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Comenzó en Tribunales un juicio por femicidio en grado de tentativa

Ricardo Javier Cuello llegó al banquillo por diferentes hechos de violencia de género. En el más grave de los episodios se lo acusa de haber intentado ahorcar con una piola a su expareja, Carina Noemí Torres

Afuera apenas llovizna. La Cámara del Crimen, en el quinto piso de Tribunales, está en silencio. Faltan sólo unos minutos para las 9.30. Acaban de llegar los últimos dos jurados populares. Están todos: los 6 hombres y las 6 mujeres que serán quienes condenen, o no, al acusado.

El secretario Guillermo Picco ingresa a la sala. Les explica que, cuando inicie la audiencia, se les tomará juramento. Luego se retira y personal judicial le entrega una botella a cada uno de ellos. Mientras tanto, la asesora letrada Silvina Muñoz entra al recinto, deja su cartera y se va.

Algunos están callados. Otros conversan y se ríen. Aquellos parece que se conocen. Un pequeño grupo se toma una selfie. Muñoz regresa y le da la mano a cada uno de los jurados populares. “Soy la defensora oficial”, dijo y vuelve a abandonar el lugar. Inmediatamente después entra el fiscal Francisco Márquez. Se sienta. En su escritorio hay un vaso con agua, el expediente y el Código Penal.

Camina tranquilo. Con su metro ochenta es unos pocos centímetros más alto que el policía que lo acompaña hacia el banquillo de los acusados. El efectivo le quita las esposas. Está cabizbajo. Charla con su defensora. Picco está en su sitio, al igual que cada una de las partes. Sólo resta que lleguen los jueces.

Cada uno de los hechos

Picco fue el encargado de leer la pieza acusatoria que está conformada por episodios que transcurrieron desde el 2013 hasta el 2017 en Arroyo Cabral y en los que la víctima es su expareja, Carina Noemí Torres. El primer hecho, según informó, ocurrió en diciembre de 2013 en un domicilio de esa localidad ubicado en Mariano Moreno al 300. En esa oportunidad, el imputado la tomó de los pelos y la arrastró desde el interior de la casa hacia el patio. Allí, donde había una pileta de lona, el hombre amenazó con ahogarla pero no la sumergió.

El segundo de los sucesos se registró entre enero y febrero de 2014. En esa oportunidad, mientras la damnificada estaba recostada junto a Cuello, él tomó una navaja, se la apoyó en la espalda y la amenazó. 

En junio de ese año también tuvo lugar otro acontecimiento en el que el imputado le roció la espalda y el pelo con un desodorante y, con un encendedor en la mano, le dijo que la prendería fuego.

El cuarto fue entre junio de 2016 y los primeros meses del 2017. En ese período, a partir de lo que se dio a conocer en la Cámara, el acusado le envió en numerosas ocasiones mensajes de texto intimidatorios. 

En agosto, también de 2016, mientras Torres estaba en su hogar, Cuello la llamó y la amenazó. Hay que decir que en gran parte de los hechos, el hombre también la amedrentó porque, supuestamente, ella estaba en una relación con otra persona —ella, cuando compareció como testigo, dijo ante todos los presentes que esa era una idea que él tenía—.

El penúltimo capítulo fue uno de los más lamentables y también ocurrió en la vivienda. Ambos estaban en una de las habitaciones. Ellos tienen 4 hijos. 

Algunos de los pequeños habían estado jugando junto a la madre con una piola. Este elemento fue el que, cuando los chicos se fueron a sus cuartos a dormir, el hombre utilizó para intentar ahorcar a Torres. 

Sin embargo, el hombre, debido a su estado de ebriedad, en determinado momento vomitó, lo que obligó a soltar a la mujer, que se estaba asfixiando. La mujer salió de la pieza y se dirigió a la de sus hijos. Poco tiempo después regresó. Él estaba dormido.

El último acontecimiento sucedió el año pasado, otra vez en el hogar. En esas circunstancias estaban Cuello, con un amigo, y Torres. La Policía fue a la vivienda porque, en principio, alguien hizo un llamado y dijo que en el lugar se oían ruidos y gritos. Al llegar, la mujer minimizó la situación. Una vez que los integrantes de la fuerza se retiraron, Cuello se irritó y le dijo que la quemaría a ella, sus hijos y la casa. (Continúa en página 32).



Franco Gerarduzzi.  Redacción Puntal Villa María

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