Aunque Europa mantiene una fuerte integración con los mercados estadounidenses, en los últimos meses se observaron señales de un proceso de diversificación orientado a reducir riesgos estructurales y mitigar la volatilidad.
Una encuesta del banco británico Barclays, que abarcó a 342 inversores con activos bajo gestión por 7,8 billones de dólares, indicó que la intención de invertir en fondos de cobertura con sede en Estados Unidos cayó alrededor de un 5% respecto del año anterior. En contrapartida, el interés por fondos radicados en Asia y Europa creció cerca de un 10% y un 8%, respectivamente.
Desde el sector de la gestión de activos, la directora ejecutiva de Amundi, Valerie Baudson, señaló que la firma promueve desde hace más de un año la distribución geográfica del riesgo. Según su análisis, si las actuales políticas económicas estadounidenses se mantienen, el dólar podría enfrentar presiones bajistas sostenidas.
Los fondos de pensiones también reflejan esta tendencia. El neerlandés ABP redujo el valor de mercado de sus posiciones en bonos del Tesoro estadounidense desde casi 29.000 millones de euros a fines de 2024 a unos 19.000 millones en septiembre de 2025. En Suecia, Alecta anunció la liquidación gradual de la mayor parte de sus bonos estadounidenses, mientras que Akademiker Pension, de Dinamarca, vendió alrededor de 100 millones de dólares en deuda del gobierno de EE.UU.
Analistas atribuyen estos movimientos a una revisión integral de riesgos, que incluye el elevado déficit fiscal estadounidense, ajustes en la política monetaria, tensiones geopolíticas y posibles sobrevaloraciones en el mercado bursátil, en especial en el sector tecnológico.
Expertos como Katarina Zakic, del Instituto de Política y Economía Internacional de Serbia, y el asesor financiero James Thornley, coinciden en que la volatilidad externa se convirtió en un factor central en las decisiones de cartera. La búsqueda de mayor resiliencia también se refleja en el incremento de tenencias de oro por parte de algunos bancos centrales.
En este escenario, el capital europeo atraviesa un proceso de reequilibrio moderado: a corto plazo, con estrategias defensivas frente a la incertidumbre; y a largo plazo, con una revisión de la dependencia financiera transatlántica y una mayor asignación hacia mercados europeos y de Asia-Pacífico.