En cuanto a la opinión global del sistema educativo de altos estudios, expuso: “En términos generales, la educación universitaria es buena, paradójicamente”.
Con respecto a la predisposición de los docentes al cambio reflexionó: “Es mucho más probable que cambien los estudiantes a que cambien los profesores. Nosotros somos más conservadores en eso”.
Explicó que cuando hacen un cambio de programa, en general lo que modifican son “las bibliografías”. “Porque salieron textos nuevos o estuvimos leyendo nuevos enfoques y teorías. Pero rara vez nos animamos a los cambios metodológicos”, dijo. Comentó que valoran lo nuevo, pero en general no lo “ponen en marcha”.
Uno de los ejemplos al que se refirió, quizás sea paradigmático para reflejar que tal vez los cambios no dependen de la facilidad o accesibilidad, sino de la “predisposición al propio cambio”. “Hay un formato de clase que se llama ‘clases invertidas’ que es bastante sencillo de resolver. Todos podríamos hacer uso de ellas hoy. He tenido la experiencia de comentarlo con colegas y todos decimos que se puede hacer, pero ninguno de nosotros lo hace”, dijo Steiman.
Se trata de una modalidad en la que el estudiante primero accede al teórico, grabado con celular, compartido en redes o en aula virtual. Viene habiendo escuchado la clase antes. “Entonces la clase es una clase de discusión, no de escucha en donde la información es nueva. Es muy fácil hacerlo, sólo necesito media hora para grabarlo”, agregó.
Pasar por la universidad
“La universidad es una experiencia de vida muy fuerte para la gente”, afirmó. “Marca muy profundamente la vida de las personas y abre unos escenarios impensados para el mundo de los sujetos”, aseguró Steiman.
En este sentido, el académico continuó: “Tanto que probablemente una misma materia cursada de un año al otro, con el mismo profesor, con los mismos materiales en verdad sea distinto por las personas, porque las personas son otras”.
“Finalmente, uno ve que el pasar por la universidad no es inútil nunca, aún en el caso de la deserción. Ese sujeto que estudió cuatro años, no se recibió, no tiene ninguna credencial social, ¿no le sirvió de nada? Si lo vemos desde este lugar le sirvió enormemente, es otra persona. Tiene otras visiones del mundo, cognitivamente tiene otras competencias que antes no tenía aún sin la credencial social. No es un paso en vano”, reflexionó.
“Los estudiantes en su tránsito por la universidad se modifican. Es una experiencia sustantiva. Uno vuelve satisfecho en la memoria. Rara vez está teñido de algo negativo”, afirmó sobre el paso por la educación universitaria.
“Paradójicamente, nuestra universidad es una universidad muy sana, buena, sirve. Nuestros estudiantes aprenden, nuestros profesionales son muy buenos, nuestros investigadores investigan y producen papers con reconocimiento en todo el mundo, nuestros estudiantes hacen posgrado en otros países y tienen un plus sobre otros colegas”.
“A pesar de que podría ser mejor y de tener algunos baches, la formación universitaria es de excelencia en Argentina. No es tiempo perdido, vale la pena”.
UNVM
Con respecto a sus visitas al campus de la Universidad Nacional de Villa María, Steiman valoró el espacio de trabajo de la casa de altos estudios local.
En ese sentido, expresó: “Me da gusto venir porque es un lugar en donde tienen ganas de hacer mejoras en lo académico y lo hacen con celeridad. Para Steiman, más allá de que él pueda hacer sugerencias en términos de planes de estudio y algunas mejoras en esa índole, “hay una avidez de ser cada día mejor.”
Además comentó que sus labores en Villa María representan un “desafío”. “Es un lugar de trabajo muy gratificante porque me ayuda a pensar cosas nuevas. Todo el tiempo me desafían planteando cosas para hacer”, dijo y agregó: “Me hace crecer profesionalmente”.
Indicó que “sigue” a la universidad desde que trabajaba en el Ministerio de Educación de la Nación. “Ya más de 10 años que, de a algún modo, sé que es lo que pasa acá. En 10 años es otra universidad. No sólo tiene mayor oferta académica sino también un nivel de emprolijamiento y calidad de lo que se hace adentro realmente maravilloso. Año a año ha ido creciendo. Como ciudad deben estar orgullosos de la universidad que tienen”, concluyó.
Roque Guzmán. Redacción Puntal Villa María
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En cuanto a características que reconoce en los profesores, explicó: “Nos creemos que decir lo que sabemos es suficiente. Ahí hay un serio problema con nuestro ego y con la noción de cómo se aprende”.
Steiman puntualizó: “Si no lo sostenés con otros recursos, un teórico de dos horas hoy es muy poco probable que sea comprendido y atendido por más de dos estudiantes”.
Además planteó una reticencia al uso de tecnologías: “Hay disponible un montón de tecnologías que no usamos y que serían más que útiles”.
En cuanto a la opinión global del sistema educativo de altos estudios, expuso: “En términos generales, la educación universitaria es buena, paradójicamente”.
Con respecto a la predisposición de los docentes al cambio reflexionó: “Es mucho más probable que cambien los estudiantes a que cambien los profesores. Nosotros somos más conservadores en eso”.
Explicó que cuando hacen un cambio de programa, en general lo que modifican son “las bibliografías”. “Porque salieron textos nuevos o estuvimos leyendo nuevos enfoques y teorías. Pero rara vez nos animamos a los cambios metodológicos”, dijo. Comentó que valoran lo nuevo, pero en general no lo “ponen en marcha”.
Uno de los ejemplos al que se refirió, quizás sea paradigmático para reflejar que tal vez los cambios no dependen de la facilidad o accesibilidad, sino de la “predisposición al propio cambio”. “Hay un formato de clase que se llama ‘clases invertidas’ que es bastante sencillo de resolver. Todos podríamos hacer uso de ellas hoy. He tenido la experiencia de comentarlo con colegas y todos decimos que se puede hacer, pero ninguno de nosotros lo hace”, dijo Steiman.
Se trata de una modalidad en la que el estudiante primero accede al teórico, grabado con celular, compartido en redes o en aula virtual. Viene habiendo escuchado la clase antes. “Entonces la clase es una clase de discusión, no de escucha en donde la información es nueva. Es muy fácil hacerlo, sólo necesito media hora para grabarlo”, agregó.
Pasar por la universidad
“La universidad es una experiencia de vida muy fuerte para la gente”, afirmó. “Marca muy profundamente la vida de las personas y abre unos escenarios impensados para el mundo de los sujetos”, aseguró Steiman.
En este sentido, el académico continuó: “Tanto que probablemente una misma materia cursada de un año al otro, con el mismo profesor, con los mismos materiales en verdad sea distinto por las personas, porque las personas son otras”.
“Finalmente, uno ve que el pasar por la universidad no es inútil nunca, aún en el caso de la deserción. Ese sujeto que estudió cuatro años, no se recibió, no tiene ninguna credencial social, ¿no le sirvió de nada? Si lo vemos desde este lugar le sirvió enormemente, es otra persona. Tiene otras visiones del mundo, cognitivamente tiene otras competencias que antes no tenía aún sin la credencial social. No es un paso en vano”, reflexionó.
“Los estudiantes en su tránsito por la universidad se modifican. Es una experiencia sustantiva. Uno vuelve satisfecho en la memoria. Rara vez está teñido de algo negativo”, afirmó sobre el paso por la educación universitaria.
“Paradójicamente, nuestra universidad es una universidad muy sana, buena, sirve. Nuestros estudiantes aprenden, nuestros profesionales son muy buenos, nuestros investigadores investigan y producen papers con reconocimiento en todo el mundo, nuestros estudiantes hacen posgrado en otros países y tienen un plus sobre otros colegas”.
“A pesar de que podría ser mejor y de tener algunos baches, la formación universitaria es de excelencia en Argentina. No es tiempo perdido, vale la pena”.
UNVM
Con respecto a sus visitas al campus de la Universidad Nacional de Villa María, Steiman valoró el espacio de trabajo de la casa de altos estudios local.
En ese sentido, expresó: “Me da gusto venir porque es un lugar en donde tienen ganas de hacer mejoras en lo académico y lo hacen con celeridad. Para Steiman, más allá de que él pueda hacer sugerencias en términos de planes de estudio y algunas mejoras en esa índole, “hay una avidez de ser cada día mejor.”
Además comentó que sus labores en Villa María representan un “desafío”. “Es un lugar de trabajo muy gratificante porque me ayuda a pensar cosas nuevas. Todo el tiempo me desafían planteando cosas para hacer”, dijo y agregó: “Me hace crecer profesionalmente”.
Indicó que “sigue” a la universidad desde que trabajaba en el Ministerio de Educación de la Nación. “Ya más de 10 años que, de a algún modo, sé que es lo que pasa acá. En 10 años es otra universidad. No sólo tiene mayor oferta académica sino también un nivel de emprolijamiento y calidad de lo que se hace adentro realmente maravilloso. Año a año ha ido creciendo. Como ciudad deben estar orgullosos de la universidad que tienen”, concluyó.
Roque Guzmán. Redacción Puntal Villa María

