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La escuela como el lugar en que se generen “acuerdos de convivencia”

El subinspector general de la Tercera Región Escolar destacó que el comienzo de clases “moviliza y dinamiza” la vida pública y privada, y también reconoció que la tarea docente “nunca fue fácil”

El subinspector general de la Tercera Región Escolar, Raúl Padilla, destacó que “el comienzo de clases moviliza y dinamiza” la vida pública, la vida privada y la de cada persona en particular.

Admitió que ser docente “nunca fue fácil”, también ubicó a la escuela como el “lugar de cuidado de la infancia” y precisó que este año habrá un fuerte trabajo en los denominados acuerdos escolares de convivencia, como herramienta básica para “paliar algunas de las heridas de la sociedad que repercuten y terminan sangrando al interior de las instituciones”.

El diálogo con el funcionario, que tiene más de 35 años de docente, se dio apenas unas horas antes del inicio de un nuevo ciclo lectivo, para el que se renuevan expectativas y esperanzas.

Ser docente

“Ser docente nunca fue fácil, la historia te cuenta que hubo lógicas que atravesaron la docencia de acuerdo a cada tiempo. Ser docente es difícil, por más que los tiempos hayan cambiado. La sociedad le pone un halo casi místico a la escuela y cuando sucede un hecho muy fuerte en una escuela, un conflicto muy fuerte, renace en el imaginario de la gente aquello que subyace y es la idea de que estas cosas en una escuela no deberían pasar”, puntualizó ante la consulta sobre la tarea de quienes están al frente del aula.

Admitió que hoy “ese halo místico” no está vigente como entonces, pero reflota ante determinadas situaciones que se producen en los establecimientos educativos y ante los cuales sectores sociales reclaman que eso no debería pasar en ese ámbito, “como si la escuela fuese un lugar apartado del universo social, como si la escuela pudiese estar resguardada de los conflictos o heridas que tiene una sociedad, o de las grietas que la atraviesan”.

Agregó: “Son tiempos difíciles de construir autoridad, difícil es el vínculo con las diferentes familias, con aquellos niños que están sufriendo mucho, entonces ahí sí la escuela es un lugar de cuidado. Hubo un tiempo en que se debatía entre el cuidar y enseñar, la escuela hoy está para educar, como siempre, pero el cuidado es parte de la educación. El cuidado de la infancia no es una tarea extra del docente, el comedor no es una tarea extra, es parte del proceso de educación y formación porque así es la infancia que tenemos, que requiere muchísima protección y cuidado”.

La escuela como “el último lugar donde acontece el grito de resistencia” y, en estos tiempos, también el espacio para que “sea el lugar donde se generen acuerdos de convivencia, que se denominan acuerdos escolares de convivencia, es decir que la escuela tiene que ser un lugar habitable, no sólo en el sentido de la asistencia, de la pertenencia, de la identidad, de la construcción de subjetividades, también de un atravesamiento por lo menos afable de los sujetos, ser un lugar en el que se construya un espacio de felicidad para los adultos y los pibes, porque en ese lugar se puede educar, enseñar y aprender”.

Ratificó que este año habrá una focalización “en los acuerdos escolares de convivencia”, como punta para “paliar algunas de las heridas de la sociedad que repercuten y terminan sangrando al interior de las instituciones”. Aclaró que “no es un reglamento, acá se trata de construir convivencia. No son los 10 mandamientos de la institución, es la palabra de todos pero para construir y hacerlo realidad. Es algo posible para hacerlo realidad”.

Reconoció que será “una construcción lenta”, pero posible. Cerró: “El acuerdo de convivencia tiene aristas ríspidas para mucha gente que no está acostumbrada a negociar la convivencia, que tiene posiciones muy cerradas. Necesitamos una sociedad que construya acuerdos de convivencia”. Y la escuela está dispuesta a marcar el camino.



Mariana Corradini.  Redacción Puntal Villa María

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