El fenómeno no es nuevo: los años mundialistas suelen funcionar como un acelerador del consumo tecnológico en Argentina. Pero esta edición tiene un rasgo propio. A diferencia de torneos anteriores, donde los modelos estándar concentraban la mayor parte de las consultas, los comerciantes describen un corrimiento claro hacia pantallas de mayor tamaño. La mayoría de los clientes que ingresan a los locales preguntan directamente por televisores de 65 pulgadas en adelante.
El segmento que más creció
Lo más llamativo es el comportamiento de los modelos de 75 y 85 pulgadas: según los propios vendedores, esos segmentos registran una salida inusual y muy positiva, algo que hasta hace poco estaba reservado casi exclusivamente a compras institucionales o pedidos muy puntuales. La búsqueda de experiencias más inmersivas para seguir los partidos desde casa explica, en parte, ese desplazamiento hacia las "pulgadas altas".
El mercado ofrece un rango de precios amplio. Los modelos de entrada, de 32 pulgadas, arrancan desde $200.000, mientras que los televisores gigantes de 98 pulgadas de gama premium se ubican entre $4.000.000 y $4.500.000.
El financiamiento, el motor de las ventas
Ante el peso de esas inversiones, las herramientas de crédito se volvieron indispensables para concretar las operaciones. Las cadenas de retail están apostando a la flexibilidad: las promociones bancarias conviven con créditos personales que permiten financiar los equipos en hasta 24 cuotas sin entrega inicial, lo que facilita que las familias renueven su pantalla justo antes del inicio del torneo.
El crecimiento en la demanda de televisores de mayor tamaño se replica a nivel nacional. Según un relevamiento de Clarín, las ventas de TV crecieron un 70% impulsadas por el Mundial, con preferencia marcada por los modelos superiores a las 55 pulgadas.