El incremento se reflejó especialmente durante los meses en los que se disputó el Mundial de Fútbol, cuando las apuestas se extendieron entre grupos de amigos, familiares y otros participantes a través de plataformas digitales.
Un informe elaborado por Voices! Research & Consultancy señaló que aproximadamente un tercio de los argentinos realizó apuestas, prodes o juegos de carácter social, informal o comercial durante el campeonato.
Dentro del grupo que apostó dinero, seis de cada diez personas fueron hombres, mientras que la mitad tenía entre 18 y 29 años, de acuerdo con los datos difundidos en el estudio.
El fenómeno también podría mantenerse una vez finalizado el torneo. Según la investigación, el 46% de quienes apostaron dinero considera que continuará haciéndolo durante los próximos meses, lo que anticipa una posible continuidad de la tendencia.
Los especialistas advierten además sobre la incorporación de menores de edad a estas prácticas. El análisis señala que, cuando los adultos participan de apuestas con dinero real, aumenta la cercanía de los menores con este tipo de actividad.
En este contexto, los expertos plantean que el crecimiento de las apuestas digitales podría continuar y generar, por un lado, mayores ingresos fiscales, pero también un incremento de los riesgos asociados al juego entre la población.
El impuesto a las apuestas digitales
La Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) aplica un impuesto sobre las apuestas y los juegos de azar realizados en el país mediante plataformas digitales, independientemente del dispositivo utilizado para acceder a ellas.
La normativa establece que el gravamen alcanza a las actividades realizadas a través de Internet, plataformas digitales y aplicaciones, siempre que se trate de servicios de naturaleza básicamente automatizada.
Las alícuotas pueden ubicarse entre el 2,5% y el 15%, dependiendo de las características del operador, su situación registral y las inversiones o el personal que tenga en el país.
El crecimiento de la recaudación, sin embargo, convive con una preocupación cada vez mayor por la expansión del juego online, particularmente entre adolescentes y jóvenes, y por la necesidad de fortalecer las herramientas de prevención y control.