Las investigadoras de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM) y el Centro de Investigaciones y Transferencia (CIT-VM), Laura Breser y Carina Porporatto, publicaron un artículo en la revista digital Ardea en el cual repasaron los avances alcanzados a partir de la vacunación en la erradicación de enfermedades en el mundo y la prevención de plagas infecciosas. En el texto aseguraron que los datos muestran claramente que “cuanto menor sea la tasa de inmunización de los miembros de una sociedad, menor es el control que se puede tener sobre la propagación de infecciones y se vuelve más vulnerable la inmunidad colectiva de una sociedad”. Por lo tanto, consideraron que las polémicas por la obligatoriedad de las vacunas encuentran respuestas cuando “la potestad de un acto individual tiene consecuencias severas en la salud pública de una sociedad”.
En tal sentido, precisaron que la vacunación “es un acto que se vincula con uno de los rasgos más específicos de la especie: la necesidad de vivir en comunidad”.
En diálogo con PUNTAL VILLA MARÍA, Porporatto explicó que con la vacunación se busca generar una respuesta del sistema de defensas con el que cuenta cada individuo. “Se trata de una respuesta específica a determinado microorganismo patógeno que va a generar una enfermedad para prevenir ante su desarrollo”, dijo. Así, las vacunas producen “moléculas como anticuerpos que bloquean a esos patógenos antes de que generen la enfermedad”, así se previene su desarrollo y, si lo hace, “se va a desarrollar en una forma más leve o atenuada y sin demasiadas complicaciones clínicas”.
Al ser consultada sobre el grado de efectividad que tiene este método, Breser aclaró que depende del tipo de vacuna. “Hay algunas que son más eficientes y efectivas que otras, pero la tasa en promedio ronda entre el 70 y el 80 por ciento”, aseveró. Sin embargo, en algunos casos muy puntuales las tasas de cobertura alcanzan el 100 por ciento. Con este tema ser relaciona la necesidad de dar refuerzos cada cierta cantidad de años “para que el sistema inmune vuelva a contactar con ese patógeno y recordar la respuesta que se montó, reconocer de manera eficiente al microorganismo y evitar que esos anticuerpos hayan olvidado al patógeno”.
También la efectividad “depende del estado inmunológico del individuo”, aclaró Porporatto. Asimismo, cuando hay tasas por encima del 95 por ciento se considera que las enfermedades están controladas. “Entonces –recordó Breser- si pasa mucho tiempo y no aparecen las enfermedades, las sociedades relajan la vacunación y la inmunidad del rebaño baja y comienzan a expandirse nuevamente esas enfermedades en poblaciones con baja coberturas con las consecuencias típicas que ello trae”.
Al ser consultadas sobre la libertad de decidir sobre la vacunación, las investigadoras respetaron la adopción de creencias personales, pero remarcaron que en este caso se debe discutir “el derecho a poner en riesgo la salud propia y la de su comunidad” y, si bien “es natural enfermarse y morir a causa de enfermedades infecciosas”, la vacunación protege de ello a la sociedad en su conjunto.
Existen diferentes vacunas para virus, bacterias y parásitos. Según las doctoras en Ciencias Químicas, lo importante es saber que “mucha gente no puede ser vacunada por prescripción médica, entonces si el resto de la sociedad no está vacunada la gente que está más propensa a esas infecciones, como los menores de dos años, los mayores de 65 o personas enfermas con patologías de base; son las primeras en enfermarse y las primeras en morir a causa de estas enfermedades”. En tal sentido afirmó: “si la sociedad se vacuna se genera un escudo para proteger a los más débiles”.
En este aspecto Porporatto remarcó que sin vacunación el Estado paga “el costo de tener una mayor cantidad de casos de individuos que desarrollan determinada enfermedad” y si se vacuna una mayor cantidad de personas “hay menos posibilidades de transmisión” porque quienes no pueden vacunarse están protegidos porque el entorno si lo está.
Cabe destacar que, a diferencia de lo que sucedió en el siglo XVIII, cuando el método era la observación (ver recuadro), en la actualidad las vacunas surgen del conocimiento del microorganismo y de saber qué mecanismos utiliza para generar enfermedades más agresivas. Así, se desarrollan vacunas a medida de un patógeno determinado.
Por otra parte, las investigadoras destacaron que Argentina tiene uno de los calendarios más completos del mundo con una gran cantidad de vacunas que son obligatorias y abarcan un gran número de patógenos. Además, resaltaron que la mayoría de las vacunas son gratuitas, entonces tener acceso y que no se apliquen “sería terrible” porque “la biología evolutiva se encarga de recordar” que en una sociedad “no se puede sobrevivir solos”.
La viruela y el origen de la inmunología
En el texto publicado por revista Ardea, Laura Breser y Carina Porporatto realizan un repaso por hitos históricos que llevaron a la inmuno-prevención de enfermedades. Allí recuerdan que “la Europa del siglo XVIII fue uno de los principales blancos” de epidemias por las cuales murieron cerca de 300 millones de personas. En ese contexto, la viruela “fue la impulsora de la primera vacuna” y su impulsor Edward Jenner, considerado “el padre de la inmunología”.
Según relatan las investigadoras, “Jenner observó que las vacas padecían una enfermedad que dejaba similares marcas a las generadas por la viruela en humanos. Las mujeres que realizaban el ordeño de estos animales tenían durante unos días las marcas en las manos y quienes desarrollaban estas marcas luego no se contagiaban con la viruela humana. A partir de esta observación fue cuando extrajo material de las pústulas de una vaca y se lo inyecto a un niño de 8 años. El niño generó fiebre durante unos días pero luego fue inmune a la viruela humana”.
A este método se lo llamó vaccinia o vacunación, por variola vaccinae o viruela en vacas.
Otro aspecto que destacan es la decisión de Viktor Zhdanov, viceministro de sanidad soviético en 1956, que llevó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) un programa para erradicar la viruela del mundo. En tal sentido expresan: “Los países se comprometían a forjar alianzas por las cuales se debía vacunar a todos los habitantes del planeta. El 8 de mayo de 1980, 24 años después del inicio del programa, la viruela se declaró oficialmente erradicada del planeta, convirtiéndose en la primera enfermedad infecciosa en ser eliminada de circulación”.
Rodrigo Duarte. Redacción Puntal Villa María
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En diálogo con PUNTAL VILLA MARÍA, Porporatto explicó que con la vacunación se busca generar una respuesta del sistema de defensas con el que cuenta cada individuo. “Se trata de una respuesta específica a determinado microorganismo patógeno que va a generar una enfermedad para prevenir ante su desarrollo”, dijo. Así, las vacunas producen “moléculas como anticuerpos que bloquean a esos patógenos antes de que generen la enfermedad”, así se previene su desarrollo y, si lo hace, “se va a desarrollar en una forma más leve o atenuada y sin demasiadas complicaciones clínicas”.
Al ser consultada sobre el grado de efectividad que tiene este método, Breser aclaró que depende del tipo de vacuna. “Hay algunas que son más eficientes y efectivas que otras, pero la tasa en promedio ronda entre el 70 y el 80 por ciento”, aseveró. Sin embargo, en algunos casos muy puntuales las tasas de cobertura alcanzan el 100 por ciento. Con este tema ser relaciona la necesidad de dar refuerzos cada cierta cantidad de años “para que el sistema inmune vuelva a contactar con ese patógeno y recordar la respuesta que se montó, reconocer de manera eficiente al microorganismo y evitar que esos anticuerpos hayan olvidado al patógeno”.
También la efectividad “depende del estado inmunológico del individuo”, aclaró Porporatto. Asimismo, cuando hay tasas por encima del 95 por ciento se considera que las enfermedades están controladas. “Entonces –recordó Breser- si pasa mucho tiempo y no aparecen las enfermedades, las sociedades relajan la vacunación y la inmunidad del rebaño baja y comienzan a expandirse nuevamente esas enfermedades en poblaciones con baja coberturas con las consecuencias típicas que ello trae”.
Al ser consultadas sobre la libertad de decidir sobre la vacunación, las investigadoras respetaron la adopción de creencias personales, pero remarcaron que en este caso se debe discutir “el derecho a poner en riesgo la salud propia y la de su comunidad” y, si bien “es natural enfermarse y morir a causa de enfermedades infecciosas”, la vacunación protege de ello a la sociedad en su conjunto.
Existen diferentes vacunas para virus, bacterias y parásitos. Según las doctoras en Ciencias Químicas, lo importante es saber que “mucha gente no puede ser vacunada por prescripción médica, entonces si el resto de la sociedad no está vacunada la gente que está más propensa a esas infecciones, como los menores de dos años, los mayores de 65 o personas enfermas con patologías de base; son las primeras en enfermarse y las primeras en morir a causa de estas enfermedades”. En tal sentido afirmó: “si la sociedad se vacuna se genera un escudo para proteger a los más débiles”.
En este aspecto Porporatto remarcó que sin vacunación el Estado paga “el costo de tener una mayor cantidad de casos de individuos que desarrollan determinada enfermedad” y si se vacuna una mayor cantidad de personas “hay menos posibilidades de transmisión” porque quienes no pueden vacunarse están protegidos porque el entorno si lo está.
Cabe destacar que, a diferencia de lo que sucedió en el siglo XVIII, cuando el método era la observación (ver recuadro), en la actualidad las vacunas surgen del conocimiento del microorganismo y de saber qué mecanismos utiliza para generar enfermedades más agresivas. Así, se desarrollan vacunas a medida de un patógeno determinado.
Por otra parte, las investigadoras destacaron que Argentina tiene uno de los calendarios más completos del mundo con una gran cantidad de vacunas que son obligatorias y abarcan un gran número de patógenos. Además, resaltaron que la mayoría de las vacunas son gratuitas, entonces tener acceso y que no se apliquen “sería terrible” porque “la biología evolutiva se encarga de recordar” que en una sociedad “no se puede sobrevivir solos”.
La viruela y el origen de la inmunología
En el texto publicado por revista Ardea, Laura Breser y Carina Porporatto realizan un repaso por hitos históricos que llevaron a la inmuno-prevención de enfermedades. Allí recuerdan que “la Europa del siglo XVIII fue uno de los principales blancos” de epidemias por las cuales murieron cerca de 300 millones de personas. En ese contexto, la viruela “fue la impulsora de la primera vacuna” y su impulsor Edward Jenner, considerado “el padre de la inmunología”.
Según relatan las investigadoras, “Jenner observó que las vacas padecían una enfermedad que dejaba similares marcas a las generadas por la viruela en humanos. Las mujeres que realizaban el ordeño de estos animales tenían durante unos días las marcas en las manos y quienes desarrollaban estas marcas luego no se contagiaban con la viruela humana. A partir de esta observación fue cuando extrajo material de las pústulas de una vaca y se lo inyecto a un niño de 8 años. El niño generó fiebre durante unos días pero luego fue inmune a la viruela humana”.
A este método se lo llamó vaccinia o vacunación, por variola vaccinae o viruela en vacas.
Otro aspecto que destacan es la decisión de Viktor Zhdanov, viceministro de sanidad soviético en 1956, que llevó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) un programa para erradicar la viruela del mundo. En tal sentido expresan: “Los países se comprometían a forjar alianzas por las cuales se debía vacunar a todos los habitantes del planeta. El 8 de mayo de 1980, 24 años después del inicio del programa, la viruela se declaró oficialmente erradicada del planeta, convirtiéndose en la primera enfermedad infecciosa en ser eliminada de circulación”.
Rodrigo Duarte. Redacción Puntal Villa María

