Luego de un arranque de año marcado por fuertes subas, el mercado de la carne bovina comienza a mostrar señales de estabilización. La reciente pausa en el precio de la hacienda sugiere la aparición de ciertos límites, tanto por el lado del consumidor, con menor capacidad de convalidar nuevos aumentos, como por el lado del sector exportador, cuya ecuación económica se ve exigida ante valores récord de la materia prima en dólares.
Esa es una conclusión central dentro del trabajo de análisis de la cadena cárnica y sus precios elaborado por los economistas Juan ManuelGarzón y Franco Artusso, de la Fundación Mediterránea.
En el informe se destaca además que en el plano local, la dinámica actual está fuertemente condicionada por factores de oferta. La retención de animales, y en particular de hembras, constituye una señal de recomposición de los stocks ganaderos y de apuesta por la actividad. Este proceso es, en esencia, la única vía sostenible para incrementar la producción de carne en el mediano plazo. Sin embargo, implica una restricción transitoria de la oferta disponible, lo que introduce una tensión de corto plazo entre consumo interno y exportaciones.
“En este sentido, el dilema entre mercado interno y mercado externo debe interpretarse como un fenómeno típicamente cíclico. En el corto plazo, una mayor orientación exportadora en un contexto de oferta restringida tiende a traducirse en menor disponibilidad local. No obstante, si el proceso de retención se consolida y deriva en una expansión del stock ganadero, este trade-off tiende a diluirse en el tiempo, permitiendo un crecimiento simultáneo de ambos destinos”, explicaron Garzón y Artusso en el informe.
El contexto internacional, por su parte, continúa ofreciendo condiciones favorables, con precios elevados y relativamente firmes y una demanda externa que, si bien podría moderarse en la segunda mitad del año, se mantiene elevada en el corto plazo. “Esto refuerza los incentivos a la producción y a la inversión en el sector”, destaca el trabajo de la Fundación Mediterránea.
Cambio de paradigma
El informe destaca que un elemento actual relevante es el rol de la política económica. “A diferencia de episodios previos, el gobierno ha optado por no intervenir en el mercado de carnes ni restringir las exportaciones, aun en un contexto de suba de precios y de impacto negativo sobre las metas de inflación. Esta mayor previsibilidad y neutralidad regulatoria constituye una señal importante para el sector, que parece estar respondiendo con decisiones consistentes con un horizonte de más largo plazo, como lo evidencia la retención de vientres y la extensión de los ciclos productivos”, afirman los economistas.
En términos de precios, si bien la carne vacuna se ubica actualmente en niveles elevados respecto de su propia historia, la comparación internacional muestra que Argentina continúa posicionándose por debajo de los valores observados en economías desarrolladas y en línea con su nivel de ingresos. Esto sugiere que, en un escenario de mayor integración comercial, los precios internos tenderán a reflejar crecientemente las condiciones del mercado global.
“En perspectiva, el mercado de la carne bovina en Argentina podría estar transitando una transición hacia un nuevo equilibrio, caracterizado por una mayor inserción internacional, una oferta en proceso de recomposición y un consumo interno que tenderá a ajustarse, al menos en el corto plazo. En este contexto, es esperable una reducción del consumo per cápita de carne bovina, especialmente si se sostienen las condiciones actuales de retención y expansión de exportaciones”, adelantaron Garzón y Artusso.
Finalmente, este proceso también puede consolidar un cambio estructural en los patrones de consumo. La mayor competencia por la carne bovina, tanto a nivel local como internacional, junto con la evolución de los precios relativos, tenderá a impulsar una mayor diversificación hacia otras proteínas animales, particularmente carne porcina, que cuenta con una oferta abundante y costos de producción más bajos. Este desplazamiento, lejos de ser coyuntural, podría marcar una tendencia de mediano y largo plazo en la dieta de los consumidores.

