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Exportaciones del agro: una mejora extendida, con motores diversos

En la mirada por complejos, 29 de los 52 agrupamientos crecieron en valor y cantidades. Otros 11 lo hicieron al menos una de las dos variables

De acuerdo con las estadísticas oficiales de la Secretaría de Agricultura, durante los primeros cinco meses de 2026 las exportaciones agroindustriales alcanzaron US$ 22.394 millones, lo que representó un crecimiento interanual del 17,5%, mientras que las cantidades exportadas aumentaron 18,4%.

El hecho de que los volúmenes hayan crecido levemente más que el valor indica que, en términos agregados, la expansión estuvo impulsada principalmente por una mayor oferta exportable y no por una mejora generalizada de los precios.

El economista especialista en temas agropecuarios del Ieral de la Fundación Mediterránea, Juan Manuel Garzón, explicó que esos resultados de los primeros 5 meses “muestran una mejora exportadora significativa y bastante extendida. En la mirada por complejos, 29 de los 52 agrupamientos agroindustriales crecieron simultáneamente en valor y cantidades, mientras que otros 11 aumentaron al menos una de las dos variables”. En la mirada por etapas productivas, el incremento estuvo concentrado en productos primarios y bienes de primera transformación, que explicaron prácticamente todo el aumento del valor exportado del período. Es decir, la agroindustria no solo exportó más, sino que lo hizo principalmente desde los eslabones con mayor capacidad de respuesta inmediata.

Luego aclaró: “Que el crecimiento haya estado liderado por productos primarios no debería interpretarse como una señal negativa. En buena medida, es el resultado esperable cuando mejoran las condiciones productivas y los incentivos de cadenas que pueden responder relativamente rápido, como ocurre con los cultivos extensivos. En granos, una buena campaña se traduce con rapidez en más toneladas exportables y, por lo tanto, en más divisas”, señaló Garzón.

En cambio, otras actividades agroindustriales tienen tiempos de maduración más largos: la ganadería requiere recomponer stocks, mejorar genética, ampliar capacidad de engorde y faena; la lechería necesita inversiones en tambos, alimentación, tecnología y plantas; la fruticultura y la forestoindustria dependen de decisiones que se toman con horizontes de varios años; y las manufacturas finales suelen requerir desarrollo comercial, escala, marcas, adaptación a estándares externos y apertura de mercados.

Desde esta perspectiva, el desempeño de 2026 puede leerse como una primera respuesta positiva de la agroindustria ante un contexto más favorable. “La estabilidad macroeconómica, la reducción de distorsiones, la baja de impuestos a la exportación, la mayor previsibilidad y las oportunidades asociadas a una mayor integración comercial pueden empezar impactando primero en los eslabones de respuesta más rápida”, insistió el economista del Ieral de la Fundación Mediterránea.

Para Garzón, si ese entorno se sostiene, “es razonable esperar que, con más tiempo, también comiencen a reaccionar con mayor intensidad las etapas de transformación, las cadenas regionales, las proteínas animales, los alimentos elaborados y otros bienes más cercanos al consumo final”.

Además, la generación de valor asociada a los productos primarios no ocurre solamente “aguas abajo”, mediante su transformación industrial. También se produce “aguas arriba”, en la red de proveedores que hace posible ampliar la producción: semillas, genética, fertilizantes, fitosanitarios, maquinaria agrícola, riego, servicios agronómicos, transporte, almacenamiento, logística, tecnología aplicada y servicios profesionales.

“Un aumento de las exportaciones primarias puede traccionar actividad, inversión y empleo en todos esos eslabones, aunque esa contribución no siempre sea visible cuando el análisis se limita al producto exportado o al complejo exportador”, destacó Garzón.

Y señaló: “El desafío, por lo tanto, no es contraponer productos primarios y manufacturas, sino construir una trayectoria en la que ambos se refuercen. Más producción primaria genera escala, divisas, demanda de servicios y oportunidades para procesar, diferenciar y sofisticar la oferta exportable. A su vez, más transformación industrial permite capturar valor y reducir la exposición a ciclos climáticos o de precios. El dato de los primeros cinco meses de 2026 muestra una agroindustria que volvió a expandirse con fuerza; el paso siguiente es sostener las condiciones para que esa primera respuesta se traduzca, gradualmente, en más inversión, más productividad y una canasta exportadora más amplia”, agregó el especialista.